21 FéV. 2016 La guerra del vino En el nombre de Araba Su decisión de abandonar la Denominación de Origen Rioja ha producido un terremoto con repercusión planetaria en el mundo del vino y Bodegas Artadi (Guardia, Araba) se ha colocado en primera línea de una guerra con aromas de viña y barrica. Juan Carlos López de Lacalle es el paladín de esta historia que aúna viñedos, sostenibilidad, diferenciación y defensa de la personalidad cultural de las tierras alavesas y del futuro de país. Todo eso que, ahora mismo, subraya, se diluye en el extenso mar del vino. Mertxe Aizpurua {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Hhabía anunciado su hartazgo. Y, tal y como dijo, Juan Carlos López de Lacalle inauguró 2016 con una sonora campanada. La salida de su firma, Bodegas Artadi, de la Denominación de Origen Calificada (DOC) Rioja retumbó más allá de las 60.000 hectáreas del territorio de la marca. El distintivo agrupa a vinos de todos los precios y calidades. Todo es Rioja. La nomenclatura no distingue de suelos, zonas, viñedos, tratamientos o sistemas de producción diferentes entre sí. López de Lacalle nos recibe en los dominios de Artadi en Guardia, localidad alavesa donde todo es viñedo y bodega y en la que, hasta donde le alcanza la memoria, son ya cinco generaciones de su familia dedicadas a la uva. El vino de su bodega goza de gran prestigio internacional. Galardonado en dos ocasiones con 100 puntos Parker, la máxima puntuación en una escala que es algo así como el oscar de los vinos, sostiene que la tierra es elemento determinante en la viña. En este sentido, el dueño de Artadi no tiene dudas: «Rioja es una cosa y Álava es otra». Para demostrarlo, muestra un mapa que clasifica las diferentes zonas de la denominación Rioja por el tipo de terreno: «Esto es Rioja –indica–. Suelo arcillo-ferroso y aluvión al 99%. Y esto es Álava: Suelo arcillo-calcáreo al 99%, entre dos fronteras naturales, el Ebro y la sierra cantábrica». Se refiere así al elemento que diferencia y dota de identidad al vino y que, en esta zona alavesa, a tenor de los expertos, adquiere características excepcionales. «La tierra es el elemento. No hay ningún otro. Sí, el clima influye en la calidad, pero ése es un factor variable. El suelo está ahí, es inamovible». Así pues, no es casualidad que estén aquí ubicadas tantas bodegas. «Nuestros abuelos y bisabuelos sabían dónde ponían las cosas. Nada tiene que ver un vino de Alfaro, Aldeanueva del Ebro o Logroño con un vino que se hace en la Rioja alavesa» Y, además, apunta otra cuestión, la de la mezcla: «Hay más vino que viene de fuera que el que se produce en Rioja alavesa. Cuando lo mezclas, ya no sabes lo que tiene. En la zona de Álava se producen 70 millones de kilos de uva pero se importan ochenta». Un modelo ligado a la tierra. Son múltiples razones las que han empujado a Artadi a salir de la denominación, aunque todas se entrelazan. Su modelo no es el que potencia la DOC Rioja, marca que encamina su actividad a aumentar la producción. Si en los años noventa la etiqueta Rioja sacó al mercado 90 millones de botellas, en 2015 se han llegado a vender casi 400 millones. Una apuesta, la de crecer en volumen, «absolutamente respetable y lícita» para el responsable de Artadi, pero que «es lo que es». Un modelo de negocio de éxito, pero «visto desde la perspectiva de la industrialización». Él quiere construir otro modelo, ligado a la tierra, a Araba, «y que también sea de éxito». «Más pequeño –define–, más personalizado y dirigido a la estructura familiar, al pequeño viticultor y a la pequeña bodeguera que inician con ilusión un proyecto».Recuerda que en julio de 2015 el Consejo Regulador de Rioja tomó la decisión de aumentar del 70% al 72% la posibilidad de transformación de uva a vino y, simultáneamente, aumentó el rendimiento por hectárea de viñedo. Más producción, en definitiva. Añade otro dato significativo: «El 1 de enero, la OCM (Organización comunitaria del mercado del vino) ha autorizado aumentar las plantaciones de viñedos en un 1%, con lo cual, acto seguido, el Consejo Regulador de Rioja decide plantar en esta denominación entre 1.800 y 2.000 hectáreas más todos los años». «Esto significa que en tres años en la DOC Rioja habrá 9 millones de litros más de vino o, lo que es lo mismo, 35,5 millones de botellas más». Apuntala que estas decisiones ya tienen consecuencias: «Hay grandes compañías que tenían acuerdos de compras plurianuales con viticultores y cooperativas, y ya les han dicho que hay que revisar los acuerdos. Y las revisiones serán a la baja. Esto está pasando ya y va a generar un empobrecimiento de la comarca». López de Lacalle no quiere entrar en la diatriba entre calidad y cantidad. «Que el toro decida, como dice el chiste; que decida el consumidor, que es al final el juez», sentencia. Él no seguirá esa senda: «Yo no quiero crecer imparablemente, porque en la medida que creces, pierdes cosas. El crecimiento te lleva a la globalización y pierdes identidad, que es lo que te diferencia». Por eso se ha ido de Rioja. «Nosotros nos vamos y hacemos nuestra guerra y nuestro planteamiento de negocio». Habla con apasionamiento, pero sin vehemencia. Y demuestra una especial habilidad en conducir el diálogo por los terrenos que quiere pisar. Como ha hecho con Artadi a sus 59 años, también en la entrevista marca su propio rumbo y vuelve a lo que le interesa, al futuro de la comarca en la que, según muchos, están algunos de los mejores viñedos del mundo. «En los años ochenta, aquí, en Álava, había en torno a 500 cosecheros. Hoy no somos más de 150. Y la razón de esta desaparición es la política de DOC Rioja. Antiguamente, con seis hectáreas, un viticultor que tenía sus vinos en Villabuena o en Lapuebla podía vivir. Hoy no puede. Necesita doce y con doce anda justo. La tendencia le lleva entonces a comprar otra viña, y otra viña, un tractor más grande… A mayor producción el mercado baja los precios y debes producir más para conseguir el mismo rendimiento que antes obtenías con menos. ¿Cómo se consigue? Trabajando más, aumentando la producción, haciendo sistemas de riego, planes hidrológicos y estructuras multimillonarias para poder regar, para poder abonar, para que, si la producción normal de un vino de calidad de toda la vida en esta zona era de 3.500 a 4.000 kilos por hectárea, ahora esté ya en 7.000». «Es decir –explica–, forzando la naturaleza a base de deteriorar el entorno, dando la espalda a lo que hoy es vanguardia, el cultivo de vino ecológico y biodinámico». A lo largo de los últimos años, en la búsqueda de un vino de la tierra que huya de la industrialización, Artadi ha ido decreciendo su producción. Si en una época llegaron a producir 1.200.000 botellas anuales, ahora se mueven en torno a las 350.000. Una senda opuesta al «camino de destrucción» que observa López de Lacalle en las viñas alavesas. Se duele de que en ese recorrido se pierdan valores como la viticultura sin riego, sin abonos, sostenible y ecológica, «que es lo que se ha hecho toda la vida», y lamenta que se pierda el sistema cultural del trabajo en el campo, con las formas de labrar o la poda en vaso. «No solo pasa en el cultivo de viñedos; ocurre lo mismo en la pesca, la ganadería o el sector lácteo. Ya no queda apenas nada de la estructura económica basada en el caserío. ¿Por qué? Porque viene un tío grande y otro y otro y, al final, barren. Lo que tú vendes a dos euros, ellos lo venden a 1,50. Así es como perdemos la identidad, perdemos la cultura, la historia, el nombre. Lo perdemos todo».Esgrime también el argumento de la historia y la reivindica para Araba. «Tenemos que creernos lo que somos. Y somos importantes en el mundo del vino». Nos lleva en un viaje hasta 1745, año en el que el fabulista Félix María de Samaniego escribe a su tío, el conde de Peñaflorida, y le comunica que Laguardia es excedentaria en vino. «En esa época no existía ni vino rioja, ni La Rioja, ni nada. Era Álava. Sólo Álava. Y en 1860 el diputado general de Álava, don Pedro Egaña, pone en marcha un proyecto para comercializar el vino alavés y no le llama Rioja, sino que utiliza el nombre de Médoc alavés». Lo de Rioja vendría mucho después.Está convencido de que fuera de la denominación se abre un futuro prometedor. «Los últimos de la fila tenemos la desgracia de ir los últimos, pero tenemos también la ventaja de saber por dónde van los primeros. Burdeos tiene 58 denominaciones de origen; Borgoña, 97; Italia tiene 2.400 apelaciones diferentes para sus vinos. Y aquí tenemos una para todo». Señala que es precisamente Italia, «el país que más micronizada tiene la oferta», el que más vino vende en Estados Unidos. Por el contrario, ve a la DOC Rioja «obsesionada con que solo sea una gran marca» algo que, según señala López de Lacalle, funciona, pero «no en el mundo de la calidad», donde un vino debe transmitir emociones e inquietudes. «Una hamburguesa no te dirá de nada –explica–, pero si te tomas un salmonete pescado esa misma mañana por los arrantzales de Getaria, eso genera una emoción y, buscando esa emoción, además, mantenemos vivo nuestro territorio». Descarta que una denominación específica de Rioja Alavesa que ahora pueda aceptar la DOC sea una solución. «En ninguna parte del mundo regiones vitivinícolas consagradas asocian el núcleo a la excepcionalidad. La excepcionalidad tiene su propio nombre, su propio recorrido y su propio proyecto de comunicación. Coges una botella de Petrus, y ahí no aparece Burdeos, aunque todo el mundo sabe que está en Burdeos». «La Rioja lo ha hecho bien; nosotros, no». Se refiere a las continuas inversiones públicas, en su mayoría del Gobierno de Gasteiz, para promover el consumo de vino alavés y que no han servido de nada: «Ahí están los datos; solamente el 10% del vino que hoy se bebe en Bilbao es alavés». Por de pronto, López de Lacalle ya tiene nombre y etiqueta en marcha: «Artadi, Viñedos Alaveses» es la leyenda que llevarán a partir de ahora sus botellas. Sin riesgo a multas como la que le impuso DOC Rioja por etiquetar con la referencia a Araba sus vinos. No se cansa de repetir la idea: «Álava es muy importante, en todos los aspectos. Cualitativamente, edafológicamente, climáticamente, como región excepcional e histórica, pero durante todo este tiempo Rioja ha actuado como si fuera la hermana pequeña, a la que le hacen el favor de estar dentro. Y –afirma, rotundo– es al contrario. Nosotros deberíamos haber sabido decirles que no, que los que están de favor son ellos». La pregunta surge casi automática. ¿No es la DOC Rioja la que lo ha hecho mal entonces? «No», responde. «La Rioja ha hecho las cosas bien, muy bien –remarca–, pero para ella y su modelo. Aquí, queriendo hacerlo bien, se han hecho mal. Se han destinado grandes presupuestos en publicidad, en estructuras y en subvenciones para promocionar Rioja Alavesa y, al final, lo único que hemos conseguido ha sido engrandecer la marca Rioja». Remacha con un dato del órgano europeo que subvenciona a instituciones con el 50% de las inversiones realizadas por éstas en el sector. «Este año, la OCM ha asignado 7 millones de euros para la promoción de Rioja a través del Gobierno Vasco. Desde aquí, desde Álava, con nuestros presupuestos, estamos apoyando una estructura de La Rioja. Nos estamos autofagocitando, nos estamos cargando nuestra propia identidad. Y la gente todavía sigue pensando que Rioja es un gran valor. Es un valor que nos diluye».Democracia y nacionalismo vitivinícola. Una de las críticas lanzadas al viticultor vasco reside en que no haya intentado cambiar la política de la DOC desde dentro. Lo considera imposible. La representatividad en la DOC Rioja está basada en el número de hectáreas y botellas que tiene cada bodega, con lo que el poder decisorio queda en manos de los grandes. A pesar de que los pequeños viticultores alaveses tienen el 20% del viñedo y representan el 40% del valor añadido, «de los doscientos votos, nosotros sólo tenemos cinco». Un sistema que López de Lacalle califica de «dudoso». «Si la democracia son las personas –observa–, esto no es democrático. Si la democracia es el número de botellas, entonces sí es democrático». «Nacionalismo vitivinícola» es otro de los dardos que se han lanzado contra Artadi. La alusión no le produce sarpullido. «Sí, puede ser un nacionalismo vitivinícola, pero para podernos proteger de una estructura que no deja a las personas expresarse». Responde con un «todavía no» al ser preguntado si otras bodegas alavesas siguen sus pasos. Pero está esperanzado y ve «normal» que no le sigan. «No es una crítica –matiza–. No me siguen porque son casi cien años de historia, tres o cuatro generaciones, y eso marca mucho. Está muy arraigado que la Rioja alavesa es nuestra, que esto hay que pelearlo y hay que sacarlo adelante, pero no se dan cuenta de que ya el solo hecho de que ponga Rioja no nos ayuda». Al apunte de que el prestigio internacional de Artadi supone para él un colchón que quizá otras bodegas no tengan a la hora de dar el paso de abandonar la DOC, López de Lacalle lo relativiza. «No es tanto. Hay colchón, pero es menos de lo que la gente cree». Y, para reafirmarse en que la marca Rioja no le aporta valor, relata algo ocurrido en la víspera: «A finales de diciembre un importador suizo nos pidió 150 cajas de viñas del año. Todavía estábamos dentro de la DOC Rioja y se lo enviamos. Se ha enterado de nuestra salida y ha pedido hacer un cambio, porque quiere el vino sin la marca Rioja. ¿Increíble? Pues es así».Considera que sus viñas tienen ahora argumentos más atractivos para el mercado. De hecho, las ventas han aumentado desde que abandonó la nomenclatura y, como ejemplo, cita las numerosas felicitaciones y apoyos que le han llegado del mundo entero, la decisión de un club de vinos que ha decidido incluir en el próximo lote para socios sólo botellas de Artadi, o el jubiloso «exciting» (excitante) con el que reaccionó la distribuidora inglesa Corney & Barrow al enterarse de la noticia. Poco después hizo un pedido de 40.000 euros a la bodega. Lo cierto es que la noticia ha dado la vuelta al planeta y Juan Carlos López de Lacalle ha sido entrevistado en los grandes medios de comunicación. New York Times, Fortune, Daily Thelegraph... Desde Shangai a Estados Unidos o Londres, no ha dejado indiferente a nadie. Entiende los temores de quienes queriendo salir de la DOC no se atreven a hacerlo, pero asegura que «están equivocados». «Es un miedo infundado. Nos hacen creer que si no estás dentro no eres nadie. Y eso no es así. Sales y empiezas a sentir que el mercado quiere la diferenciación, la especifidad, la identidad y la personalidad. Eso es lo que quiere el mercado, porque es lo único que emociona». Lo contrario –dice– es tener «un lastre para poder tirar de un vino que se llama Rioja en un país que es España, cuya credibilidad y calidad está puesta en bastante tela de juicio». «Te quitas todo eso y dices: esto es Álava. Esto es Artadi y esto nada tiene que ver con Rioja. Y funciona. Nos extraña, pero no debería extrañarnos. Lo que la gente quiere en este mercado es diferenciación e identidad. Si quieres vender a los grandes supermercados, no. Ahí tienes muchos vinos baratos, eso también es viable y honesto, pero ese no es nuestro negocio. Esa no es mi filosofía, y, desde luego, no es la manera de mantener una estructura familiar arraigada a la tierra. Y esto es lo importante, porque va a ser la vía para que las próximas generaciones tengan algo».Siente la responsabilidad personal de hacerlo y considera que se hace «un flaco favor» a sí mismo si no apuesta por ello. ¿Su sueño? Que estos 150 cosecheros se volvieran a convertir en 500 y que cada uno tuviera su historia que contar, con «su pequeña estructura familiar, basada en su trabajo y en su pasión». Y que lo que hoy se conoce como Rioja alavesa se revitalizara siguiendo la estela de otras zonas vinícolas. Pone como ejemplo Borgoña: «Allí potencian la pequeña estructura. Aquí , en cambio, viene una gran empresa y le ponemos una alfombra roja de subvenciones y ayudas. Todo son facilidades porque se piensa, equivocadamente, que esto va a revitalizar la comarca, y lo único que hace es empobrecerla y generar miseria. Y avasallamiento. Yo soy el grande, tú eres el pequeño. Ahora ponte de pie, ahora siéntate, ahora te pago 1.000 euros, luego 800, luego 300 y luego no te puedo comprar». Del silencio al agradecimiento. López de Lacalle no se equivoca en su percepción sobre los movimientos en el sector. La sombra de Rioja es alargada y, entre quienes se sumarían al camino emprendido por Artadi y rechazan la política de la DOC, no es fácil encontrar a alguien que quiera hablar. En este mundo en el que todos se conocen, la cuestión suscita recelo. «Si no hablo, acierto», nos dice un pequeño bodeguero. Son varios los que han declinado hacer declaraciones.Quienes apuestan por seguir en Rioja son más accesibles. En Covila, conocida bodega de Lapuebla de Labarca, no se plantean la salida de la marca. El gerente Pablo Sampedro no entra a valorar la decisión de Artadi, pero sí expresa la intención de Covila de permanecer bajo el paraguas Rioja. Resalta, no obstante, la necesidad de que se defina el origen del vino y se potencien diferenciaciones que delimiten claramente zonas, pueblos y viñas. Telmo Rodríguez, de la reconocida firma Remelluri, indica, desde el respeto a Artadi, que no seguirán su camino y considera que «el contexto requiere de un movimiento más colectivo». Constata que, efectivamente, hay una necesidad de cambio ya que «los mejores productores de nuestro país reclaman una revisión del sistema de denominaciones de origen que hoy ha quedado obsoleto y no defiende ni a los mejores viñedos ni a los productores más sensibles a la calidad». Recuerda que las denominaciones de origen surgieron a principios del siglo pasado en el Estado francés para proteger los productos excepcionales que nacen en lugares específicos y para protegerlos de los que «sólo pretenden sacar partido del nombre del lugar». Una vocación que no se sigue en el Estado español, donde, según señala el representante de Remelluri, «las denominaciones se han convertido en marcas que muchas veces se olvidan de su origen».Luis Cañas es otra bodega de prestigio ubicada en Villabuena. Juan Luis Cañas, responsable de la firma, califica la decisión de López de Lacalle de «valiente» y añade, además, que «ha conseguido una gran publicidad y le está yendo de maravilla». «Me parece fantástico –opina–. Nosotros seguiremos en Rioja. Estamos bien situados; tenemos una marca que nos ha costado mucho conseguir y hay mucha gente que trabaja con nosotros. No tenemos intención de dejar la DOC». El portavoz de Luis Cañas admite que para algunos puede ser un tema complicado. En cualquier caso, no duda en manifestar que hay algo que «las bodegas debemos agradecer a Juan Carlos [López de Lacalle]». Que su salida haya servido para sacar el debate en el Consejo Regulador y que el planteamiento de colocar la denominación Rioja Alavesa con el nombre del pueblo o de la finca esté ya sobre la mesa.El tiempo dirá cómo termina esta batalla en la que el bodeguero que ha osado salirse de Rioja ha dado el primer paso al frente. «Seguro que no es un camino fácil, pero es un camino para construir», remata al final de la entrevista. «Que Rioja siga su camino y que Álava inicie el suyo. Ese es el futuro y yo quiero poner un granito para que esta comarca tenga vida. Porque si no, se muere. O se muere, o nos la conquistan».