24 AVR. 2016 MIRADA ALMUNDO El rembrandt de los nuevos tiempos Jone Buruzko {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Podría parecer ciencia ficción, pero no lo es y menos en estos tiempos donde casi todo está supeditado a las nuevas tecnologías. El último Rembrandt es el retrato de un hombre del siglo XVII y se parece completamente a uno de esos rostros que el maestro holandés del Siglo de Oro inmortalizó hasta 1669, el año de su muerte. Ese tipo con bigote y perilla, sombrero negro y cuello blanco, que ilustra la fotografía de al lado, no ha salido exactamente de los pinceles del artista sino de la tecnología, que ha utilizado la inteligencia artificial y una impresora 3D para crear un cuadro de Rembrandt Van Rijn que parece auténtico, pero no lo es. Es un original, eso sí, y no una de las numerosas copias de uno de los autores más renombrados. Un clásico que visto lo visto mantiene el protagonismo a lo largo del tiempo por una razón u otra. Y es que en el último medio siglo, Rembrandt ha dado mucho que hablar. Dos años después de dar por concluido el Proyecto Rembrandt –un ambicioso estudio que duró 46 años, a través del cual se certificaron y catalogaron 340 pinturas como obras del maestro barroco, cuando algunas de ellas se habían atribuido a sus diversos ayudantes–, se ha abierto otro capítulo, el de ese retrato formado por 148 millones de pixeles basados en 168.263 fragmentos de los rostros plasmados por el pintor, trazos de nueva creación que no llevan la mano humana sino de un programa informático. En el proyecto, financiado por el banco ING, han colaborado un equipo de la Universidad Técnica de Delfit, Microsoft, la galería Mauritshuis de la Haya, y el Museo Rembrandt de Amsterdam, un trabajo en el que ingenieros, historiadores de arte, informáticos y expertos en el artista han invertido año y medio en aportar sus conocimientos para enseñar a un ordenador a pintar casi como Rembrandt, si eso es posible. El resultado se puede comprobar en la galería Looiersgracht 60 de Amsterdam, donde se exhibe estos días. Para algunos el Rembrandt por ordenador pasaría por un original en toda regla, como también puede ocurrir lo mismo con una buena copia, aunque este no lo sea. Pero jamás será un Rembrandt, porque el autor no lo imaginó, pero sobre todo no lo pintó, por mucho que la inteligencia artificial haya conseguido plasmar al milímetro las proporciones, los colores, las formas y hasta los defectos característicos del autor. El profesor Joris Dik, que ha dirigido el equipo de la Universidad Tecnológica de Delft, planteó la posibilidad de crear algo que se pareciera a Rembrandt ante la existencia de numerosos datos disponibles del artista de las luces y las sombras procedentes de obras de varias colecciones. Si en un primer momento se habló de una similitud sorprendente, de un gran experimento y de la unión del arte y la informática, sus detractores han empezado a sacarle fallos. «Qué farsa horrible, insensible, desalmada y sin gusto es esto de todo lo que es creativo en la naturaleza humana», sugirió hace unos días el crítico de The Guardian. El de The New Yorker Peter Schjeldahl ha ido más allá al asegurar que en una segunda mirada algo falla y «choca tras una tercera. Carece completamente de la personalidad de Rembrandt, es un actor actuando». Ernst van de Wetering, director del ambicioso Proyecto Rembrandt y uno de sus mayores conocedores, fue claro en su momento cuando le tocó certificar la autoría de los óleos del maestro. «Al gran público no le interesa tanto el arte. Lo que de verdad quieren saber es cuántos millones de diferencia hay entre un cuadro auténtico y otro que no lo es». La enésima polémica que envuelve al mundo del arte, por lo demás tan propenso a ellas, está servida y tiene además algo de inquietante y para muchos bastante de despilfarro. Rembrandt, considerado uno de los mayores maestros de la pintura barroca, el más importante en Holanda, además de un gran pintor fue también un buen dibujante y un magnífico grabador. Tuvo una vida de esas que se califican de intensas en las que gozó de la prosperidad y sufrió la adversidad. Nacido en 1906, a los 19 años ya había abierto su primer taller. La fama le llegó pronto, aunque murió arruinado después de sobrevivir a dos esposas y tener cuatro hijos para terminar enterrado en una tumba sin nombre. Ironías del destino, el autor de “La Ronda de noche”, tan nombrado por los siglos de los siglos, ha vuelto a ser noticia.