14 AOûT 2016 deabru beltzak Tambores de guerra en el teatro de calle Llevan veinte años en la calle, por lo que es probable que muchos de nosotros nos hayamos topado alguna vez con alguno de sus espectáculos. La noche, los tambores y el fuego son sus señas de identidad. ¿Pero cuántos saben que esta compañía es la más internacional del teatro vasco y que anda por el mundo actuando ante aforos de hasta 52.000 personas? Amaia Ereñaga {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Un bajo que a priori no se diferencia demasiado de los de alrededor y dentro, dos mesas de despacho con la imagen habitual de papeles a rebosar. Este de la empinada y bilbaina calle Prim no es el local de ensayo que una espera encontrar de un grupo teatral, aunque sí la sede económica y creativa de una compañía un poco rara avis en esto del teatro vasco. Vayamos por partes. Deabru Beltzak son Óscar Castaño Garbitxu y César Arroyo Ogara; ambos son productores, creadores de proyecto y música, directores artísticos y de interpretación, además de actores-músicos. O sea, cómicos de la legua en versión moderna. La compañía la completan en base a la necesidad de cada montaje con diferentes intérpretes. Con un montaje recien estrenado –“Su à feu”–, con el que celebran sus veinte años de andadura; y otro de grandes dimensiones –“Danbor Talka”–, una coproducción con los franceses Les Commando Percu con la que llevan girando desde 2014, el verano se presenta viajero para la compañía bilbaina. Para que nos hagamos una idea, ahí van unas cuantas fechas: julio lo iniciaron a lo grande en Londres –la pirotecnia que utilizan normalmente, aquí la multiplicaron por tres– en la clausura del festival de artes escénicas Greenwich+Docklands Internacional Festival; el próximo día 20 de este mes serán la principal atracción del City Festival de Leicester y el 2 de setiembre empiezan una gira que les llevará nuevamente por festivales ingleses... todo esto con “Danbor Talka”, un espectáculo que mueve a una quincena de personas. En paralelo andan «moviendo» “Su à feu”, un espectáculo de tamaño intermedio –siete actores– que estrenaron en Umore Azoka de Leioa y con el que acaban de confirmar su presencia en el Ansan Street Art Festival de Corea del Sur y en el Melbourne Festival de octubre. «Espectáculo no apoyado por el Gobierno Vasco». A los Deabru Beltzak les pide el cuerpo colocar esa frase en la publicidad de “Su à feu”. Sorprende, porque este debiera ser un año especial para la compañía, no en vano no son muchos los grupos que han sobrevivido a la criba de la crisis económica, que se ha cebado en las artes escénicas (subida exagerada del IVA de las entradas, reducción de los circuitos, instituciones que ya no contratan...). Pero es entendible el enfado que se percibe en su oficina, no en vano han recibido una mala noticia esta misma mañana: les han denegado una importante ayuda del departamento de Cultura de Lakua a la que optaban, de carácter bianual y destinada no a un espectáculo en concreto sino a fortalecer la parte empresarial de las compañías profesionales. «Llevamos ocho años detrás de esas ayudas, que antes se llamaban ‘consolidadas’ y que son las subvenciones destinadas a apoyar la estructura teatral. Una vez más nos las niegan, pese a que nuestros datos económicos son impresionantes y a que somos el grupo más fuerte de Euskal Herria, sobre todo a nivel internacional», se duele Garbitxu. Hay que explicar que subvenciones las hay –de hecho, Lakua apoya “Su à feu”, junto con otras instituciones y festivales–, pero en este negocio del teatro las compañías, esta especie de fábricas o empresas culturales, se ven obligadas a hacer fuertes inversiones que no se corresponden con la situación del mercado. Y este tipo de apoyos –410.000 euros a repartir en 2016, según reza la convocatoria– ayudan, y mucho. «Cuando Joxean Muñoz (el viceconsejero de Cultura) tomó posesión del cargo nos reunimos con él y le planteamos que la forma en la que funcionaba esto hasta ahora debía cambiar, que durante diez años ha habido diez grupos que han recibido por encima de un millón de euros, y de eso, aunque sea público y notorio, no se enteran ni el público ni los medios. Le pregunté que qué significaba la palabra ‘consolidada’ para él y no me respondió. Para mí significa que apoyas durante 4 o 5 años a un grupo y luego, que vuele y que demuestre que sabe sacar rendimiento al dinero público. No somos tantos los grupos profesionales y creo que hay pan para todos. Si repartes una subvención cada dos años, los que la reciban este año tendrán que mostrar los resultados el que viene y el año siguiente entrarán otros. Siempre he dicho que, para que no haya trampas, lo mejor es tener en cuenta las cifras directas: cuántas actuaciones has hecho, cuántos trabajadores tienes, lo que cotizas a la Seguridad Social y cuánto facturas al año. Se hace una regla de tres y ya está». Garbitxu sabe de lo que habla, no en vano es el presidente de la SGAE (Sociedad General de Autores) en la CAV. El quid de la cuestión está en que una parte sí se decide respecto a estos baremos, pero otra no. Garbitxu se explica: «El comité de valoración no debe de tener tanto poder: un parte de la decisión se basa en las cifras directas y otra gran parte, demasiado alta, queda en manos de un tribunal, a cuyos miembros puedes caerles bien o no, de eso depende. Son muy importantes las relaciones personales. ¿Y qué demonios tiene que demostrar Deabru Beltzak después de veinte años? Nos hemos presentado todos los años, aunque nunca esperábamos nada. Nos decíamos: ‘Somos autónomos y ya está’. Pero este año sí que lo esperábamos. Y otra vez estamos fuera. El teatro de calle sigue siendo la hermana menor». De Negu Gorriak a Les Commandos Percu. 1996, año en el que Negu Gorriak, el grupo de los hermanos Muguruza, anuncia su disolución. Año también en el que nace Deabru Beltzak, un grupo influenciado por los Negu y compuesto por un reducido grupo de jóvenes actores procedentes de grupos profesionales. Entre ellos estaban Garbitxu, que venía de Kukubiltxo; y César, de Panta Rhei. Querían hacer teatro de calle no para niños, que era a lo que indefectiblemente estaba unido este tipo de espectáculos, sino para adultos... y, además, aquello tenía que ser teatro de calle itinerante y rompedor. Serían unos títeres rock, como rezaba el título de aquel primer montaje, concebido a modo de concierto. De aquel experimento surgió “Les Tambours de Feu” (Tambores de Fuego), trabajo que combinó la música electrónica con los fuegos artificiales y la animación, y donde se sentaron las bases de lo que sería la «marca» Deabru Beltzak. Aquí también se puede decir que nació propiamente el grupo, con su participación en el Festival Internacional de Teatro de Calle de Lekeitio y en la Fira de Tàrrega, el gran mercado de artes escénicas que se celebra en la ciudad catalana. Ritmos repetidos, casi hipnóticos; personajes con una estética muy chocante y siempre en movimiento; uso de fuegos artificiales y efectos especiales para provocar imágenes dramáticas. Todo llevado directamente hasta las tripas. En “Les Tambours de Feu”, se arrastra al público a un akelarre dirigido por Aker y su grupo de percusionistas, y solo hay que dejarse llevar. Con este espectáculo han dado del orden de 800 representaciones en todo el mundo, desde América Latina a Cabo Verde, pasando por numerosos puntos de Europa... entre ellos, el Estado francés. ¿Pero por qué suelen titular sus espectáculos en francés? La razón está en que el Hexágono ha sido durante décadas la punta de lanza del mercado del teatro de calle, con gran número de festivales, facilidades para la producción teatral, y muchas y muy potentes compañías. «Antes era el país de referencia en Europa para el teatro de calle, aunque ahora está en crisis e Inglaterra es quien va por delante. Pese a todo, los dos festivales más importantes están en Francia: Châlon dans la rue y el Festival de Aurillac», explica Garbitxu. De hecho, para hacerse la idea de la proyección de Deabru Beltzak en el país vecino, solo un detalle: la compañía ha tenido su oficina de contratación y distribución en París hasta hace pocos años, hasta la jubilación de su manager, y ahora la ha trasladado a Toulouse. La conexión Toulouse-Bilbo es importante en esta historia, porque en la capital del Alto Garona tienen su sede Les Commandos Percu. Fuegos artificiales, percusión y espectacularidad son, a su vez, las señas de identidad de este veterano grupo liderado por Raymond Gabriel. Pese a la distancia geográfica que les separa, se podría decir que ambas compañías son primohermanas, aunque una, la francesa, está especializada en espectáculos más estáticos, y la otra, la bilbaina, en teatro itinerante. No es de extrañar que en 2013 recibiesen la propuesta de Dominique Beyly, entonces director artístico del Festival de Libourne, de que montasen un espectáculo para presentarlo en su certamen y en Lekeitio... pero ¿por qué, una vez hecho un trabajo de producción de semejante envergadura, no liarse la manta a la cabeza y girarlo juntos? Así, tras nueve meses intensos de preparación, nació en julio de 2014 “Danbor Talka”, una propuesta con título en euskara y subtítulo en francés, “Le Choc des Tambours”, coproducida por ambos festivales y el de Châlon-sur-Saône, así como el Centre National des Arts de la Rue de Brest. “Danbor Talka” es un gran espectáculo de calle a modo de kalejira enloquecedora que lleva al público hasta un escenario donde aquello estalla, entre tambores y fuegos artificiales. Para hacerse una idea, hay una versión para menos de 2.000 personas... y otra para más, hasta un aforo de 52.000 espectadores como el registrado en 2015 en Milton Keynes (Gran Bretaña) con motivo de los Mundiales de Rugby. Un gran número de líneas de pirotecnia, zona de seguridad, una grúa elevadora y un equipo de 15 personas, con un trabajo previo de preparación de once horas... su caché, sobre los 14.000 euros. «El fuego y la percusión van unidos por el latido que producen. Llegan directamente al estómago», explica Garbitxu en el documental “Jouer avec le feu”, de Maryse Bergonzat, un recomendable trabajo que se puede ver en Vmeo y en el que se sigue a Raymond Gabriel durante el proceso de creación de “Danbor Talka”. Un Gabriel para quien «jugar con el fuego es algo que nos devuelve a la infancia, es algo muy primario». Lo que cuesta hacer fuego. «Es cierto, nos hemos dado cuenta de que hemos creado una estética especial, una marca propia –nos reconoce Garbitxu–. Nos ha pasado que el público, sobre todo a nivel internacional, nos sitúa en un estilo concreto y, aunque hemos hecho intentos buscando otras fórmulas, como incluyendo danza, resulta difícil por cómo está el mercado. Además, la apuesta tiene que ser cada vez mayor. Por ejemplo, para ‘Su à feu’ hemos tenido 17 meses de preparación. Por un lado, porque es nuestro aniversario y hace mucho que no creábamos un nuevo espectáculo, y por otro, porque el mercado está cada vez más exigente. Además, cada vez hacemos espectáculos más exigentes en el aspecto físico. De verdad, terminamos descojonados. Hace poco nos llamaron de Francia para pedirnos dos espectáculos diarios durante cuatro días y les tuvimos que decir que no». No extraña, por tanto, que en veinte años de trayectoria solo hayan creado diez espectáculos –además de colaboraciones puntuales como con Donostia2016: se les llamó para reforzar el espectáculo inaugural de los puentes–, debido al esfuerzo que supone. Hagamos cuentas: “Su à feu” ha salido por 117.000 euros, de los que un 40% se cubre con ayudas públicas. No es barato porque para los ensayos con pirotecnia tienen que viajar 1.000 kilómetros –a Marsella, Bretaña y Libourne– a las infraestructuras que tan bien están preparadas en el Hexágono, como los 26.000 metros cuadrados de la Cité des Arts de la Rue de Marsella. Aunque les ceden el espacio, el grupo debe hacerse cargo del trasporte y la estancia. ¿Y no hay aquí algo más cercano? En Zorrozaurre saben de un espacio muy goloso, de propiedad municipal de 900x25 metros cuadrados. ¿Y qué es lo que necesitan? «Un gran espacio diáfano de por lo menos de 600 o 700 metros cuadrados». Lanzado está el aviso, por si a alguien se le ocurre una solución. Mientras, Deabru Beltzak siguen calle adelante.