28 AOûT 2016 Tras los pasos del último oso LA SENDA DE CAMILLE Temporada tras temporada, en los últimos años se ha incrementado notablemente el número de montañeros que recorren la Senda de Camille, que discurre por algunos de los paisajes más espectaculares del Pirineo Occidental. Hoy Camille ya no está, pero la ruta mantiene en la memoria al último oso pardo autóctono que sobrevivió en la cordillera. Luís Díaz y Jorge López/VisualNatura {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Aunque conocemos la existencia del oso en la cordillera Cantábrica y los Pirineos, el reducido número de ejemplares y el escaso contacto humano con este animal hacen que lo consideremos prácticamente como una «especie exótica»; un animal lejano más presente en otras tierras, un ser extraño que deambula por los bosques y parajes montañosos de lugares como América del Norte o el Cáucaso. Su existencia en la península la consideramos anecdótica. «Quedan cuatro» pensamos, aunque en realidad sean algunos más. La presencia del oso en la península, incluyendo la vertiente norte pirenaica, es muy escasa, pese a que en los últimos años ha mejorado notablemente en número de ejemplares. El carácter esquivo de estos animales y la dificultad para distinguir unos individuos de otros hacen muy difícil una cuantificación exacta del número de ejemplares. El método utilizado para calcular la población pasa por localizar hembras con oseznos, ya que desarrollan su actividad en territorios más limitados y es más fácil calcular las variaciones de población año a año. Si en la cordillera Cantábrica se estima que sobreviven unos 240 osos pardos autóctonos, la situación en la pirenaica es notablemente menos esperanzadora. La desaparición del oso pardo en estas montañas ha sido inevitable. La persecución humana sobre la especie ha perseverado en el tiempo, reduciendo los 200 ejemplares que, se calcula, existían a principios del pasado siglo y provocando la desaparición de la especie autóctona. En la actualidad se estima una población de entre 35 y 40 ejemplares, que tienen su origen en la reintroducción durante las dos últimas décadas de seis hembras y dos machos de origen esloveno. Una ruta circular de varios días. Con la muerte de Cannelle, la última hembra de oso pardo pirenaico, a manos de un cazador en noviembre de 2004, parecía que la especie se veía inevitablemente abocada a la extinción, ya que únicamente quedaban dos machos de oso nativos. El viejo Papillón murió con 29 años, de muerte natural, y así Camille se convirtió en el último oso pardo oriundo del Pirineo que seguía habitando sus bosques. Quien haya recorrido habitualmente las montañas y valles entre Belagua y Somport en los últimos diez o quince años es raro que no haya hablado u oído hablar de este animal en algún momento. Era el último representante de una especie que nos causaba admiración y, por qué no reconocerlo, un cierto temor. A fin de cuentas, era el único depredador que nos podíamos encontrar en el bosque que nos superase en tamaño. Finalmente, a Camille se le dio por muerto al no encontrar rastro de su presencia desde 2010, y así el último oso pasó a ser un recuerdo. En 2008, cuando todavía merodeaba Camille por los valles más occidentales del norte de Aragón, surgió la iniciativa de crear una ruta circular de varios días que recorriese los valles de Aspe, Ansó, Echo, Aragüés y Aragón. El objetivo de este proyecto era dar un impulso decisivo a la economía turística de estos valles, que en los últimos años recibían un número importante de senderistas y montañeros gracias al auge creciente de la práctica de estas actividades. Las desventajas de estos valles frente a los más orientales de Huesca y Catalunya, en lo que desarrollo turístico se refiere, es la escasez de infraestructuras invernales de esquí que mantengan la asiduidad de visitantes en los meses más fríos. Esto, que puede parecer negativo para la economía local en primera instancia, puede haber sido una bendición a la larga, ya que ha permitido superar los excesos del boom inmobiliario, que también afectaron al entorno de muchas estaciones de esquí, y mantener con mayor integridad el medio natural de estos valles. El modelo escogido no es nuevo; lleva mucho tiempo funcionando en Catalunya y lo hace muy bien. Dos claros ejemplos son la travesía de los Carros de Foc y la Porta del Cel, dos itinerarios circulares de varios días que recorren entre refugios el Parque Nacional d’Aigües Tortes i Estany de Sant Maurici y el Parc Natural de l'Alt Pirineu, respectivamente. En el caso de los Carros de Foc, la primera ruta creada de estas características, la iniciativa surgió en 1987 por parte de algunos guardas de los refugios de la zona, que decidieron realizar el recorrido entre los albergues en un solo día a modo de visita de cortesía. La idea se consolidó y se convirtió en una ruta habitual que han recorrido innumerables aficionados desde entonces, con el fructífero impacto que eso supone para las economías locales. Visto el éxito de estas iniciativas, y teniendo claro que el modelo podía funcionar en los valles del Pirineo occidental, se marcó un recorrido que permitiese atravesar a pie algunos de los parajes más bellos de esta región montañosa. Las etapas comienzan y terminan en distintos hospedajes: refugios, campings o albergues. De esa forma, el caminante puede completarlas de una manera cómoda y asesorada, aunque la ruta está bien definida y cada senderista puede emprenderla siguiendo las instrucciones de un profesional de la montaña o por su propia cuenta. El nombre del último oso elegida para «bautizar» la ruta resulta perfecto para unir los diferentes lugares del recorrido, ya que, a fin de cuentas, caminamos por sus dominios. Valle a valle. Este recorrido circular visita las cabeceras de los principales valles de la zona. Aunque el trazado propuesto no llega a pisar las cimas de las montañas que coronan los valles, en el camino se pueden encontrar varias opciones atractivas de ascensión a algunas montañas bien conocidas por los aficionados vascos. Donde comenzar el recorrido es una opción personal. La ruta está desarrollada de manera circular para facilitar la infraestructura en el transporte, el aprovisionamiento y la pernocta, y las etapas se determinan «oficialmente» entre refugio y refugio, pero el recorrido es perfectamente variable y se puede acondicionar a la experiencia, las condiciones físicas y las preferencias de cada cual. Igualmente se puede planificar personalmente y optar por otras opciones para pasar la noche, ya que en el camino también podemos encontrar algunos pequeños refugios libres abiertos o lugares de vivaqueo en enclaves excepcionales. El valle de Ansó, en la provincia de Huesca, es el más occidental del recorrido. Es bien conocido por ser el acceso a la ascensión más transitada al Hiru Erregeen Mahaia (2.446 metros) desde el refugio de Linza. Aunque se parte de este refugio, no se sigue el camino a esta montaña, sino que se camina a la sombra del Petrechema (2.371 metros) hacia la base de las agujas de Ansabere, cuyas paredes son viejas conocidas por los escaladores de varias generaciones. El collado de Petrechema da paso a la vertiente atlántica y a nuestros pies se abre el circo de Lescun, situado en el cantón de Accous, departamento de los Pirineos Atlánticos. El circo de Lescun está situado en un pequeño valle lateral, subsidiario del valle de Aspe. En la cabecera de este pequeño valle, una vez se ha descendido de los roquedos hasta los primeros prados verdes, se encuentran unas cabañas de pastores bien acondicionadas, ya que siguen habitándose durante la época estival, y que poseen anexos de uso libre. Esta zona tiene una tradición de pastoreo que se ha mantenido en el tiempo. Con la llegada del verano sube el ganado hacia los prados más altos, donde se encuentran las cabañas o bordas, y aquí aguantan la estación. La elaboración de quesos aporta ingresos extras a los pastores, que aprovechan el número de visitantes, creciente en los últimos años, para vender parte de su producción directamente. La parte más salvaje. Las zonas boscosas bajo estos prados hacen fácil comprender por qué esta fue una zona de esparcimiento natural del oso pirenaico. Un denso bosque de especies autóctonas guarda las faldas de estas montañas, poco transitadas la mayor parte del año, y en él es fácil sorprender a corzos y otros habitantes del bosque durante los meses posteriores al invierno. La ascensión desde aquí al puerto de Palo y el recorrido que une este último con el refugio de Arlet, manteniéndose cerca del eje divisorio entre vertientes, es con diferencia la parte más salvaje de esta travesía, la más inaccesible y, gracias a esto, la menos transitada. Caminando cerca de los límites del Parque Nacional de los Pirineos, sobre la misma cabecera del valle de Aspe, los pasos de la senda de Camille coinciden con los de la alta ruta de los Pirineos, la gran travesía que cruza la cordillera de mar a mar acercándose a sus cimas. De Arlet, enclavado junto al lago homónimo, se parte de nuevo hacia la otra vertiente, que se alcanza en el puerto de Somport, y de allí a buscar el ibón d’Estanés caminando bajo el Pico de Aspe y la cabecera del valle de Aragüés. Del ibón se asciende a un valle colgado, conocido como el Valle de los Sarrios, donde no es extraño ver ejemplares de este animal, y de aquí al refugio de Lizara, en la cabecera del valle de Aísa. Las dos etapas siguientes recorren terrenos bien conocidos por los aficionados vascos. De Lizara a Gabardito, el camino nos lleva bajo el Bisaurin (2.670 metros) hacia el valle de Hecho, en la misma selva de Oza. Y ya en la última jornada, se atraviesa el valle ascendiendo para cruzar la sierra de Alano, sobre Zuriza, y se desciende hacia Linza, completando la travesía. La Senda de Camille se ha convertido en una buena opción para pasar unos días caminando por bosques y montañas, pero hoy parece difícil que los pasos de algún oso discurran por esos mismos caminos. Las presiones sobre el medio natural son muchas y el oso es un animal grande que necesita extensas superficies boscosas para vivir. Esperemos que, al menos, su población actual se consolide y nos permita andar por estas montañas con la certeza de que nos encontramos en los territorios del señor de los bosques.