25 SEPT. 2016 songdo ¿La ciudad del futuro? Construida sobre un terreno ganado al mar en poco más de diez años, la ciudad de Songdo, repleta de rascacielos y edificios inteligentes, se alza como emblema del poder económico y tecnológico de Corea del Sur. ¿Pero es este el mejor aspecto que pueden ofrecer las ciudades del futuro? Carlos Hernández {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Songo International Business Disctrict (Songdo IBD) es una ciudad de 35 billones de dólares, inteligente y sostenible, que está estableciendo nuevos puntos de referencia para el desarrollo urbano». Así describen desde la web oficial a esta urbe ubicada a unos 60 km de Seúl, la capital de Corea del Sur. La historia de la ciudad comenzó en 2001, cuando una colaboración publico-privada formada por la empresa Gale International, su socio doméstico POSCO E&C y el Gobierno de Corea del Sur, a través de la Incheon Metropolitan City, decidieron construir un distrito de negocios en la bahía de Incheon, al lado del aeropuerto internacional. La idea era aprovechar el aeropuerto, considerado durante diez años (2005-2014) como el de mejor calidad de servicio del mundo y uno de los que mayor volumen de pasajeros y mercancías tiene, y crear una zona de negocios que potenciase la economía y que sirviese de punto de conexión en el nordeste asiático. Además, incluyeron tanto a la ciudad como al aeropuerto en la IFEZ (Incheon Free Economic Zone), una zona con tributación especial –especialmente baja se entiende– y una menor regulación pensada para atraer inversión extranjera y convertirse en un importante centro de negocios. Songdo fue concebida y construida como una Smart City o «ciudad inteligente», un concepto muy de moda usado para definir ciudades con soluciones tecnológicas para su desarrollo diario. Dispone de un centro de control, el U-City, desde donde se monitorizan y controlan los sistemas de transporte, vigilancia, servicios de información a sus habitantes... También tiene un sistema neumático de recogida de basuras y sus edificios presumen de ser sostenibles y reducir su impacto en el medio ambiente. Básicamente son ciudades que han adaptado las nuevas tecnologías para ser un poco más eficientes. No obstante, el concepto Smart City juega un papel mucho más importante en el marketing de Songdo. En un mundo donde el concepto de lo tecnológico está asociado a ideas positivas como modernidad, eficiencia o hasta sostenibilidad, el título Smart City ya tiene ganado ese plus de atracción, permitiendo avanzar posiciones en el mercado internacional, donde las ciudades «luchan» para atraer inversiones y visitantes. Prueba de ello lo encontramos en la misma web de la ciudad, cuyo contacto de prensa lo lleva la agencia TK/PR Public Relations, con sede en Nueva York. Una agencia de relaciones públicas que se dedica a vender a quien les contrate poniendo contenidos en emplazamientos editoriales que, tal y como ellos anuncian, «ayuda a sus clientes a dar a conocer sus productos, construir un reconocimiento de marca y una valiosa credibilidad de la compañía». Publicidad para vender ciudades y, por supuesto, para obtener beneficios. En 2005, el masterplan del proyecto, realizado directamente en los despachos de los promotores, estaba listo para llevarse a cabo y comenzó la construcción, convirtiéndose en una de las operaciones inmobiliarias más ambiciosas del mundo. Construido en un terreno robado al mar. El lugar donde se estableció la ubicación de Songdo formaba parte del frente marítimo de Incheon, una zona cubierta por el mar que fue recuperada a base de llenarla de tierra. En total, una superficie de unos 6 km cuadrados fueron cubiertos por unos 500 millones de toneladas de arena para establecer el asentamiento de la futura ciudad. Un inicio curioso para una ciudad sostenible. En 2009 se completó la construcción de una de sus principales atracciones: Central Park, que coge su nombre del famoso parque de Nueva York y ocupa un lugar destacado en la ciudad. También se construyó el puente de Incheon, que conecta con el aeropuerto y es el puente sujetado por cables más grande de Corea del Sur. Además, se inauguró una de las edificaciones singulares, el Songdo Convensia o centro de convenciones, que con un diseño cuanto menos llamativo cumple perfectamente con su función de «hito arquitectónico». Es un edificio moderno, de gran tamaño, diseño «innovador» y fácilmente reconocible que sirve para atraer la atención sobre la ciudad. Se trata de una forma de usar los edificios como reclamos publicitarios, algo que los promotores de Songdo utilizan intensamente. En esta línea construyeron en 2014 el Neat Tower (Northeast Asia Trade Tower), el rascacielos más alto del país con una altura de 305 metros y 68 plantas. Está ubicado al lado del centro de convenciones, justo frente a Central Park y dispone de un observatorio, viviendas, oficinas y un hotel de lujo. Otros de los hitos arquitectónicos son el rascacielos G-Pearl, ubicado en el otro extremo del parque, y el Tri-Bowl, un edificio de aluminio gris compuesto de tres espacios ovalados donde se ubica un museo. Justo al lado está el Compact-Smart City, otro museo centrado en este caso en mostrar los logros, las ventajas y la evolución de las ciudades inteligentes. Un espacio para vender la propia ciudad a sus residentes y visitantes, igual que hacen con el Observatorio del Puente, una construcción ubicada en la costa cuyo único interés es servir de mirador para ver el puente de Incheon. A estas atracciones arquitectónicas hay que sumarles el centro comercial NC Cube Canal Walk, el campo de golf Jack Nicklaus, el parque Sunrise Park y Hanok Village, una villa construida a imitación de las casas antiguas coreanas que alberga un hotel y restaurantes. Un auténtico parque temático del consumo salpimentado con bloques de edificios, espacios verdes y avenidas demasiado amplias. Pero, con todo, ¿cómo se muestran las calles y edificaciones de esta ciudad ante los visitantes? Llegamos a Songdo por primera vez en metro desde Seúl, al cabo de 37 paradas y más de una hora y media de viaje. Un paseo amenizado por los anuncios de cirugía estética que no paran de repetirse en las pantallas del tren –Corea del Sur es famoso por la cantidad de operaciones estéticas que se realizan–. El objetivo es atravesar la ciudad a pie para tomarle el pulso, así que optamos por bajar en una de las primeras paradas de Songdo, la estación Technopark de la línea Incheon 1, una zona pensada para la ubicación de empresas, con el edificio Get Pearl Tower como reclamo visual. El metro tiene una salida que da acceso directamente a este edificio, a un hall que está completamente vacío, al igual que la estación. La publicidad nos ha prometido unas buenas vistas desde el restaurante de la última planta de la torre y lo comprobamos desde su terraza: la ciudad se extiende a nuestros pies. La zona céntrica está prácticamente construida, pero en los alrededores quedan edificios en obras. El restaurante está vacío a excepción de algún camarero y en la terraza las sillas y mesas desmontadas comparten espacio junto a unas tiendas de campaña cuya función es difícil de averiguar. El lugar parece como si fuera el escenario de una película apocalíptica en la que prácticamente no queda rastro humano. Al salir de la torre, la sensación es la misma. Atravesamos varios edificios de empresas que no aparentan tener mucha vida, con sus parkings vacíos y alguna pista deportiva poco utilizada. Las avenidas tan grandes tampoco ayudan a transmitir una cierta sensación de humanidad o de contacto con los pocos transeúntes que nos cruzamos. Tampoco los -5º centígrados del invierno ponen de su parte en aportar algo de calidez al entorno. Antes de seguir nos refugiamos del frío en el único espacio que encontramos, una cafetería vacía donde el precio del café es casi igual de caro que un plato de pasta en un restaurante medio de Seúl. Todas las paradas que hacemos para calmar el frío durante los días pasados en Songdo han sido en restaurantes o cafeterías. No hay prácticamente ninguna opción de protección que no empuje al consumo en una ciudad donde los inviernos son muy intensos. En Central Park hay algo más de animación, aunque la sensación de soledad sigue siendo parecida. El parque está formado por un lago con un pequeño embarcadero donde alquilar barcas y varios espacios verdes. También se usa para pequeñas exposiciones o instalaciones de artistas, otro elemento que siempre queda bien a la hora de darle publicidad. La mayoría de edificios emblemáticos de la ciudad son visibles desde aquí. Además, está rodeado por una gran cantidad de rascacielos dedicados básicamente a viviendas. Calles vacías y edificios fantasmas. Las visitas al resto de lugares son bastante parecidas: centros comerciales cerrados o con muy poca gente, algún grupo de trabajadores o de jóvenes agrupados en las cafeterías y algún visitante que se asoma a los miradores de los edificios. El famoso museo Tri-Bowl también está cerrado y la torre Neat parece no tener visitantes. El único sitio donde encontramos más gente de lo normal es una pastelería que también sirve comidas para llevar. Las periferias de Songdo, donde se estaba construyendo más edificios de viviendas, parecen a su vez zonas fantasma, con parques deshabitados, calles vacías y carreteras muy poco frecuentadas. Ante este paisaje era imposible no acordarse de lo que dijo Jane Jacobs, la activista que luchó contra los grandes planes de renovación urbana en Nueva York durante los años 50: «Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste». Ciudades que nacen segregando. Acabamos la visita en el mirador del rascacielos G-Pearl, otra construcción prácticamente vacía cuya única finalidad parece ser la de albergar esta terraza que da la vuelta al edificio. La vista más llamativa la encontramos justo frente a Central Park, presidido por la torre Neat al otro extremo, y rodeado de rascacielos. Es uno de los mejores sitios para tomar conciencia de la magnitud de esta ciudad creada de la nada en poco más de diez años. Con este derroche de dinero y trabajo humano cuesta imaginar que a pocos kilómetros de aquí, cerca del centro de Seúl, todavía exista un barrio de chabolas como Guryong Village, poblado en su mayoría por gente mayor que no ha conseguido beneficiarse de la riqueza que ayudaron a crear. Y es que las ciudades inteligentes no han sido pensadas para los pobres. La inteligencia se ha puesto al servicio de la extracción de beneficios en operaciones inmobiliarias y, por su puesto, de la pobreza cuesta extraer beneficios. Por eso, no tiene cabida en estas urbes donde los alquileres y los precios de compra de las viviendas son inaccesibles para una gran parte de la población. Así las ciudades inteligentes como Songdo nacen segregando. Eso sí, con internet de alta velocidad en el metro y videoconferencias en sus colegios. Paradojas de las Smart Cities que hasta Hollywood vaticinó ya hace tiempo en “Demolition Man”, donde los ricos viven en una ciudad supuestamente idílica, mientras el resto de la población se ve confinada a las cloacas. Ya lo decía David Harvey en su famoso libro “Ciudades Rebeldes”: «La urbanización del capital presupone la capacidad del poder de clase capitalista de dominar el proceso urbano. Esto implica la dominación de clase capitalista, no solo sobre los aparatos del Estado, sino también sobre toda la población: su forma de vida así como su capacidad de trabajo, sus valores culturales y políticos así como sus concepciones del mundo». Veremos si la población de Corea del Sur consigue darle la vuelta y hacer suya Songdo, democratizando tanto el acceso a ella como su futuro diseño.