7K - zazpika astekaria
salvar lo salvaje

Los animales salvajes toman el puente colgante


Los animales salvajes captados por la cámara de Steve Bloom se han instalado durante dos meses bajo el Puente Bizkaia. Imágenes de elefantes o cebras peleando, un tigre esprintando sobre el agua, pingüinos en período de reproducción, osos polares con sus crías y demás representantes de la fauna invaden los alrededores del Puente Colgante. La emblemática construcción, que une Getxo y Portugalete, ha visto de todo; más desde que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad. Sobre su suelo se ha corrido un maratón; por su torreta se ha descolgado algún rockero… y este otoño se acerca a la selva, a la sabana y a sus habitantes de la mano de Steve Bloom, considerado uno de los mejores fotógrafos a la hora de retratar el universo animal.

Nacido en Johannesburgo en 1953, es hijo de Harry Bloom –el que fuera periodista y escritor sudafricano, además de activista anti-apartheid– y de la editora Beryl Gordon; y hermanastro de los actores Samantha y Orlando Bloom, que encontraron su lugar delante de las cámaras, mientras Steve lo halló detrás, más en la línea de sus progenitores ya fallecidos. Afincado desde los 70 en Inglaterra, residencia que compagina con Australia, el fotógrafo y escritor es sobre todo conocido por sus grandes exposiciones al aire libre. La que desde el 29 de setiembre acoge el Puente Colgante ya ha dado unas cuantas vueltas, aunque probablemente menos que su autor, que ha recorrido el planeta desde la selva de Borneo a la sabana africana, pasando por la gélida Antártida para transmitir la vida salvaje que capta con pasión en imágenes de gran formato. Hace falta talento, pero fundamentalmente mucha paciencia para atrapar la realidad de ese mundo tan impactante como tierno y a ratos incluso gracioso.

Joaquín Araújo es el comisario de esta exposición. Autor de un centenar de libros, miles de artículos y cientos de documentales, es además agricultor, silvicultor y naturalista convencido. Reside en la comarca extremeña de Las Villuercas –entre montañas y bosques, «y a 16 kilómetros de mi primer vecino»– y pone los textos en la muestra “Salvajes” y en el libro-catálogo del mismo título, también en los pies de foto de las tres imágenes de Bloom que hemos seleccionado para este reportaje. Araújo le considera «uno de los cinco fotógrafos más grandes de naturaleza de la historia. Es una de esas personas que da envidia sana porque ha estado en casi todos los sitios salvajes; en contacto con todos los escenarios todavía vivos y sanos del planeta y ha podido dedicar miles y miles de horas a hacer fotos. Y esta característica se puede apreciar en la calidad y en la variedad de esta exposición».

El naturalista madrileño ha elegido las 65 fotografías que cuelgan a ambos lados de la ría: «Es la parte más dura, aunque parezca la más sencilla. El proceso de selección es inenarrable. Tienes que mirar miles para elegir docenas y estar completamente seguro de que van a tener la calidad óptima para mostrarlas prácticamente en 2x2 metros». Divididas en siete apartados bajo sugerentes títulos, cada capítulo agrupa distintas zonas de la tierra o determinadas especies animales. Así en “Volar” se reúnen las aves; en “Océano Palpitante” se habla de los mares, y en “Qué es la vida”, “Hospitalario frío”, “Todo es horizonte”, “El bosque de la vida” y “Salvemos los infinitos rostros de lo viviente” se integra la propuesta conjunta de Bloom y Araújo.

Colocar estas imágenes en lugares urbanos induce a pensar, porque, como comenta el comisario, «nadie en su vida cotidiana ve un tigre siberiano, ni los orangutanes funcionando en plena selva de Borneo. Así que hay un llamamiento bastante subliminal pero muy contundente para decir que ese otro mundo, que está lleno de color, fuerza y movimiento, está ahí; que lo necesitamos, que es extraordinariamente atractivo y que esa es la historia de la vida. Dentro de lo salvaje también hay una desobediencia, un llamamiento a que no hay nada más salvaje que nuestra civilización y nada menos salvaje que lo salvaje», cuenta a 7k.

Un mundo en peligro. Al margen de ese viaje por la belleza, la muestra tiene otro propósito: tratar de llamar la atención sobre un mundo en peligro. «Es una forma de respeto, porque todo eso se está desvaneciendo. Probablemente el dato más estremecedor es que, a pesar del prestigio, del atractivo, de las miles de películas y documentales que se han hecho sobre estas cuestiones y de los millones que se han recaudado para la defensa del tigre, del orangután y las ballenas, la vida salvaje no hace más que retroceder en el mundo. El dato más contundente es que está al 50% que hace 40 años. Los grandes animales han quedado reducidos a la mitad».

Y es que algunas especies animales tienen fecha de caducidad, aunque sean insectos o artrópodos. «Los expertos consideran que estamos en la sexta gran extinción de la historia de la Tierra, con la peculiaridad de que ésta última está provocada por una de las especies del planeta», señala Araújo. Víctimas de «diversiones» tan amenazadoras como la caza o los intereses económicos, el escritor y director de cine sostiene que «en estos momentos la práctica de la caza es un peligro porque tiene perfiles poco aceptables. Un cazador si puede matar diez animales, mata diez, no deja cinco sin matar; entra dentro de lo impulsivo e incontrolable. De milagro quedan bisontes, gacelas, antílopes, elefantes… porque han sido tiroteados por esa erróneamente apasionada forma de entender la vida. ¡Qué se diviertan así…! Pero la caza mueve montañas, la practican los más poderosos y costará que mengüe».

Ya lo dice Bloom, quien ha visto de cerca los peligros que acechan a ese mundo que él retrata tan bien. «Cuando empecé a fotografiar animales salvajes me lo tomé con relativa calma, pues creía, ingenuamente, que tenía todo el tiempo del mundo para visitar las zonas vírgenes del planeta. ¡Qué equivocado estaba! La destrucción medioambiental avanza a un ritmo alarmante, y las consecuencias para el mundo natural son desastrosas. Así mi ansia de tomar fotos pronto se vio teñida por la certeza de que no había tiempo que perder». Y aporta pruebas de lo que afirma, puesto que en los últimos tiempos ha comprobado de cerca como el fuego, la sequía o las temperaturas extremas, por mencionar algunas de las causas, han arrasado la fauna y la flora de distintos lugares o han alterado los hábitos migratorios de determinadas especies.

Araújo va más allá. «No les da la gana de entender que cualquiera de las crisis que medianamente están en el candelero en los medios de comunicación como son la política, la social, la económica... son ridículas ante la crisis medioambiental. El status quo cree que el tema menor es que esté siendo alterado globalmente el funcionamiento del planeta. Como este no vota, ni va al supermercado les da igual. Esa es la dura y dramática realidad. Hay que respetar los elementos básicos», concluye.

Hasta el próximo 30 de noviembre esta exposición al aire libre y gratuita, organizada por la editorial Lunwerg y patrocinada por la Fundación AXA, está abierta diariamente de 10.00 a 20.30.