04 JAN. 2026 PANORAMIKA Cadena de trasmisión Vista general de «Abanto», primera muestra individual de Fernando Tinoco, que se puede visitar en la galería bilbaina SC Gallery hasta el próximo 30 de enero. (Cortesía de SC Gallery) Iker Fidalgo {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} No somos impermeables. Todo lo que acontece alrededor acaba conformando el contexto en el que nos desarrollamos como personas. Nos influye el lugar donde nacemos y nos criamos, el entorno en el que crecemos y todo lo que vivimos. Con la cultura, sucede algo parecido. Nuestra vida se plantea dentro de un marco que responde a tendencias culturales de una época. Nos atraviesan las formas de entretenimiento, la cultura popular, el consumo de productos audiovisuales o las maneras de acceder a determinados contenidos. A fin de cuentas, la experiencia vital se trata de armar la caja de herramientas que poco a poco vamos componiendo para ser capaces de leer y comprender el mundo que nos rodea. Es por eso que en la cultura en general, y en el arte contemporáneo en concreto, todo viene precedido de algo. Debemos abandonar la idea de originalidad única, de la pieza innovadora que viene al mundo sin depender de nada. Todo forma parte de un otro, de una cadena de transmisión que va generando según avanza la vida. Quizás lo más importante de la creación artística es pedirle que al final termine encontrando su lugar propio, que sea capaz de proponer un alto en un camino y convertirse en referencia para todo lo que venga después. Desde esta mirada planteamos nuestra reseña de hoy. Nos acercamos a la creación del joven artista extremeño Fernando Tinoco (1999, Badajoz). A finales del pasado noviembre, la galería SC Gallery de Bilbo inauguró su primera muestra individual en el espacio bajo el título de “Abanto”. Hasta el día treinta de este mes podemos sumergirnos en el imaginario propio y personal de Tinoco. Las piezas que presenta se acercan a la ilustración, a la animación norteamericana de los años treinta y las facciones y expresiones de los personajes nos suenan extrañamente cercanas. Imágenes o secuencias que podemos creer haber visto antes y que, sin embargo, son capaces de prender la chispa de nuestro interés. Con todo, el artista consigue desplazar estos códigos conocidos y compartidos por el público hacia un lugar propio. En ocasiones viajamos a rincones oscuros, algo tenebrosos o muecas ciertamente inquietantes. Los cuadros juegan con una estética forzadamente inocente pero, al mismo tiempo, adulta y certera. La destreza técnica de Fernando Tinoco nos propone piezas de diferentes formatos que presentan un resultado impoluto a pesar de ser realizados, mayoritariamente, con un material tan azaroso como el carboncillo. La exposición nos invita a formar parte de un lugar en el que se entrecruzan el humor y la narrativa desde la creación gráfica y de la mano de un creador que merece la pena conocer.