04 JAN. 2026 REPORTAJE FOTOGRÁFICO El Gran Museo Egipcio, «la cuarta pirámide» Tras dos décadas de obras, no exentas de contratiempos, el Gran Museo Egipcio abrió sus puertas el pasado mes de noviembre para convertirse en el museo arqueológico más grande dedicado a una sola civilización, la suya. Y es que este imponente recinto alberga unos 100.000 objetos de las 30 dinastías de los faraones. Reúne así parte de su propio patrimonio, demasiado repartido por los museos europeos. La colosal estatua de Ramsés II en el vestíbulo del Gran Museo Egipcio. (Ali Moustafa y Sayed Hassan Getty Images) Jone Buruzko {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} El Gran Museo Egipcio, GEM por sus siglas en inglés, fue inaugurado oficialmente el pasado 1 de noviembre en El Cairo. Conocido también como «la cuarta pirámide», por su forma triangular y por estar ubicado a solo dos kilómetros de las pirámides de Giza, las famosas Keops, Kefrén y Micerino, ocupa un área de 50 hectáreas para albergar una colección inmensa sobre el pasado de Egipto. En las imágenes, inauguración de un museo largamente esperado, que se había abierto parcialmente al público en octubre de 2024, y que desde el 1 de noviembre ha visto sus salas llenas. Junto a estas líneas, las pirámides de Giza vistas desde el nuevo edificio que goza de las ventajas de la alta tecnología. Uno de sus principales tesoros es la estatua de Ramsés II, figura de granito de 12 metros de altura y 82 toneladas de peso, que recibe a los visitantes en el atrio de entrada. La escultura de este faraón, que reinó hace más de 3.000 años, ha encontrado su sitio tras ser descubierta en 1820. Su peso le libró de acabar en el Museo Británico de Londres, así que pasó 130 años tumbada entre las ruinas de Menfis hasta que en 1954 lució en la plaza Bab Al-Hadid, frente a la estación principal de trenes de El Cairo, donde permaneció hasta 2006, cuando fue trasladada a Giza para evitar tanta contaminación atmosférica. Ahora es uno de los principales atractivos de este museo que tiene más alicientes con mucha historia y gran valor, por ejemplo, la galería dedicada a las 5.500 piezas de la colección de Tutankamon. El sarcófago cubierto de oro del niño rey y su máscara funeraria están allí, y con ellos el secreto de su muerte, ocurrida a los 19 años -para algunos al joven faraón lo mataron y para otros murió por enfermedad-. Pero también se incluyen obras que reflejan la civilización egipcia desde otro ámbito, el de la vida cotidiana, reflejada en panaderos o fabricantes de cerveza, y en otros aspectos como los bustos que muestran los peinados de las mujeres. Se prevé que esta instalación, que ha costado unos 900 millones de euros, con doce salas principales y capacidad para 4.000 visitantes diarios, atraiga a más de cinco millones de personas cada año. Y con esto el Gobierno espera que este museo ayude a mejorar la situación del país, reactivando una economía castigada por la deuda y la inflación. Una muestra de lo que se puede encontrar en el GEM, desde tumbas a estatuas gigantescas, pasando por áreas de almacenamiento abiertas a investigadores, laboratorios y talleres.