04 JAN. 2026 SALUD Guía para evitar algunos regalos nada apropiados El «skincare» es una práctica que, en teoría, ayuda a prevenir, proteger y preparar la piel ante las agresiones y a mantenerla en perfecto estado. Para ello, además de llevar una rutina saludable, se recurre a productos de todo tipo, desde cremas a desmaquillantes. Esa moda de adultos va llegando a las niñas, lo que es contraproducente y, además, no la necesitan. (Getty Images) Xandra Romero {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Resulta que tal y como está el mundo o, mejor dicho, las personas, he pensado que quizá sea más necesaria una guía de qué es mejor no regalar que lo contrario y habitual. Y es que estamos llegando a un punto como sociedad que es realmente preocupante. Recordarán que hace un par de años escribimos en esta sección en relación a un juego que se publicitaba para los más pequeños en estas fiestas, y que trataba de que, al comer hamburguesas, la tripa crecía y crecía hasta que explotaba… Fue denunciado por numerosos profesionales y organizaciones y, al menos, el anuncio fue retirado. Pues bien, la pasada semana asistía con verdadero asombro a la conversación entre dos compañeras de trabajo en la que una de ellas relataba cómo en el catálogo de una importante y conocidísima cadena de jugueterías había una sección para niñas en la que, como si fuesen meros juguetes inofensivos, aparecía una amplia selección de productos de skincare, es decir, de cuidados de la piel. Cabe destacar que no son solo juguetes de botes de crema que emulan los auténticos, que tampoco sería un juguete adecuado, pero no. Son auténticas cremas, serums etc., porque cada vez es más común ver niñas de 8, 9 o 10 años siguiendo rutinas de cuidado facial en redes sociales. Tanto es así que el marketing cosmético ha encontrado en las redes sociales y en la presión estética infantil un nicho de mercado perfecto. Como adivinarán, la piel de una niña no necesita nada de eso e, incluso, puede ser muy perjudicial. Su barrera cutánea está en pleno desarrollo; esto significa que es mucho más fina, permeable y sensible que la de una adulta, por lo que cualquier ingrediente puede causar irritaciones, quemaduras, alergias o alteraciones cutáneas graves. Pero el riesgo no es solo ese. El peligro también está en el mensaje que enviamos a nuestras menores: el de relacionar la belleza, la modificación de la piel, del cuerpo, para ser suficiente. Además, ¿cómo es posible que hayamos normalizado que una niña se compare con una adulta en lo que a estética e imagen se refiere?