7K - zazpika astekaria
MÚSICA

Sister Irene O'Connor


Hay discos que parecen desafiar su propio tiempo, obras que nacen en los márgenes más inesperados y que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en piezas de culto. “Fire of God’s Love”, publicado en 1973 por la monja australiana Sister Irene O’Connor, es precisamente uno de esos milagros musicales: un álbum que combina devoción y experimentación, folk espiritual y pulsos electrónicos primitivos, iluminado por una sensibilidad que resulta tan inocente como profundamente visionaria.

El disco fue concebido como una serie de canciones dedicadas a la reflexión interior y al despertar de la conciencia espiritual. Sin embargo, lo que podría haber quedado en un ejercicio estrictamente litúrgico, se transforma en algo mucho más singular. O’Connor compone y toca guitarras sencillas pero emotivas, añade un órgano eléctrico que parece salido de un sueño futurista y utiliza una caja de ritmos cuya cadencia maquinal convierte varios pasajes en anticipos insospechados de la psicodelia más minimalista. Todo ello coronado por su voz: un canto cristalino, sereno, que transmite una pureza que roza lo hipnótico.

Parte esencial del aura del álbum proviene también de su producción. La encargada de registrar y mezclar estas canciones fue otra monja, Sister Marimil Lobregat, cuya intuición técnica dotó al disco de un carácter adelantado a su época. Lejos de las grabaciones religiosas convencionales, “Fire of God’s Love” suena atrevido, íntimo y sorprendentemente moderno, como si ambas hubieran encontrado en el estudio un espacio liberador donde experimentación y fe pudieran convivir sin contradicción.

Esta reedición del sello Freedom To Spend -la primera autorizada desde 1976- permite redescubrir no solo la música, sino la historia que la sustenta. O’Connor comenzó su relación con la creación musical en 1953, cuando, recién llegada a un convento de Singapur, comenzó a trabajar con niños con dificultades de aprendizaje. Allí, armada con una guitarra y tres acordes básicos, transformó la enseñanza en un puente emocional: los niños respondían con una alegría que alimentaba sus composiciones. Fue una época de descubrimientos y pequeños gestos de valentía, como aquel día de 1965 en que, invitada por un padre de un alumno que trabajaba en una emisora local, acudió al estudio con su hábito puesto y grabó su primera canción original.

Para evitar conflictos con su congregación -«las monjas no hacían esa clase de cosas», diría más tarde-, adoptó el seudónimo de Myiriam Frances, bajo el cual el sello Philips publicaría varios de sus primeros trabajos a finales de los sesenta. Pero “Fire of God’s Love” sería su obra más emblemática, un álbum donde lo espiritual no está reñido con la experimentación formal, y donde la búsqueda interior se vuelve un ejercicio musical profundamente humano.

Hoy, medio siglo después, estas canciones siguen irradiando una luz propia. Una obra nacida en silencio y destinada, quizá sin quererlo, a trascender como uno de los tesoros más insólitos del folk espiritual contemporáneo.


Steve Gunn

El cantante y guitarrista estadounidense Steve Gunn lleva más de una década situado en la vanguardia del rock experimental y de raíz guitarrera. Tras una trilogía de aclamados álbumes publicados en el sello Matador, Gunn viajó a Chicago para grabar su séptimo trabajo de estudio bajo la producción de James Elkington, quien ya había dejado su sello en “The Unseen In Between” (2019). En su nuevo trabajo, el músico apuesta por un enfoque más depurado y esencial, donde las interpretaciones principales recaen casi por completo en él mismo y en Elkington. A este núcleo íntimo se suman aportes puntuales de Nick Macri, Hunter Diamond, Ben Whiteley y Macie Stewart, conformando un disco que respira cercanía, precisión y una calma luminosa que reafirma a Gunn como uno de los artesanos sonoros más finos de su generación.