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CENTENARIO DE B. B. KING

De recogedor de algodón a bluesman mayor

Se ha cumplido un siglo del nacimiento del guitarrista y vocalista B. B. King, que hacía cantar a su instrumento y convirtió en realidad el sueño de salir de la miseria casi esclavista para proclamarse como el mayor embajador mundial del blues. Extraordinaria trayectoria vital que se describe al detalle en una intensa biografía, reeditada para conmemorar el redondo aniversario.

B.B. King, tocando en Illinois en 1980. Paul Natkin | Getty Images

El pasado septiembre, Guillermo “William” Gutiérrez, cantante y guitarrista de los bilbainos Los Brazos, presentó un blues en los encuentros del colectivo donostiarra Club 44, destacando la idea de cómo una música tan bella emergió desde el atroz mundo del esclavismo. Que se lo pregunten a Riley Ben King, mundialmente conocido por B. B. King, que vino al mundo en el mísero ambiente de las plantaciones de algodón del sur norteamericano, trabajó desde adolescente como aparcero y luchó esforzadamente para introducir las gimientes músicas de sus gentes hasta en el Vaticano.

En la conmemoración del centenario de su nacimiento, la editorial Libros del Kultrum ha revisado y reeditado el libro “B. B. King, rey del blues. Ascensión y reinado de Riley ‘Blues Boy’ King”, publicado inicialmente en septiembre de 2023. Firma la enciclopédica investigación el periodista Daniel de Visé y, aunque hay al menos dos trabajos anteriores similares, es presentada como la primera biografía “completa y autorizada”.

El reportero norteamericano ganó un Premio Pulitzer en 2001 por su labor periodística y posee otros galardones especialmente por trabajos de investigación. Ha biografiado también a The Blues Brothers y al ciclista Greg LeMond.

CORAZÓN DE MISISIPI

Fue en septiembre de 1925 cuando Riley, hijo de Albert King y Nora Farr, nació en una pequeña cabaña de una plantación de algodón entre las poblaciones de Itta Bena y Berclair, en el corazón del Delta del Misisipi. Aunque con el esclavismo formalmente derogado, se vivía bajo la segregacionista “ley Jim Crow”. La exclusión racial se refleja en el relato de su vida desde la falta de datos biográficos exactos y la propia placa que indica el sitio de su nacimiento sería inexacta.

El padre, analfabeto, bebía demasiado y Nora se separó en 1930, se casó de nuevo y murió en 1935. El pequeño vivió con su abuela y bisabuela maternas, ambas exesclavas que le introdujeron en las músicas de su cultura indígena Chickasaw y del blues, y creció cantando en un coro góspel de la Iglesia baptista.

Perdió a la abuela en 1940 y con dieciséis años se enfrentó solo a la vida, aupado en la red de apoyo de sus gentes. La dispersión y movilidad iban a ser constantes en la vida de King, en medio de la llamada Gran Depresión.

 

Un joven B.B. King con una Fender en 1955. Gilles Petard - Redferns | Getty Images

PASIÓN DE ENAMORADO

Riley fue un escolar poco atento, lo que lamentó de por vida e intentó remediar acumulando libros didácticos. Le tiraban más las chicas y sobre todo el blues, que oía cantar en casa a su propio padre. Un primo músico, Bukka White, le inició en trucos instrumentales del género, aunque su primer héroe musical fue el reverendo Jane Davidson, que sermoneaba con una guitarra. Con su sueldo de aparcero adolescente compró una acústica, una armónica con soporte bucal y el “Método completo de acordes y armonía para guitarra”.

El instrumento de cuerdas le sedujo. «Estaba enamorado, nunca había estado tan emocionado. No podía quitarle las manos de encima. La cogía si me sentía solo, tenía ganas de hablar o algo me molestaba. Tocaba para sacar la rabia. Estuviera feliz, cachondo, enfadado o triste, mi compañera estaba ahí, dulce y disponible, reconfortante. Era un lujo increíble disponer de aquel instrumento para acariciarlo cada vez que me invadía la pasión, noche y día».

Su tía abuela “Mima” tenía un tocadiscos para vinilos de 78rpm y el entusiasta joven recreó con pasión cada riff o punteo y cada bending o estiramiento de cuerdas de pioneros como Lonnie Johnson, Blind Lemon Jefferson o T-Bone Walker. Y enseñó a la guitarra a “cantar” en su particular estilo solista: el vibrato y el fraseo de una sola nota, sin acordes. Las cuerdas “cantaban” una melodía o “imitaban” el llanto humano. Aunque sus actuaciones públicas fueron primero como cantante de góspel y a los catorce años debutó con los colegas de Elkhorn Jubelee Singers y después con Famous St. John Gospel Singers. Unas vivencias que le ayudaron a superar su tartamudez.

Asentado en Indianola, trabajó de mulero y tractorista, siempre con la intención de introducirse en el entonces vibrante mundo del blues. El nuevo género estaba aún dirigido casi en exclusiva a la población negra y había dado ya grandes artistas como las citadas primeras influencias de B. B, más Robert Johnson, Howlin’ Wolf o Charley Patton, entre otros muchos. Riley tuvo menos interés en cantantes femeninas pioneras tipo Bessie Smith, Ma Rainey o Sister Rosetta y otros brillantes nombres.

INSATISFACCIÓN

Tras averiar en mayo de 1946 un tractor de la plantación, huyó en autostop hacia Memphis y localizó a su primo Bukka, que solía actuar como bluesman. Empleado de soldador, el ambiente de la gran urbe obnubiló al joven que aumentó su kit bluesero con una “pastilla” metálica como micro para las cuerdas de su guitarra y un pequeño amplificador. Con el tiempo, King llamaría a sus guitarras “Lucille” en recuerdo de una actuación en la que dos borrachos pelearon por una mujer con ese nombre y desataron un incendio del que el guitarrista pudo salvar a su inseparable compañera.

A los 19 años se casó con Martha Lenton, de 14, sin conseguir descendencia, motivo mayor de su separación en 1952. Ella volvió a casarse con un pariente lejano de B. B. y tuvo siete hijos. El artista se enamoró de la menor Sue Carol Hall, que tenía ya un niño. Tuvieron que esperar a que cumpliera los 18 para que los casara el reverendo Clarence LaVaughn Franklin, padre de la futura estrella soul Aretha. De nuevo, sin descendencia. B. B. iría sumando durante su vida la responsabilidad económica de hasta quince descendientes de diferentes mujeres, pero sin pruebas de paternidad biológica.

Por entonces triunfaba el nuevo talento Muddy Waters con “I Can’t Be Satisfied”, y Riley, que entonces tenía veinticuatro años, sentía insatisfacción. «Por alguna razón, mi mente no se conforma con ser un marido modélico. Quiero tocar un instrumento. Pienso que hay algo ahí fuera, algo para mí. No sé qué hacer, pero no me quedo cruzado de brazos. Lo estoy buscando. Haré lo que haga falta».

 

El bluesman, en una fotografía tomada en el año 1960. King Collection-Avalon | Getty Images

CARA LIMÓN

La Beale Street de Memphis era un animado lugar y el entusiasta músico se pateó sus locales bajo diferentes nombres: Riley King, Beale Street Blues Boy, Blues Boy, Bee Bee King y por fin B. B. King, que debutó en disco con singles como “Miss Martha King”, en honor a su mujer.

Con sus peculiares maneras guitarrísticas, que abrevaban ya hasta del lap steel hawaino, y su potente voz de barítono para el desgarro o emotiva en lo baladístico, encabezaría la nueva hornada del género junto a Albert King, Willie Dixon o John Lee Hooker, un puente entre el blues rural y el urbano. Definía su originalidad en tocar «con pereza» y «sostener una nota como un cantante (…) conectar mi guitarra con las emociones humanas».

Su biógrafo señala que «experimentó con los potenciómetros y el amplificador para crear el cálido manto de zumbido feedback [acople])». Otro truco era pulsar una nota y girar la púa sobre la cabeza mientras sonaba, «como si el vibrato surgiera por arte de magia». De Visé anota también que «con cada nota que extraía de Lucille, la cara se le retorcía con muecas de éxtasis y dolor». Su primera mujer le llamaba Ol’ Lemon Face.

Consiguió un mánager y un grupo acompañante recorriendo garitos con una economía tan estrecha que a veces «la banda desenterraba lombrices y pescaba para subsistir». Desde 1951 grabó éxitos como “3 O’clock Blues”, “Every Day I Have the Blues” o “Sweet Sixteen”.

ZIGZAGS ESTILÍSTICOS

Estrenado en discos grandes con recopilaciones, el asentamiento artístico de Riley corrió parejo con sus desastres económicos. A finales de los cincuenta se arrimó al estilo vocal doo-wop con su temprana incursión en el pop “Please Accept My Love”, que triunfó en las listas. Y publicó “B.B. King Wails”, primer disco grabado como álbum en vez de la mezcla de singles de sus anteriores.

Inauguró los sesenta con “My Kind of Blues”, considerado «un disco esencial de un artista importante». A pesar de pisar terrenos estilísticos más rhythm & blues e incluso de crooner pop, no despegó comercialmente. Pero consiguió fichar por una compañía grande: ABC-Paramount.

En los sesenta, Chicago era el gran núcleo industrial a donde emigraba la mísera población negra sureña y, como describió el musicólogo Peter Guralnick, «el blues nació en Misisipi, husmeó un tiempo en Memphis y se estableció en Chicago, donde es probable que siga viviendo hasta el fin de sus días». B. B. grabó allí en 1964 “Live at The Regal”, testigo de su época como solista con una big band de apoyo.

 

B.B. King, en 1970, año de la publicación de «The Thrill Is Gone», durante una actuación en directo en Nueva York. Rayn Barnett-Michael Ochs Archives

BLUES DE OJOS AZULES

Tras décadas de entrega de los artistas blues sin conseguir apoyo masivo entre la audiencia blanca, la respuesta llegó del otro lado del Atlántico. Las nuevas generaciones tenían acceso al mercado discográfico y en Inglaterra surgió la primera fiebre juvenil por el sonido del Delta.

El amor por aquellos sonidos inspiró a nuevos músicos de blues eléctrico como Blues Incorporated o Little Boy Blue & The Blue Boys (nombre inspirado en “Blues Boy” de King), de los jovenzuelos Mick Jagger y Keith Richards. De allí saldrían nombres que protagonizaron una revolución sónica y estética: Rolling Stones (que tomaron el nombre de una canción de Muddy Waters), Who, Kinks, Cream, Bluesbreakers, Led Zeppelin y un exitoso etcétera. Aunque el éxito mayor lo acaparaban The Beatles, quienes no conocían el blues y bebían directamente del primer rock negro.

“Tomorrow Night” fue el primer single de B.B. King publicado en Inglaterra, en 1962, quien debutó en Gran Bretaña en 1969. Con el tiempo, reconocería que en aquellos días fue reciclando su viejo estilo, influido por discípulos jóvenes como Eric Clapton, Jimi Hendrix o George Harrison.

HÉROE DE LOS HIPPIES

En Estados Unidos, la juventud blanca rebelde se unía al combate de la nación negra por sus derechos y el blues-rock era la banda sonora de la revuelta hippy. Como gran representante de aquella cultura, B. B. llegó a tratar hasta con Martin Luther King, pero apenas se mojó en las luchas.

Su penetración en los ambientes rockeros blancos explotó en febrero de 1967 en el Fillmore de San Francisco. El guitarrista y grupo creyeron haberse equivocado de lugar cuando lo encontraron lleno de «melenudos blancos con camisetas teñidas (…), en una sala sin butacas, apelotonados, unos sobre otros».

Cuenta la biografía que «recibió la ovación mayor de su vida y los ojos se le llenaron de lágrimas. Su existencia cambió y los siguientes años fueron triunfales. Abandonó el marginal circuito chitlin para unirse a la fraternidad mayoritariamente blanca y masculina de la música rock».

 

En sus miles de conciertos y unas cincuenta grabaciones, partiendo del góspel, hizo incursiones en estilos como el doo-wop, pop, rythm and blues e incluso el crooner pop. Pero desde el principio ejerció sobre todo de máximo innovador del blues y, finalmente, mayor embajador mundial de ese género negro.

CONSAGRACIÓN

La discográfica ABC le publicaría en esos años hasta cinco discos y, tras telonear a los Rolling, aparecer en populares shows televisivos y actuar en Inglaterra, asentó su figura entre el público blanco y en 1970 la canción “The Thrill Is Gone” se convirtió en su gran emblema. Acabó consagrándose en Las Vegas, entrando en diversos negocios, incluida una cadena de clubes de blues, y haciendo publicidad para todo tipo de marcas.

Quien fuera humilde trabajador de plantación entraba en el olimpo del éxito, con una vida de derroche regida por su agenda “El Listín”, con docenas de direcciones femeninas, y una notable adicción al juego. Circunstancias que le lastrarían siempre en lo personal y en lo económico.

Fue invitado por presidentes en la Casa Blanca y George W. Bush le entregó la Medalla de la Libertad, acto que B. B. recordó así: «Para mí fue lo más parecido a Dios». Y siempre estuvo dispuesto a apuntarse a un bombardeo: colaboró en iniciativas imperialistas del Departamento de Estado en África y actuó en Rusia, China o animando a las tropas de ocupación israelíes en alguna base militar. Cantó villancicos a Juan Pablo II en el Vaticano y regaló reproducciones de su guitarra “Lucille” a todos sus anfitriones.

El municipio de Indianola le concedió la llave de la urbe, organizó una convención blues anual con su nombre y llamó a un tramo de la autopista 61, B. B. King Highway. La Universidad de Misisipi creó el primer archivo de blues del país para el que B. B., empedernido coleccionista, aportó más de siete mil discos.

En 1987, el exitoso grupo dublinés U2 le compuso la canción “When Love Comes to Town” y la colaboración catapultó al veterano artista. Como antes Clapton o los Rolling, esa segunda generación de discípulos europeos rendía cuentas creativas al maestro y empujaba su penetración entre el gran público blanco.

 

El músico afroamericano abarrotó la plaza de la Trinidad de Donostia en el año 2000. Jon Urbe | FOKU

AUTO PARODIA

En el siglo XXI y, desaparecidas figuras como Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Miles Davis o Ray Charles, B. B. King quedó casi como último icono vivo de su época musical. Acumuló unos cincuenta discos grandes, dieciocho premios Grammy y unos 17.000 shows en ochenta países diferentes.

Unos recitales que fueron cayendo en la auto parodia, con parones, largas peroratas y generosos repartos de púas de guitarra. No se levantaba de la silla y su dinamismo escénico decaía a la vez que el físico, con problemas de diabetes, artritis, visión y deterioro cognitivo.

El relevo joven lo protagonizaban guitarristas como Robert Cray o Stevie Ray Vaughan, pero su entorno se topó con que «era un hombre que no sabía parar». Celebró el 80 cumpleaños en 2005 con el nuevo trabajo de dúos “B. B. King & Friends: 80” y “One Kind Favor” fue en 2008 el último álbum de estudio. Su biógrafo opina que «B. B. y la banda se revolcaban en el desamor, la desesperación y el desastre, convirtiéndose en un más que apropiado canto de cisne».

«SE ACABÓ»

B. B. King visitó asiduamente nuestros eventos veraniegos. En 1979 fue el primer músico en llenar una sesión de Jazzaldia en el velódromo donostiarra, donde repetiría en 1984 y en 1990, en la sesión “Del Blues al Rock ‘n’ Roll” con Chuck Berry. En 1995 clausuró el festival en la plaza de la Trinidad, con el sureño Raimundo Amador de invitado en una unión de sus respectivas guitarras “Lucille” y “Gerundina”. Actuó también en el Festival de Jazz de Gasteiz en los años 1992 y 1994 y hay en redes un vídeo en abierto de TVE de ese primer encuentro.

El músico abarrotó la donostiarra plaza de la Trinidad en el año 2000 y su última visita fue en julio de 2011, con casi 86 años, inaugurando el 46º edición del Jazzaldia en la playa de la Zurriola, del que se despidió con el clásico espiritual “Where The Saints Go Marchin` in”. Un mes antes B. B. King había actuado en Londres y la grabación “Live at the Royal Albert Hall” sirvió, según se recoge en su biografía, «como broche final para su carrera discográfica».

Alargó su vida artística en conciertos decadentes y hasta “surrealistas” y un 3 de octubre de 2014, en House of Blues de Chicago, el ridículo hizo reaccionar a Boogaloo Bolden, director de la banda.

-Se acabó el espectáculo -le dijo a B.B.-. Estás acabado.

-De acuerdo -respondió B.B. vagamente-.

En camerinos, King reconoció: «No me encuentro muy bien. Oye, Boogaloo, llevas conmigo mucho tiempo, y nunca, nunca me has oído decir ‘se acabó’. Pues ya está. Se acabó». Desde entonces, vivió retirado y en caída definitiva de salud hasta morir en mayo, a los 89 años de edad.

Numerosa ha sido la lista de grandes creadores afroamericanos en la música popular sin reconocimiento masivo y amplia ha sido, en paralelo, la de artistas blancos que han triunfado saqueándoles su herencia. La trayectoria de King fue una de las más destacadas en romper esa invisibilidad, aunque con el permiso obligado de la sociedad e industria blancas.

Tras siglos de lucha por su dignidad, la nación afroamericana consiguió hitos como el fin de la esclavitud y de la segregación y el reconocimiento de sus derechos civiles. Aunque la discriminación racial sigue anidando en el alma colonial. Pero la resistencia cultural negra ha legado a la humanidad la belleza de su cancionero blues, con protagonistas tan señalados como el gran Blue Boy.