11 JAN. 2026 PSICOLOGÍA En el mismo paquete (Getty Images) Igor Fernández {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} A veces nos encantaría que las cosas fueran más lineales, que las causas y sus efectos estuvieran claramente presentadas en la vida social y emocional. Nuestra lógica narrativa, la manera en la que nos contamos las cosas, así se despliega: ‘A’ lleva a ‘B’ y ‘B’ lleva a ‘C’, por lo que podemos deducir lo que va a pasar a continuación en esa serie. En lo que al mundo exterior se refiere, sabemos que no solemos poder establecer linealidades y causalidades tan fácilmente cuando tratamos con asuntos complejos, que hay diversas variables intervinientes. Sin embargo, cuando nos miramos hacia dentro, esta realidad nos sorprende al tener pensamientos contradictorios, sentimientos alternos e incluso sensaciones cambiantes sobre un mismo tema. “¿Cómo puedo sentirme de forma tan distinta sobre esto en el mismo día?” o “He cambiado de opinión cien veces esta semana. ¿Qué pasa? ¿Qué no lo tengo claro?”. Y es que podemos llegar a entender como un error de cálculo, de razonamiento o incluso de “sentimiento”, tener esta experiencia ambivalente en nuestro interior y, en un intento de aplacar la desazón, nos presionamos a tener una respuesta (y no más) para cada planteamiento. Sin embargo, la alternancia quizá no sea solamente normal, sino también deseable, según las circunstancias. Ante situaciones complejas, tiene todo el sentido tener un procesamiento también complejo de las mismas, y es esperable que dicho razonamiento conlleve movernos internamente de un estado a otro, recorriendo “virtualmente” las diferentes facetas de dicha situación, y reaccionando coherentemente ante cada una de ellas, desplegando la emoción resultante, lo que nos permite “ponernos en esa situación” con nuestro cuerpo, no solo con nuestras ideas. Cualquier toma de decisiones, cualquier cambio relevante en nuestras vidas, no solamente se despliega como una idea nueva, sino como un “estar” en ese nuevo escenario, razón por la que recorremos los escenarios posibles “estando”, sintiendo. Y esto nos servirá. Nos servirá llegar a conclusiones distintas sobre las distintas facetas simultáneas de una situación para llegar a una conclusión; y nos servirá también sentir las emociones diversas antes de encontrar la paz. Si hemos perdido a alguien, nos servirá sentir la tristeza de echar de menos, el enfado por sentirnos impotentes o la alegría de haberlo tenido para conservar el amor que tuvimos. Y es que las realidades internas son multifacéticas y claro que vivimos verdades al mismo tiempo sobre la misma situación. Encontrar un trabajo que necesitamos puede ser una enorme alegría y una fuente de temor, al mismo tiempo. Amar a alguien puede hacernos pensar en el vínculo y en la libertad como antagonistas, pero como realidades inextrañables de la experiencia de amar. Quizá no estamos siendo incoherentes, quizá solo nos estamos explorando en las verdades que conviven, para decidir cuál va a ser nuestro nuevo hogar, internamente, en adelante.