25 JAN. 2026 PANORAMIKA Lo escultórico La Galería Carreras Mugica acoge la exposición «Alma de cántaro», del santurtziarra Alberto Peral, en la que se pueden ver obras como esta de madera de Guayacán y acero inoxidable realizada en 2025. (Cortesía de la Galería Carreras Mugica) Iker Fidalgo {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} En ocasiones es complejo describir cómo identificamos las diferentes disciplinas del arte. Si bien, a priori, parece fácil diferenciar entre escultura, pintura o fotografía, es muy habitual encontrar difuminados aquellos rasgos diferenciales de cada una. Con la escultura en concreto, es muy común que se toque con otros campos y que sus fronteras desaparezcan dando lugar a maneras híbridas de trabajar las obras artísticas. Si vamos de lo más general a lo más específico, podríamos asegurar que una obra escultórica es ante todo matérica. Posee cuerpo, textura y tridimensionalidad. Dicho esto, la escultura se muestra, se asienta o se planifica para estar situada en un lugar. A veces en un destino fijo y concreto, otras cambiante según la exposición, programación o muestra en la que es exhibida, pero siempre en relación a un espacio. Después, la obra podrá estar formada por varios elementos, poniendo en marcha un diálogo que es a la vez plástico, visual y espacial pues, según su colocación o intención, forman diferentes opciones de comunicación o tensión interna. Por último, la escultura puede expandirse hacia otros escenarios: puede ir colgada a pared, acercándose a resoluciones próximas a lo pictórico. Podrá engarzarse con lo arquitectónico, actuar como parte de una instalación en la que además intervendrán imagen y sonido, interactuar con una propuesta performática o hacer las veces de escenografía para una pieza de danza. La exposición que reseñamos hoy tiene como protagonista a Alberto Peral (Santurtzi, 1966). Artista licenciado en la Facultad de Bellas Artes de EHU y que completó su formación en el desaparecido Arteleku. Peral forma parte de una generación que desarrolló su trabajo a finales de los ochenta, coincidiendo con una expansión del ecosistema artístico de Euskal Herria. Peral ha recibido varias becas y premios, como el premio Gure Artea en 1966 o la Beca de la Academia de España en Roma en 2005. Su trabajo ha sido expuesto en lugares como el MNCARS, Sala Rekalde o Río de Janeiro. La galería bilbaina Carreras Mugica inauguró a mediados del pasado mes de diciembre la primera exposición del artista vizcaino en el espacio. “Alma de cántaro” es el título del proyecto que podrá visitarse hasta el día catorce del próximo febrero. La exposición está compuesta por varios elementos de resolución sobria y contundente. Materiales como el mármol, el hierro, la escayola, la madera, la cerámica o el latón componen un elenco de cuerpos que se relacionan entre sí. Las piezas se desarrollan con la sala. Desafían lo arquitectónico, interpelando la pared y lo estructural desde pequeños gestos que son interferencia y juego. Acabados sutiles y perfectos crean una armonía de texturas y formas en una serie de obras que funcionan con sentido de instalación.