01 FéV. 2026 IRITZIA Los lunes del capitalismo David Fernàndez Se las saben todas y, como Midas, lo convierten casi todo en oro, arrancado de cada suspiro, de cada vida y de cada metro cuadrado. Siempre a base de violencia extractiva, explícita o subliminal. Así es la ley de plomo y plata de todos los tiempos, según Stephen Miller, lugarteniente de Trump, con su pornográfica declaración aclaratoria con la que ha arrancado 2026: «el mundo real está gobernado por la fuerza y el poder: estas son las leyes de hierro del mundo». En esa crudeza, tal vez, hay algo de dolorosamente cierto. Reflujos y repliegues, en los tuétanos de esa brutalidad medra una realidad que cabría no olvidar: que la excepción histórica, a la luz de casi todos los contratiempos, es la durabilidad de los proyectos democráticos ante la voracidad de los carroñeros. No sabrán latín, vale, pero de la chistera de los simulacros sacan siempre de todo. Se han inventado el Black Friday, el scroll infinito y, en enero, el Blue Monday, el día -dicen- más triste y taciturno del año. Si en el viernes negro excitan la euforia para consumir a lo loco, en el lunes azul exprimen la depresión para lo mismo. Del fuego, venden el humo. Todo bajo parámetros occidentales, claro está, para ubicar el día más gris del año en el tercer lunes del año: por lo visto, los buenos propósitos de cada nuevo año ya se han esfumado, las deudas navideñas han quemado la vida a crédito y se ve que hace hasta frío en invierno, qué cosas. Por lo visto, el psicólogo a sueldo que inventó ese lunes azul se desdijo hace tiempo del producto y reconoció la finalidad puramente mercantilista para que la máquina no pare nunca. Nació a fin de colocar, en el austero enero, viajes exóticos, ansiolíticos salvíficos, dietas milagrosas y gimnasios de rebajas. Algo casi idéntico sucedió con el inventor de la novedad infinita dactilar, ese scroll inacabable que nos secuestra la atención y la neurona vía pantalla: abjuró pronto y se espantó del invento antes que lo engullese. Hoy lo denuncia. Porque pasan las modas y quedan solo las ruinas. Gato por liebre y vidas de alquiler, siempre intentan colarnos su último gadget estúpido. Pero siempre cabe desobedecer, no caer en la trampa y andar otros caminos porque, como rezaba una vieja pintada: «no odies los lunes, odia el capitalismo»; no hay que equivocarse odiando la convención del primer día de la semana. Simplemente cabe odiar el capitalismo cada vez que llama a la puerta. Y darle tantos portazos como sepamos. Parafraseando a Italo Calvino en “Las ciudades invisibles ” -donde sugería saber identificar qué era infierno y qué no-, vale la pena y la vida detectar qué es mercado y qué no en nuestras cotidianidades. Y a lo que no, como territorio liberado, cuidarlo, darle tiempo, espacio, cuerpos, suspiros y metros cuadrados. Que la tristeza no la dará nunca un aleatorio lunes de enero, sino un sistema caníbal más que predecible y previsible. Gato por liebre y vidas de alquiler, siempre intentan colarnos su último gadget estúpido. Pero siempre cabe desobedecer, no caer en la trampa y andar otros caminos porque, como rezaba una vieja pintada: «no odies los lunes, odia el capitalismo»