19 AVR. 2026 SALUD El cerebro cavernícola en la alimentación El cerebro cavernícola está relacionado con las estructuras cerebrales de la prehistoria, cuando los mecanismos de supervivencia estaban preparados para la huida, la lucha, detectar el peligro, en definitiva, ser más instintivos. Quizás haya que tenerlo en cuenta a la hora de hacer dieta. (Getty Images) Xandra Romero El concepto de cerebro cavernícola, en términos generales, se refiere a la persistencia de mecanismos cerebrales arcaicos (amígdala, instintos de supervivencia) adaptados para la prehistoria. Pero, en lo relativo a la alimentación, a la nutrición y al cómo procesa nuestro cerebro los cambios alimentarios, ¿qué sabemos? En un contexto alimentario, el cerebro cavernícola hace referencia a la parte de nuestro cerebro que se encarga de las funciones cotidianas de nuestro cuerpo como mamíferos más que de que podamos pensar, hablar, etc. Mantiene nuestra temperatura corporal, nuestra digestión, la presión sanguínea, el ritmo cardíaco, las hormonas sexuales y, de alguna manera, nuestras reacciones animales frente a los cambios del ambiente. Entonces, ¿cómo entiende y, sobre todo, actúa nuestro cerebro cavernícola cuando nos ponemos a dieta? Cuando nuestro cerebro cavernícola detecta que no estamos comiendo lo suficiente, ya sea en cantidad o en tipo de nutrientes, lo que entiende es que estamos frente a una situación de emergencia como una hambruna. Y, como hemos dicho anteriormente que su función es hacer que como mamíferos sobrevivamos, activa una serie de mecanismos que justamente nos llevan a sobrevivir a esa “hambruna” y lo hace a través de una estrategia metabólica para conservar energía y recuperar el peso perdido. ¿Cuáles son estos cambios? En primer lugar, disminuye la tasa metabólica basal para quemar menos calorías. Lo hace disminuyendo esas funciones básicas que hemos enumerado al principio: ralentiza el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, deja de mantener la temperatura corporal, a las mujeres se nos retira el periodo, etc. Hacer una dieta restrictiva, como lo son la mayoría, pone en modo supervivencia nuestro cuerpo y cerebro. No mejora la salud, si no que puede empeorarla. Conviene que lo recordemos ahora que ha llegado la primavera, se acerca el verano y empiezan muchas operaciones “bikini”.