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SALUD

Estigma de peso pediátrico

Los adolescentes y los niños y niñas que presentan sobrepeso u obesidad pueden llegar a sufrir baja autoestima, cierto aislamiento e, incluso acoso, exclusivamente por su físico. Nuestra sociedad debería de estar mejor preparada para afrontar estas situaciones y fomentar la educación en valores, la educación nutricional y la empatía, en lugar de permitir este sufrimiento.

(Getty Images)

Apesar de haber hablado en este espacio sobre el estigma de peso como concepto y de haber abordado sus consecuencias, siempre lo hemos hecho pensando en la población adulta; sin embargo, un consenso reciente de pediatras ha puesto el foco en los más pequeños y en cómo se produce y afecta el estigma de peso en esta población.

Los niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad son habitualmente estigmatizados en relación a su peso corporal, lo que, además de las graves consecuencias sociales, supone un obstáculo para el éxito de los tratamientos contra la obesidad. Y es que no se nos debería olvidar que los niños y adolescentes son particularmente vulnerables a las consecuencias negativas del estigma del peso y que estos prejuicios, estereotipos y preconceptos relacionados con el peso representan una amenaza para la identidad social de los niños y adolescentes que lo sufren.

Estos comportamientos a menudo se deben a la percepción común de que el estigma del peso motiva a los niños a adoptar comportamientos más saludables. Esto es algo que también parece salpicar a los profesionales de la salud que atendemos a esta población, pero nada más lejos de la realidad. Sin embargo, lo que la evidencia existente sugiere es que, lejos de “ponerle las pilas a nadie”, el estigma del peso provoca efectos negativos a largo plazo y graves consecuencias para la salud física y mental de los niños y adolescentes, que pueden persistir hasta la edad adulta.

En este sentido, pediatras, enfermeras y dietistas-nutricionistas infantiles, entre otros, desempeñamos un papel fundamental en la protección de los niños frente a los riesgos de este estigma de peso. Por eso, no deberíamos decirle a un niño o adolescente cosas como que pesa mucho, que debe adelgazar o que debe hacer dieta, como tampoco prescribírsela. El trabajo debería de orientarse en la educación nutricional y de hábitos de vida saludable del entorno familiar, entre otros aspectos.