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ARKITEKTURA

Dar forma a lo común

Las plazas son parte importante de la vida de los habitantes de pueblos y ciudades, lugares de encuentro y de descanso para la comunidad. El proyecto de la Plaça Aguilar de la localidad catalana de Navarcles, llevado a cabo hace un año por VORA Arquitectura, reactiva este espacio para su uso.

La Plaça Aguilar de Navarcles, en la actualidad. (Adrià Goula)

En los centros históricos que han perdido población y actividad cotidiana, intervenir sobre el espacio público pasa por reconstruir el soporte para que la vida urbana vuelva a suceder. La arquitectura deviene, en estos casos, una forma de reactivar la dimensión colectiva.

El proyecto de la Plaça Aguilar de Navarcles, proyectada por VORA Arquitectura y construida en 2025, se inscribe en una estrategia municipal más amplia para regenerar el núcleo de este municipio de la comarca del Bages, en Barcelona. Como ocurre en tantos otros pueblos que han visto desplazarse progresivamente los usos urbanos hacia los crecimientos periféricos, el proyecto devuelve al centro un ámbito para estar, encontrarse y reconocerse.

La plaza se sitúa frente a Ca l’Aguilar, edificio patrimonial convertido en equipamiento municipal, y establece con él una relación deliberadamente contenida. Los bordes mantienen la continuidad material de las calles de adoquín de hormigón y encintados de granito, mientras que el centro se singulariza mediante una superficie de hormigón coloreado y rugoso, donde el árido queda expuesto. Una arquitectura casi mineral que no busca imponerse, sino dar al lugar una condición reconocible.

Fuente de una de las esquinas de la plaza. (Adrià Goula)

Dos jardineras organizan el espacio, resuelven el límite físico frente al vehículo a la vez que sus límites habitables se convierten en bancos, gradas y apoyos para un ágora. Cuando una plataforma se transforma en escenario, zona de juego o lugar de reunión, la plaza deja de ser un vacío entre edificios para formalizar una infraestructura cotidiana de usos cambiantes.

Quizá sea en el agua donde se encuentre una de las operaciones menos visibles del proyecto. Una fuente resuelve una de sus esquinas, completando la topografía urbana. La vegetación, un nogal de gran porte, dos arces y diversos estratos de herbáceas, se incorpora a las jardineras con una capa de profundo suelo fértil. El sistema recibe el agua de lluvia mediante un drenaje invertido que permite almacenarla y mantener húmedo el sustrato, con rebosaderos para los episodios de saturación. El paisaje se convierte en una infraestructura ambiental y climática.

La propuesta ha recibido en 2026 el Premio de la Casa de la Arquitectura, promovido por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, en la categoría ES_COHESIÓN. El jurado destacó precisamente su capacidad para dignificar el espacio mediante una lectura atenta de la estructura urbana y vegetal.

Una arquitectura cuya mayor virtud es entender que la regeneración urbana no siempre exige grandes gestos, a veces basta con devolver sombra, agua, verde y un lugar donde sentarse. Hacer plaza es, en el fondo, restituir las condiciones para generar comunidad.