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AZKEN PUNTUA

Misma soberbia, mismo fascismo


Lo que más indigna cuando se descubre un caso de corrupción política es el cinismo de los corruptos. La prepotencia con que hablan en las instituciones y ante la prensa. La imagen de ciudadanas heridas en su inexistente dignidad tiene el impacto de una bofetada en la inteligencia del pueblo que, además de pagar sus sueldos, tiene que sufrir su intolerable autoritarismo. Se pasean por el tráfico de influencias, el soborno, el fraude y la prevaricación, como si estos delitos estuviesen incluidos en el protocolo de gobernar y en los deberes de la gestión pública. Como si la corrupción y la deshonestidad formaran parte de sus obligaciones más sacrificadas. UPN y el Gobierno de Nafarroa son expertos en este teatro. Desde el episodio del cobro de las dietas y el escándalo económico de la CAN, la señora Barcina y el Ejecutivo que preside han estado en el filo de la navaja de la corrupción y, sin embargo, no han dejado de exhibir ante Nafarroa la misma soberbia y el mismo fascismo que doña Carmen Polo cuando vaciaba las joyerías de Euskal Herria sin pagar un duro. Con el caso de la consejera de Hacienda del Gobierno Foral (que maniobró para librar a clientes de su asesoría fiscal de una inspección de Hacienda), a Barcina se le agota el tiempo de las joyerías con la convocatoria de elecciones o la sombra de una moción de censura que apoyará Bildu. «El mayor error político no es la corrupción, sino ir con Bildu», se apresuró a declarar el ministro español de Justicia. «Navarra es estratégica para España», afirmó el de Interior. «Yolanda, tienes que tener fortaleza para defender de verdad Navarra», animó Rajoy. «UPN es un partido fuerte», contestó Barcina. ¿Habrán olvidado que Franco murió en 1975?