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Capriles inunda Caracas pero elude dar detalles sobre su programa social

«Ustedes juzguen quién está en el proceso de cambio y quién enfermó en el poder, porque el que hoy está en Miraflores defraudó al pueblo venezolano». Henrique Capriles, candidato de la oposición de Venezuela, cerró ayer su campaña en Caracas con un discurso en el que llegó a incluir referencias al cáncer que padece el presidente Hugo Chávez.

Un momento del mitin de Henrique Capriles. (Leo RAMÍREZ/AFP)

El acto de cierre de campaña de Herique Capriles constituye la mayor exhibición de fuerza de los grupos congregados en torno a la Mesa de Unidad Democrática, que engloba a todo el antichavismo. La avenida Simón Bolívar, escenario emblemático de las grandes marchas, congregó a cientos de miles de personas. La habían anunciado como la «marcha del millón» aunque, a última hora, ni siquiera los medios afines se atrevían con los datos. No obstante, resulta innegable que la de ayer fue la mayor manifestación opositora que se celebra en los últimos años.

El momento estelar se dio alrededor de las 14.00 horas (20.30 horas en Euskal Herria), con la llegada al escenario de Henrique Capriles. Sin embargo, el centro de Caracas amaneció colapsado desde primeras horas. En zonas como Chacao, la zona más pudiente de la capital venezolana y donde los carteles de apoyo al aspirante derechista dominan por mayoría absoluta, las marchas comenzaron desde las 9.00 horas (15.30 horas en Euskal Herria). Desde ocho puntos diferentes, los opositores comenzaron una larga caminata que confluyó en la Simón Bolívar, donde llegaron las distintas columnas. La gran arteria central de la capital venezolana se quedó pequeña, ya que muchos de los asistentes tuvieron que permanecer en las calles aledañas. El próximo jueves, a tres días de la cita con las urnas, Chávez repetirá mitin en un escenario que ya ha reventado en otras ocasiones.

«El 8 de octubre no hay pueblo derrotado. Los derrotados serán los violentos. Ayer (por el sábado) la violencia cobró la vida de tres jóvenes, algo que nunca ha debido pasar, quiero decirle a nuestro pueblo en Barinas, el 7-O vamos a derrotar la violencia en Venezuela”. Como era de esperar, las primeras palabras de Capriles fueron en recuerdo a los tres militantes opositores muertos a tiros el sábado durante una caravana en Barinas. Eso sí, el candidato de la derecha evitó relacionar a los seguidores bolivarianos con las muertes, pese a que muchos de sus fieles han señalado directamente al propio Chávez. Esta fue la única referencia a un incidente que ha tensionado una campaña que, hasta el momento, se mantenía prácticamente en calma. Según se informó ayer, al menos una persona había sido arrestada en relación con el homicidio. Un acto que el presidente venezolano  también lamentó durante un acto celebrado en Cabimas (estado de Zulia). Allí, Chávez abogó por la “batalla de votos e ideas” y no por la violencia.

«La ideología es superar la pobreza, tener empleo y acabar con la violencia, eso es lo progresista», insistió Capriles, exgobernador del Estado de Miranda.

Los mensajes lanzados ayer fueron claros: insistencia en el cambio, presentándose como la novedad frente a un mandatario que acumula 14 años en el Gobierno; enumeración de los principales problemas que aquejan a los venezolanos y un rechazo matizado del proceso bolivariano. En este punto, Capriles ha optado por reconocer algunos de los logros de la revolución, como las misiones, que promete mantener en el caso de hacerse con la victoria. Estos guiños son interpretados como un intento de presentar un perfil progresista que se aleja de la tradición política opositora pero que trata de ganar adeptos entre las clases populares. A pesar de esta estrategia, Capriles elude desvelar su programa social y económico, que cubre con eufemismos como «soluciones a los problemas».

Como única promesa práctica, el candidato del MUD prometió ayer que entregaría «títulos de propiedad» a los venezolanos que se benefician de una casa por la ‘Gran Misión Vivienda Venezuela’, un programa lanzado por el Ejecutivo que ofrece pisos a las personas con dificultades económicas. No explicó cómo lo haría. Además, prometió poner fin a las expropiaciones y a lo que él definió como «política al servicio de un partido. ¿Qué es lo que ha traido el socialismo del siglo XXI?», se preguntó, confrontando esta idea con la de «unidad» que asegura representar.

De puertas adentro, Capriles cargó contra la inseguridad, una de las grandes preocupaciones de Venezuela. Hacia afuera, cuestionó la política exterior del gobierno de Miraflores, asegurando que «se acabaron los regalos», en referencia a las alianzas estratégicas de Venezuela con países latinoamericanos como Cuba. «Quiere salvar el planeta», afirmó, tratando de ridiculizar uno de los puntos incluidos dentro del programa bolivariano. «Yo utilizaré los recursos para ayudar al pueblo», auguró.

En realidad, el discurso de Capriles constituyó el calco de la imagen proyectada durante toda la campaña: bajo perfil ideológico y apelación al turnismo, presentándose como renovación juvenil. Y un intento por identificar la «unidad» como antónimo del proceso bolivariano que, según su coalición, «divide» a los venezolanos.

El principal éxito del candidato está en haber logrado insuflar ánimos y cohesión a una oposición tradicionalmente rota por dentro. Gracias a esta figura, las diferentes familias unidad por el antichavismo tienen por primera vez la expectativa de poder superar a un presidente invicto. Esto explica el entusiasmo de un público que recibía entregado cada una de las palabras de Capriles. Ataviados con camisetas amarillas, rojas y azules (y la gorra con la bandera de Venezuela, que fue cuestionada por el Consejo Nacional Electoral por usar la enseña nacional para hacer propaganda de un partido), los seguidores de la oposición coreaban cánticos como «Chávez, de pana, te queda una semana», en referencia a la fecha de las elecciones, previstas para el próximo domingo, 7 de octubre. El ambiente, eufórico, evidenciaba que los fieles Capriles no contemplan otra opción que no sea la victoria. Y eso, a pesar de que la mayoría de encuestas pronostican una reedición de la victoria del candidato del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV).