Finales Manomanistas, de cuando la realidad puede superar la ficción
Los juramentos ante la Biblia de los Atano o la renuncia de Gallastegi en 1953, muestras de un torneo con soluciones de todo tipo.
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Por comparación con cualquier otro deporte actual, la decisión de que un semifinalista eliminado pueda ser repescado para disputar la final puede resultar chocante, y de hecho supone una novedad también en esto de la pelota, pero un repaso a la historia del Manomanista ofrece desde aplazamientos de hasta seis meses como en 1998, hasta episodios más lejanos como los de los Atano en los 40 o la renuncia de Gallastegi en 1953 que darían para guión de película.
El 27 de setiembre de 1942 quedó grabado en la historia de Azkoitia y de la pelota, cuando Mariano Juaristi (Atano III) y su hermano Jose María (Atano VII), de ocho años menos, se midieron en Gros. Para evitar suspicacias, ambos tuvieron que firmar el siguiente documento antes de la final. «Juro ante Dios poner en el partido de pelota concertado con mi hermano, en el que hemos de disputarnos el título de campeón de España, todas mis facultades, mis energías y mi voluntad más firme de vencer para lograr el triunfo de tan deseado galardón. Y para que conste, firmo este juramento en San Sebastián, a 6 de junio de 1942». Atano III ganó 22-5.
Dos años después, Atano VII volvió a conseguir plaza de finalista, pero los empresarios de la época no querían otra final fratricida e idearon una especie de triangular con Felipe. El getariarra perdió ante los dos hermanos de Azkoitia y como Atano III ganó con mayor diferencia de tantos, conservó su txapela.
El rebelde Gallastegi
No le va a la zaga el «Caso Gallastegi» de 1953, uno de los más polémicos de la historia de la pelota muy bien recogido y documentado en el libro «La pelota según Miguel Gallastegi», de Luis Aranbarri, Amatiño.
Habitualmente, siempre se ha hablado de desavenencias económicas como motivo de la renuncia del eibartarra, pero la historia tiene mucha más miga. Tras haber vencido a Akarregi en la final de 1951, disputada en Bergara, a Gallastegi le tocaba defender su txapela contra Barberito I, que era el pelotari que se ganó el puesto en la final, tras eliminar en semifinales al propio Akarregi, obligado a jugar sin estar plenamente recuperado de una lesión.
En un ambiente enrarecido por el pobre nivel de juego de la semifinal, Gallastegi –que ya se había ganado el apodo de rebelde por una huelga que comenzó con otros cinco pelotaris y en la que terminó solo, teniendo que buscarse la vida en frontones de Ipar Euskal Herria– puso dos condiciones para jugar la final.
La primera era relativa a la fecha, pues solicitó que se jugara a partir de octubre, a fin de evitar los calores estivales. La tradición le avalaba, su título anterior lo había conseguido en diciembre y en 1948 él mismo accedió a la petición de Atano III para disputar la final seis meses después de jugar las semifinales.
La segunda sí fue económica, pues solicitaba mayor equilibrio entre su caché y los ingresos empresariales, que le ofrecían lo mismo que dos años antes, a pesar de que las entradas eran más caras que en 1951. Al no llegar a un acuerdo, la Federación Guipuzcoana, dependiente de la Delegación Nacional de Deportes de F.E.T y las J.O.N.S., hizo de mediador, posicionándose al final a favor de la empresa, utilizando para ello todo tipo de argumentos. Entre ellos, se le acusó de no querer jugar ante Franco, que pasaba el verano en Donostia y marchaba a Madrid a finales de agosto, y a quien los organizadores tenían especial interés en invitar. Para ello se valieron de sus habituales partidos en Ipar Euskal Herria y una visita al Lehendakari Agirre, en Donibane Lohizune.
Finalmente, siguiendo el consejo de su aita, «Miguel, no mires al dinero y juega», el pelotari eibarrés accedió a disputar la final en las condiciones marcadas por las empresas.
Sin embargo, cuando todo parecía dispuesto a que la final se disputara, la historia dio otro sorprendente giro. La expectación creada hizo que el aforo del frontón de Gros no respondiera a la demanda. Los empresarios decidieron entonces un peculiar modo de realizar su «selección natural». La final pasó a ser parte de un abono de cuatro partidos, a disputarse en Donostia.
Pero nadie había contado con Gallastegi, que se enteró al leer el periódico tras un paseo por el monte. Enojado, pidió a su mujer que llamara al gobernador civil para anunciarle una renuncia que terminó firmando en Aiete ante Carrero Blanco.
Del tirón de Atano X a la apendicitis de Xala, aplazamientos de todo tipo
Enfrascados en el día a día, lo más inmediato adquiere tintes de extraordinario, pero la fractura en el dedo de Oinatz Bengoetxea no es sino otro de los múltiples casos que se han dado en la historia del Manomanista. Eso sí, hasta ahora nunca un eliminado había sido repescado para jugar la final.
Lo que sí hubo fue un campeón sin final, Retegi I en 1972, ya que Lajos no se presentó al serle denegado el aplazamiento solicitado por problemas musculares. Tres años antes, el propio Juan Ignacio Retegi se convirtió en el primer campeón navarro en una final que se disputó en noviembre, cuando estaba fijada el 5 de junio. Un tirón en la pierna de Atano X fue el motivo. La final resultó decepcionante, 22-8.
Ya en épocas más modernas, la txapela de 1993 se disputó 20 días más tarde de lo previsto, nada comparable con lo sucedido en 1994 y 1998. Tras la despedida de Retegi II, el campeón dejó de tener un puesto asegurado en la final. En el 94 apostaron por una liguilla y las manos de Arretxe se resintieron. La final se terminó disputando en fiestas de La Blanca en Gasteiz, con victoria del de Luzaide. En el año 98, fue Eugi el que solicitó el aplazamiento por mal de manos y los problemas surgidos tras la irrupción de Aspe y los derechos televisivos llevaron la final a noviembre.
El supuesto positivo de Mikel Goñi, la txapela de Ruiz ante Olaizola II el 20 de julio, o el pulso ganado por Xala en 2011 son otros casos sonados más recientes. J.O.