«La reunificación no está en la agenda, estamos construyendo un país independiente»
Nacido en Stepanakert (capital de Nagorno Karabaj) el 30 de agosto de 1960, ostenta la presidencia del enclave armenio desde 2007. Previamente trabajó en la administración soviética hasta el colapso de la URSS, cuando se sumó a los grupos independentistas.
«La reunificación con Armenia no está en la agenda. Otra cosa es que muchos de nuestros ciudadanos sí que la desean. Pero lo que nosotros estamos haciendo es construir un país independiente». Bako Sahakyan es presidente de Nagorno Karabaj, un enclave armenio que funciona como Estado independiente desde 1994, cuando firmó la paz con Azerbaiyán. En realidad fue un alto el fuego que se mantiene de forma frágil a través de los 240 kilómetros de frontera cercados con trincheras. Como él mismo reconoce, siempre existe la incertidumbre sobre una escalada. Pese al riesgo de que sus fronteras vuelvan a incendiarse, su problema más inmediato es que la comunidad internacional no lo reconoce. Es decir, que él es presidente pero solo sus propios ciudadanos (y las instituciones de la vecina Armenia) lo reconocen como tal. Sahakyan, sin embargo, insiste en que el aval llegará tarde o temprano.
«Nagorno Karabaj ha tenido elecciones durante los últimos 20 años. Estamos construyendo un Estado democrático», señala, en una entrevista a GARA el 3 de mayo, el mismo día que el enclave de 150.000 habitantes celebraba elecciones parlamentarias. Los comicios, que Artsakh (nombre en armenio del territorio) ha celebrado ininterrumpidamente desde 1994, constituyen una de sus armas diplomáticas ante el veto internacional. Aunque el presidente, una figura muy respetada en el Estado no reconocido y que ha logrado ubicarse como referente por encima de los partidos, insiste en que lo importante es autogestionarse. «Las elecciones son una herramienta pero lo verdaderamente importante es nuestro proceso interno», insiste. Obviamente, al margen de lo que diga el Grupo de Minsk (formado por EEUU, Rusia y Estado francés y encargado de supervisar el alto el fuego) los habitantes de Nagorno Karabaj necesitan tener responsables que se encarguen de la sanidad, la educación o las carreteras.
Veto de la UE
El modelo de democracia occidental se emplea como «tarjeta de visita» hacia Europa, que es el modelo en el que se mira Artsakh. Por eso Sahakyan muestra su enfado ante el veto de las instituciones comunitarias. «¿Qué es lo que quieren? ¿Un país extremista? ¿Totalitario? ¿Sin elecciones? ¿Eso es lo que quiere la comunidad internacional?» clama desde su despacho, el centro de Stepanakert, una capital reconstruida en la última década. Sus dardos, aunque medidos teniendo en cuenta el papel institucional que ostenta, se centran en el Estado español. Tres días antes de los comicios Madrid hizo público un comunicado en el que asumía las tesis más duras contra el proceso político karabajo. «Es uno de los miembros de esta cultura europea, democrática, por eso nos suena tan extraño que no nos reconozcan», consideraba, conciliador, el presidente de Nagorno Karabaj. «Si no nos reconoce, que nos diga por qué», insistía.
El prestigo de Sahakyan se ganó en el campo de batalla. Primero, con los movimientos independentistas desarrollados a finales de los años 80 del siglo pasado, cuando el colapso de la URSS fue aprovechado por los karabajos para exigir su desanexión de Azerbaiyán y su reingreso en Armenia. Después, cuando la guerra ya era un hecho, como líder de los Comités de Defensa y comandante del Ejército karabajo. Su figura define la doble estrategia: homologación de su normativa a los estándares europeos y firmeza en la «cuestión de seguridad», que significa no ceder ante el enemigo de Bakú, capital azerí.
Pugna geoestratégica
«No nos gusta hacer predicciones, pero tenemos un adversario que es impredecible. Por eso debemos actuar tomando esto en consideración. Tenemos que desarrollar nuestro país y, en paralelo, el sistema de seguridad», argumenta, preguntado sobre la posibilidad de una escalada en la frontera. En su opinión, el conflicto, que lleva congelado más de dos décadas, no puede considerarse una guerra local. «Esto es parte de la geoestrategia global. Creer que se trata de un problema de la región no ayuda a solventarlo», afirma, insistiendo en que «hay que ponerle especial interés para solucionar el conflicto y la comunidad internacional debe buscar una solución justa». Otra cosa es lo que cada una de las partes interprete como justicia.
Rusia es una pieza clave en los conflictos transcaucásicos. La guerra en Ucrania también tiene su influencia en la región, según considera Sahakyan. «Por eso estamos interesados en la resolución pacífica, no queremos que tenga un impacto negativo en nuestro país», argumenta, recordando que Moscú «es una potencia global». Históricamente ha sido aliado de Yerevan (capital armenia) aunque tampoco se ha privado de vender armas a Azerbaiyán. El presidente, sin embargo, no entra a la crítica directa. «Sabemos qué es la guerra. Por eso no queremos que nadie la sufra», dice.