INFO

La excusa infinita

La trampa del PNV en materia nacional es palmaria: para avanzar hacia el tantas veces anunciado y nunca concretado nuevo estatus ponen como condición acordarlo con EH Bildu, para acto seguido negar la capacidad de la izquierda independentista para dar los pasos necesarios. Y para el «mientras tanto» ya está el PSE.


Cargar sistemáticamente contra aquel a quien consideras imprescindible para llevar a cabo tu proyecto no parece una gran idea. Así, como principio general, suena bastante evidente. EH Bildu lo ha entendido y aplicado en esta campaña, poniendo encima de la mesa, con guante de seda, propuestas a las dos fuerzas con las que puede llegar a acuerdos en los ámbitos nacional o social. También lo hace habitualmente Podemos, aunque sin la parte propositiva. Comparen si no el tono empleado por el partido morado con EH Bildu y con los jeltzales.

Lo del PNV, sin embargo, es materia de estudio. Son perfectamente capaces de arremeter con todo contra la izquierda independentista para, acto seguido, sin tomarse un respiro ni una sola frase de transición, recordar que para que este país avance en clave nacional es imprescindible el concurso de las dos fuerzas políticas exclusivamente vascas. Conviene pararse a analizar el esquizofrénico fenómeno, que no deja de obedecer a la lógica del maltratador: atizar a quien después aseguras necesitar para vivir.

La trampa es evidente y se muestra en todo su esplendor cuando se pregunta por qué en la pasada legislatura, con 48 diputados soberanistas, no ha habido avances de calado en el tantas veces anunciado y nunca concretado nuevo estatus: la respuesta jeltzale es que la izquierda abertzale no está preparada para un proceso de emancipación nacional. Es decir, según esta versión el PNV quiere dar el paso hacia una mayor soberanía, pero para ello dice necesitar a EH Bildu, a quien al mismo tiempo niega la capacidad de dar el paso. Pues estamos apañados.

De esta forma, el PNV secuestra la posibilidad de que en este país se avance no ya en el camino de la independencia, sino siquiera en materia de autogobierno. En una nueva versión del «ni contigo ni sin ti», los dirigentes jeltzales más soberanistas (otros ni siquiera abordan el tema, empezando por Urkullu) ponen como condición sine qua non el acuerdo entre el PNV y EH Bildu, para acto seguido darlo prácticamente por imposible. O para dinamitarlo con embestidas salidas de tono.

Esta profecía autocumplida (se lamenta la imposibilidad de un acuerdo por el cual, en la práctica, no se mueve ni un dedo) es también la solución mágica para sacudirse toda responsabilidad en el bloqueo de este país en todos sus frentes. La política está congelada, pero la calefacción en Sabin Etxea funciona a todo trapo. Y si hay que alimentarla con los restos del PSE, ningún problema. Se admite que los socialistas no están a la altura de los retos de la sociedad vasca, pero se les elije para gobernar en todas las instituciones en las que la aritmética se lo permite. Total, la culpa es del resto, que no quiere acordar con ellos. No tienen alternativa.

El argumentario tiene, además, viaje de vuelta: Igual que el PNV no puede sin EH Bildu, la izquierda independentista nunca podrá abrir un proceso soberanista sin el nacionalismo conservador, dicen. Sea o no cierto, recordarlo constantemente refleja la consciencia del secuestro y deja entrever la realidad escondida bajo el manto de excusas: no hay voluntad de avanzar. Ni hacen, ni dejan hacer.