Nueve localidades de Iruñerria siguen manteniendo simbología franquista
Nueve localidades de Iruñerria todavía mantienen símbolos del franquismo, según el informe elaborado por la Comisión Técnica de Coordinación en materia de Memoria Histórica que fue dado a conocer por el Gobierno de Nafarroa. Varias asociaciones constatan que dicho informe está incompleto.
Esta comisión ha localizado en Nafarroa un total de 224 elementos franquistas repartidos en 141 localidades, de las que nueve se encuentran en Iruñerria. Se trata en concreto de Iruñea, Belaskoain, Berriobeiti, Berriozar, Burlata, Cendea de Oltza, Ziritza, Itza y Tiebas-Muru Artederreta.
Entre estas nueve localidades suman 27 elementos franquistas, y casi la mitad de ellos (13) se concentran en la capital navarra. El más conocido es el Monumento a los Caídos, al que las asociaciones memorialistas consideran un símbolo franquista en su conjunto porque fue levantado durante la dictadura para recordar solo a quienes habían muerto en defensa del golpe de Estado de 1936.

En lo que se refiere a Iruñea, todavía se mantienen laureadas en el propio Monumento a los Caídos, en el monumento a Julián Gayarre del parque de la Taconera y en una vidriera del Instituto Plaza de la Cruz. Otras laureadas han sido tapadas, tal como se hizo en la fachada de la antigua estación de autobuses, el mercado del Segundo Ensanche y el Parque del Mundo, en el barrio de la Txantrea. También hay laureadas en edificios privados, como es el caso del Banco de Santander situado en la Plaza del Castillo.
Junto a ello, en Iruñea se sigue manteniendo el «cementerio franquista», un gran espacio situado dentro del cementerio municipal en el que hay cientos de cruces con los símbolos de la Falange y de los requetés, y donde todavía se suelen hacer actos de homenaje.

En cuanto al resto de Iruñerria, se siguen manteniendo laureadas en Berriobeiti, Itza y Tiebas-Muru Artederreta, municipio en el que, además, hay tres placas o baldosines franquistas en viviendas. Estas placas corresponden al Instituto Nacional de la Vivienda y de la Obra Sindical del Hogar, que fue creado por el régimen franquista para controlar el crecimiento físico de los municipios y para impulsar un modelo social de desarrollo determinado, dependiente de FET y de las JONS.
Así, en los últimos años de la dictadura se construyeron grupos de viviendas en los que se colocaron grandes letreros con símbolos de la Delegación Nacional de Sindicatos y del Instituto. Del mismo modo, en muchas viviendas se colocaron pequeñas placas con simbología franquista, que aún perduran.
En las iglesias de Ibero (Cendea de Oltza) y Belaskoain todavía no se han surpimido las placas con cruz en recuerdo y homenaje a los caídos en el bando franquista, y una placa similar se encuentra en el cementerio de Ziritza.

Según la ley, los gastos de retirada de la simbología franquista deben correr a cargo de los propios ayuntamientos, y tanto la Iglesia católica como los particulares deben asumir los gastos que conlleve la retirada de ese tipo de símbolos en los edificios de su propiedad. «Otra cosa es que el Gobierno de Navarra habilite una partida para subvencionar esa retirada», precisa Ramón Contreras, miembro del Autobús de la Memoria y de la asociación Amapola del Camino.
Calles, plazas y nombramientos
El Gobierno de Nafarroa ha aceptado las recomendaciones hechas por la Comisión Técnica de Coordinación en materia de Memoria Histórica para que sea retirada esta simbología franquista, que se sigue manteniendo 41 años después de la muerte del dictador. Algunas asociaciones memorialistas han mostrado su apoyo a esta iniciativa pero han precisado que se queda corta, por entender que en dicho informe también deberían incluirse calles, plazas y escuelas que siguen teniendo nombres de personas que colaboraron con el franquismo, así como los nombramientos y reconocimientos oficiales a personajes vinculados con la dictadura.
Ramón Contreras cita en concreto los siguientes casos en Iruñea: Calle Víctor Eusa, Plaza Obispo Irurita, Avenida Pío XII, Colegio Nacional Víctor Pradera, Colegio Público Cardenal Ilundain, Escuela de Educación Infantil José María de Huarte Jáuregui, Calle Premin de Iruña, Parque Antoniutti, Calle Federico Mayo Gayarre, Calle Joaquín Beunza Redín, Plaza Angel María Pascual Viscor, grupo de viviendas Julio Ruiz de Alda Miqueleiz y Centro de Educación Básica de Adultos José María Iribarren Rodríguez.
Del mismo modo, considera que debería retirarse los nombramientos de «Hijo Adoptivo de Navarra» a los generales golpistas Luis Orgaz Yoldi, Francisco García Escámez, Rafael García Valiño y Ricardo Rada Peral, así como al nuncio del Vaticano Hildebrando Antoniutti, al obispo Marcelino Olaechea Loizaga, a José María Escrivá de Balaguer («Hijo adoptivo de Pamplona»), al obispo Enrique Delgado Gómez («Hijo adoptivo de Pamplona»), al general José Solchaga Zala («Hijo Predilecto de Navarra»), a Tomás Domínguez Arévalo, más conocido como Conde de Rodezno («Hijo Predilecto de Navarra»), al empresario Félix Huarte Goñi («Hijo Predilecto de Navarra» y Medalla de Oro de Navarra), al ministro Antonio Iturmendi Bañales («Hijo Adoptivo de Navarra»), al ministro Fernando Suárez de Tangil y Angulo («Hijo Adoptivo de Navarra»), al político Luis Arellano Dihinx («Hijo Predilecto de Navarra»), al político Federico Mayo Gayarre («Hijo Predilecto de Pamplona»), a Miguel Javier Urmeneta Ajaranaute (Medalla de Oro de Navarra), a Raimundo García García «Garcilaso» («Hijo Adoptivo de Navarra»), y a Federico García Sanchiz («Hijo Adoptivo de Navarra»).
Todos estos datos vienen recogidos en el libro «Simbología golpista en Navarra. Memoria y presencia del franquismo», editado en diciembre de 2014 por el Autobús de la Memoria, la Coordinadora Amapola del Camino y la editorial Pamiela.
Ramón Contreras, uno de los colaboradores de esta obra colectiva, afirma que Iruñea «necesita de una simbología movilizadora de valores democráticos y de espacios de convivencia».
«Necesitamos construir un nuevo marco simbólico, reutilizar los espacios hasta ahora dedicados a enaltecer a golpistas y criminales de guerra, y destinarlos al homenaje público de quienes sufrieron los horrores del franquismo, levantando valores de justicia e igualdad. El Monumento a los Caídos –añade– es un buena oportunidad en este sentido».