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La camarera del Koxka no vio agresión en el bar

La versión de los hechos de la camarera del bar Koxka fue completamente contraria a la manifestada la víspera por los guardias y sus novias: no vio ninguna agresión dentro del establecimiento, había menos gente que la que dijeron que participó en el ataque y en la entrada no hay espacio suficiente para hacer un pasillo humano para golpear.


El testimonio de Naiara Navarro ayer en la Audiencia Nacional fue contundente. Trabajaba de camarera en el bar Koxka y el 15 de octubre de 2016 no vio ninguna agresión en el interior de este establecimiento. Sus palabras contrastaron radicalmente con la versión de los hechos de los guardias y sus novias. Según la camarera el bar no estaba lleno, era una noche tranquila. No había ambiente hostil. En un momento vio que parte del bar se vació, pero no le dio importancia, ya que la afluencia de gente esa noche era intermitente. El bar se llenaba y vaciaba de vez en cuando. De hecho, relató que ella no se enteró de la trifulca, que su jefe le contó lo que había sucedido fuera del bar. Incluso la gente se quedó dentro del Koxka bailando. Uno de ellos era Oihan Arnanz, quien, según declaró, estaba en el bar mientras la trifulca se desarrollaba en el exterior.

Naiara Navarro explicó que el bar Koxka es pequeño. Señaló que el espacio entre la puerta exterior y la interior es de dos metros por dos y que no caben, apretadas, más de diez personas. «Unas seis con espacio vital», añadió. Es, por tanto, físicamente imposible que decenas de personas formaran en ese lugar un pasillo para golpear a los guardias y a sus novias, como ellos relataron. La declaración de la camarera también contradijo la versión de que unas 40 personas les agredieron en el interior del bar. En esos momentos, según explicó ayer, habría entre 30 y 35 personas en todo el bar, cuando llegaron a la máxima afluencia, y era imposible no darse cuenta desde la barra si pasaba algo.

Además, explicó que en el Koxka tienen un protocolo de actuación cuando se producen enfrentamientos entre clientes. Apagan la música y encienden las luces. Ese día no lo hicieron. Nadie vio nada.

Junto a ello, la camarera explicó que Oihan Arnanz era un habitual del Koxka. También lo eran el teniente y su novia, hasta el punto de que, según relató, ha llegado a cerrar el establecimiento a las seis de la mañana con ellos dos dentro. Hasta ese punto eran clientes habituales. En estas visitas al Koxka, el teniente y su novia nunca tuvieron el más mínimo enfrentamiento con Arnanz. «Me enteré de que era guardia civil meses después de conocerlo», señaló en referencia al teniente. «La gente no lo comentaba».

Además de relatar que Arnanz estaba en el interior del bar mientras la trifulca se desarrollaba en el exterior, declaró que Adur Ramírez de Alda no estuvo ese día en el Koxka, que tampoco vio a Jon Ander Cob y que Julen Goikoetxea sí que estaba pero que no participó en ninguna pelea. Cuando salió al exterior del bar vio a Iñaki Abad, que estaba tranquilo tras salir de trabajar.

Declaración sin firmar

Iosu Muñoa, el dueño del Koxka, tampoco vio nada extraño en el interior del bar. Estaba haciendo la caja del día. Cuando salió del bar para irse a casa, vio al teniente tendido en el suelo sangrando. Su novia le increpó. Pese a ello, le prestó su chaqueta para abrigar al teniente hasta que llegaran las asistencias sanitarias.

Pero lo más llamativo en lo que se refiere a Muñoa es que la declaración que realizó ante la Policia Foral no estaba firmada, lo que supone una destacada irregularidad que podría suponer la anulación de ese documento.

De hecho, Muñoa no reconoció lo que aparece en el documentó que manifestó, como que declaró que la agresión fue predeterminada o que quienes participaron en la misma sabían pegar. Ayer negó categóricamente estos aspectos e insistió en que la trifulca no fue predeterminada.

Rubén Múgica, abogado de la acusación de Covite, preguntó a Muñoa si había sido intimidado por vecinos de Altsasu de cara al juicio. La respuesta del dueño del Koxka fue clara: las únicas amenazas que ha recibido han sido las que falangistas le han realizado por teléfono. Además, relató que el exterior de su establecimiento ha sido objeto de pintadas atribuidas a grupos ultraderechistas.

Añadió que no vio ni a Adur Ramírez de Alda, ni a Aratz Urruzola ni a Iñaki Abad en toda la noche y que se encontró con Ainara Urkijo en otro bar de Altsasu, el Arkangua.

Confirmó lo manifestado por la camarera de que la zona de la puerta es de dos metros por dos y que no tiene dimensiones suficientes para que se formara un pasillo humano de decenas de personas para agredir a los guardias y a sus novias.

Novias: «Nos zarandearon»

La sesión de ayer concluyó con el testimonio de los agentes de la Policía Foral que acudieron al lugar de los hechos y los que participaron en la instrucción del caso hasta que se lo quedó la Audiencia Nacional y la Guardia Civil.

Los primeros explicaron que cuando llegaron al exterior del bar Koxka vieron al teniente en el suelo y que estaba sangrando. «Estaba claro que era una pelea», señalaron. Añadieron que fueron al bar Biltoki con el sargento en busca de personas que pudieran ser identificadas y que detuvieron a Jokin Unamuno porque llevaba una gorra llamativa. Posteriormente, un grupo de personas trató de impedir el arresto sacándole del coche.

Pero lo más llamativo de su testifical fue que señalaron que en la primera declaración de las novias de los guardias, realizada en el lugar de los hechos, estas manifestaron que fueron «zarandeadas» y que la agresión se produjo en el interior del bar. No manifestaron que les golpearon. Se trata, por tanto, de una primera versión mucho menos grave que la que relataron días después ante agentes de la Guardia Civil.