‘Do The Right Thing’, 30 años después siguen atronando los altavoces de Radio Raheem
Hace 30 años y durante un verano tan caluroso como el que estamos padeciendo, en Bedford Stuyvesant, un humilde barrio de Brooklyn, se escenificó una ficticia explosión de violencia que fue filmada por un joven cineasta llamado Spike Lee. Desde entonces pervive en nuestra retina el eco de ‘Do The Right Thing’.
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Tras unos acordes de saxofón, la gran pantalla delegó todo su gobierno en una Rosie Perez que, espoleada por el tema ‘Fitght The Power’ de Public Enemy, alternaba su vestuario cambiante sin romper el ritmo cronometrado de la coreografía.
Como declaración de intenciones, Perez calzaba unos guantes de boxeo y repartía directos a un enemigo invisible pero intuido mientras se colaba el sonido amenazante de un helicóptero de la policía.
Rosie Perez expresaba en su baile el significado de la película ‘Do The Right Thing’ y lo prologaba con evidentes signos de cansancio y furia. El director Spike Lee buscaba este efecto, un crochet directo y fulminante dirigido al espectador y para ello obligó a la actriz a bailar durante ocho horas seguidas para lograr la furia y el cansancio que se requería para adentrase en las entrañas de Brooklyn, en un barrio populoso llamado Bedford Stuyvesant en el que conviven varias familias de raza negra, algunos hispanos, una pareja de comerciantes vietnamitas y una familia italoamericana que rige una pizzería.
En un lugar de Brooklyn
La cámara sigue de cerca la rutina cotidiana de Mookie (Spike Lee), un joven afroamericano que trabaja de repartidor de pizzas, y nos sirve de guía a través de la mecánica urbana de unas calles sacudidas por el calor, las pequeñas alegrías que también tienen cabida en Brooklyn y las tensiones que siempre genera el racismo.
Al igual que Rosie Pérez, quien mejor representa la visión de todo el conjunto, la perspectiva de quien se colocó detrás de la cámara, es uno de los personajes más inolvidables del filme, Radio Raheem. El personaje encarnado por Bill Nunn carga y exhibe a todo volumen su propia identidad cultural y social. Una insurgencia musical que condimenta las dos palabras doradas que luce en cada uno de sus puños. ‘Love’ y ‘Hate’, las dos mismas palabras que el personaje de Robert Mitchum en ‘La noche del cazador’ tenía tatuadas para expresar las dualidades que unidas pueden resultar tan combativas como temibles.
Con estos mimbres, Spike Lee se convirtió en los años noventa en uno de los directores más prestigiosos del momento gracias a un discurso que alternaba la insurgencia, el drama y la alegría. A todo ello se sumaba su particular estilo en la dirección, su habilidad diferenciadora en los diálogos y su carencia de miedo a la hora de contar historias hasta el momento silenciadas por la industria cinematográfica. La plena vigencia de su discurso y la telúrica plasmación fílmica que llevó a cabo Spike Lee hacen que ‘Haz lo que debas’ mantenga su frescura y no padezca el paso del tiempo.
Spike Lee, una cámara desde la rebeldía afroamericana
Shelton Jackson Lee nació en Atlanta, en el estado de Georgia, pero se trasladó a Nueva York siendo un niño, cuando la comunidad negra se encontraba en plena lucha por sus derechos civiles. Sus padres, un músico de jazz y una profesora, comenzaron a llamarle ‘Spike’, que significa púa o espina, por su fuerte carácter contestatario. Se graduó en la Tisch School Of Arts de la Universidad de Nueva York, especializándose en cine.
En 1980 realizó un controvertido cortometraje titulado ‘La respuesta’, en el que un guionista negro era contratado para escribir un remake de ‘El nacimiento de una nación’, el famoso filme lleno de connotaciones racistas dirigido por D.W. Griffith y a la que también alude en su más reciente película ‘Inflitrado en el KKKlan’ (2018). En 1986 debutó como realizador con ‘Nola Darling’, un largometraje que contaba las relaciones entre una joven afroamericana de Brooklyn y sus tres novios. La película se presentó en el Festival de Cannes donde consiguió el Premio de la Juventud al mejor largometraje extranjero y, posteriormente, triunfó en los Spirit Awards, los galardones del cine independiente norteamericano.
Con ‘Haz lo que debas’ logró una nominación a los Óscar como mejor guion original. Su nombre ya se asociaba definitivamente al nacimiento del cine afroamericano, es decir, aquel que reivindicaba el orgullo y denunciaba la discriminación que sufría su raza durante siglos.
El nombre de su productora, 40 acres y una mula, era una toda una declaración de principios. Era lo que se le ofrecía a la población negra después de la Guerra de Secesión y la abolición de la esclavitud, una promesa que nunca se cumplió.