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‘The Lighthouse’, una invocación marina de salitre y locura

[Crítica: ‘The Lighthouse’]

Koldo Landaluze

Al igual que el capitán Ahab fue coherente en su enloquecida obsesión en cuanto afiló el arpón destinado a Moby Dick, los dos protagonistas de este antológico relato gótico afrontan su destino en mitad de un reducto sacudido rabiosamente por una mar salvaje e inspiradora de leyendas. Nunca antes un relato marino sobrecogió tanto como el que ha expuesto en esta su segunda realización Robert Eggers, un autor que también recurrió al pasado en su no menos destacada "La bruja".

Si en la conducta del cara a cara que protagonizan Willen Dafoe y Robert Pattinson se atisba un cruce entre Herman Melville y Edgar Allan Poe, en lo relativo a perfilar un modelo vital abierto a todo tipo de conjeturas y en un entorno tan extremo como el que representa la mar sacudiendo un islote dictado por la luz de un faro, topamos en su puesta en imágenes con una impecable utilización de un entorno opresivo que, para colmo de males, está siendo asediado por la fuerza de una naturaleza tan hermosa como cruel y descontrolada.

Enclaustrados en un escenario que se torna en opresivo, y a la vez baluarte, los dos protagonistas se enzarzan en diálogos que a ratos se tornan letanías y en otras en conjuros que unos dirán que tienen reminiscencias de Shakespeare y otros de fragmentos deshilvanados que pertenecieron a relatos marinos que fueron transmitidos de taberna en taberna a golpe de alcohol.

Egget ha jugado a la perfección sus cartas y, a través de una obligada fotografía en blanco y negro, que resalta los pasajes más expresionistas de una película enmarcada a finales del siglo XIX, delega en el sonido que sacude al faro y a la cordura de dos protagonistas la ruta de una trama en la que asoma «lo extraño», ese detonante que se requiere para aplicar de coherencia algo que no lo tiene y que, por lo tanto, no lo necesita.