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Una herramienta para afrontar las necesidades educativas de los niños y niñas de la mochila

La especialistas Esti Amenabarro y Marian Bilbatua han presentado una unidad didáctica que pondrán a disposición de la comunidad educativa para tratar la realidad de los menores con progenitores encarcelados a cientos de kilómetros.

Inaxio Oiarzabal, de Sare, y la autoras del documento, Esti Amenabarro y Marian Bilbatua. (Juan Carlos RUIZ / FOKU)

Lunes sin ir a clase, viajes de cientos de kilómetros, deberes del fin de semana sin hacer, pérdida de actividades deportivas u otras extraescolares… Y cansancio, mucho cansancio.

Es lo que sufre el centenar, algo más, de niños y niñas de la mochila. Menores que tienen a alguno, o a los dos, de sus progenitores en la cárcel. Menores que, además de la falta del referente paterno o materno en el hogar –inherente a la pena de prisión–, sufren el castigo añadido del alejamiento. Y las consecuencias se aprecian también en la escuela.

Por ello, este martes se ha presentado en Donostia una unidad didáctica elaborada por las especialistas Esti Amenabarro y Marian Bilbatua, un documento en el que se analizan las necesidades de estos menores de edad «desde el punto de vista de la educación inclusiva».

Inaxio Oiarzabal, de Sare, ha puesto los números. A día de hoy, hay cinco niños y niñas menores de tres años que viven en la cárcel con su madre: cuatro en Picassent (Valencia) y una en Aranjuez (Madrid). Otros 104, hasta 18 años de edad, tienen al menos a uno de sus progenitores en prisión.

«Cada cual como mejor sabe»

Amenabarro y Bilbatua han tratado de crear «una herramienta dinámica» para afrontar «una realidad que está ahí, pero de la que no se ha hablado». Para ello han contactado con profesores que abordan este tema en sus clases «cada uno de la manera que mejor sabe». No existe material, ni formación específica.
 
El documento aporta un diagnóstico, aunque matiza que «cada niño o niña es diferente, tiene sus propias necesidades, incluso siendo de la misma familia. Hay que generar un entorno para que puedan hablar de sus experiencias, de sus miedos…».

El siguiente paso será presentar esta unidad didáctica a las instituciones responsables del ámbito educativo y ponerla a disposición del profesorado. Siempre con el objetivo de que, más pronto que tarde, su uso no sea necesario porque ya no queden niños y niñas con su mochila a cuestas cada fin de semana.