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Tres encapuchados hicieron pública la declaración de ETA de cese de la actividad armada.

20-10-2011: dos textos claves, apoyo internacional y labor de zapa del equipo de Rubalcaba


Diez años del anuncio de ETA del cese definitivo de su actividad armada. Se produjo tres días después de la Conferencia Internacional de Aiete. La historia de aquellos días es trepidante, con movimientos de todo tipo, muchos de ellos en la trastienda. La implicación internacional fue clave.

La Declaración de Aiete y la posterior respuesta de ETA eran los dos textos claves para asentar la decisión última del fin de la lucha armada. El borrador casi final de la declaración que leerían el 17 de octubre las personalidades internacionales en el palacio donostiarra y el contenido exacto de la declaración de la organización armada que sería hecha pública el día 20 recibieron unos días antes el visto bueno en el despacho de Jonathan Powell, en Londres.

En el caso del comunicado de la organización armada, satisfechos con su contenido, los facilitadores internacionales insistieron en preguntar si ese iba a ser todo el texto. Temían que si el mismo contara con una introducción o algún añadido explicativo, ello podría dar pie a interpretaciones y generar confusión sobre el alcance real de la decisión. La cultura diplomática anglosajona aconsejaba ser concisos. En la experiencia norirlandesa, el IRA siempre había publicado comunicados muy escuetos, lo que contrastaba con la tradición de ETA, cuyas comunicaciones contenían reflexiones y valoraciones más extensas de carácter político y estratégico.

Los facilitadores internacionales recibieron todas las garantías de que aquel iba a ser todo el texto, que estaría grabado en vídeo incluso antes de la propia Conferencia, para poderse emitir a los pocos días. Eso sí, su publicación última estaría sujeta a la declaración prevista para la Conferencia Internacional de Paz de Aiete.

El contenido de esta declaración estuvo también sobre la mesa del despacho del que fuera jefe de Gabinete de Tony Blair para corroborar la conformidad de la parte vasca. Aun así, era todavía un borrador que podría sufrir variaciones en la misma Conferencia y que también podría ser presentado a la parte española. En ese tránsito, el punto que podría causar más problemas era el cuarto, el que se refería al conflicto político.

Con las matizaciones realizadas desde aquella reunión en el despacho de Powell y las deliberaciones en Aiete, el texto se cerró el mismo día de la Conferencia, y los facilitadores y mediadores internacionales supieron allí mismo que los cambios contaban con la conformidad de la organización armada.

A la espera, en una embajada

Con todo, los representantes de ETA para el diálogo que en la clandestinidad ya habían grabado el comunicado esperaban también que todo se produjera en los términos hablados para dar el «ok» a la emisión de la declaración. Siguieron los acontecimientos de aquel 17 de octubre desde lugar seguro. Esperaban estar ya en Noruega, pero hubo cambio de planes. No habían atravesado aún las fronteras francesas. David Pla e Iratxe Sorzabal estaban en París, pero plenamente protegidos en una embajada escandinava, donde pudieron verse a sí mismos en los medios, el día 20 de octubre, leyendo la declaración de final de la lucha armada. Días después partieron hacia Noruega en coche oficial y con pasaportes diplomáticos. Allí se reuniría con ellos poco después Josu Urritikoetxea, que viajó en similares circunstancias desde el sureste francés.

En el otro vértice estaba el Gobierno español, con el que los facilitadores internacionales también habían acordado la hoja de ruta que llevaba a Aiete. Mientras ETA y la izquierda abertzale intentaban fortalecer al máximo esa referencia, la dirección política ejercida desde el Gobierno español por el entonces ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba iba en sentido contrario desde el mismo momento en el que se acordó que aquello se iba a hacer. Su objetivo, pese a haber aceptado las reglas de juego, era intentar descafeinar al máximo la trascendencia de la Conferencia.

En su equipo, Rubalcaba contaba desde años atrás con Gregorio Martínez, procedente del partido, de su área internacional, quien se convirtió en el principal interlocutor con los facilitadores. Cuando fue requerido en abril de 2006 por Rubalcaba para que fuera su jefe de Gabinete en el Ministerio de Interior, la cuestión de ETA y la necesidad de abordarla en el ámbito internacional fueron las razones que le trasladaron. Que supiera inglés fue determinante. Además de “Goyo”, en el equipo había lógicamente miembros de las Fuerzas de Seguridad expertos en información e inteligencia. Como enlace con la Guardia Civil destacaba el polémico y para muchos siniestro Diego Pérez de los Cobos, juzgado por torturas en Euskal Herria y más tarde coordinador del operativo policial del 1 de octubre de 2017 en Catalunya.

Para intentar restar importancia al evento, el equipo de Rubalcaba trabajó en dos líneas: la primera, representada por el citado Martínez y dirigida al ámbito internacional, en la que no dudaron utilizar a primeros espadas para generar presión; y otra, sobre el terreno, personificada en el entonces consejero de Interior Rodolfo Ares.

Obligado por el acuerdo con los facilitadores internacionales, el Gobierno debía permitir sí o sí la Conferencia, pese a las demandas por parte de la derecha española para que la prohibiera. Pero buscó bajar el perfil de las personalidades que iban a acudir.

Inicialmente, estaba previsto que la figura principal fuera Tony Blair, ex primer ministro de Gran Bretaña y referencia en el proceso de paz irlandés. Finalmente, Blair se descartó por estas presiones, aunque mostraría públicamente su adhesión una vez celebrada la Conferencia en el palacio donostiarra.

Momento de la lectura de la Declaración de Aiete por parte de las personalidades internacionales. (Andoni CALLENADA/FOKU)

Sin embargo, los facilitadores internacionales  eran conscientes de que la pretensión de bajar el nivel tanto como lo pretendía el Gobierno español podría ser prejudicial, lo que les llevó a hacer un esfuerzo. Tras ese pulso, finalmente se pudo contar con el ex secretario general de la ONU y premio Nobel de la Paz Kofi Annan, además de con Jonathan Powell, jefe del Gabinete de Blair; Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega; Pierre Joxe, exministro francés de Defensa e Interior; Gerry Adams, líder del Sinn Féin; y Bertie Ahern, ex primer ministro de Irlanda por Fianna Fáil. Días después, además del citado Blair mostraron su adhesión los estadounidenses George Mitchell y Jimmy Carter. Y también los congresistas demócratas de EEUU Richard E. Neal, Jerry Costello y Tim Holden.

Según fuentes conocedoras del proceso, se esperaba que la lista se fuera ampliando, pero intervino otra vez el Ejecutivo español para que remitiera. Le suponía una sangría.

En un tren en EEUU

En Euskal Herria, la idea que quiso ejecutar Ares era que no hubiese presencia política trascendente en Aiete. De ahí que una de las imágenes de aquel día, quizá la más surrealista, fuese la de las declaraciones del entonces lehendakari, Patxi López, grabadas desde un tren en EEUU.

El PSN ya había decidido que no acudiría a la cita, pero los planes del equipo de Rubalcaba sufrieron un pequeño revés en el PSE. Jesús Eguiguren, presidente del PSE pero cuyo peso estaba decreciendo, iba a acudir independientemente de la decisión del partido, lo que obligó a variar la posición. A Eguiguren le acompañaría Carlos Totorica, alcalde de Ermua y a quien se identificaba con un perfil más contundente frente a la izquierda abertzale, y su discurso en la reunión con todos los agentes previa a la declaración debería ser más agresivo que el que se le presuponía a la ocasión.

Pasados los años, desde el equipo de Rubalcaba se vanagloriaban de haber vaciado el acto. Así se recoge en el libro dedicado al exministro publicado tras su muerte, “Rubalcaba: un político de verdad”.

La izquierda soberanista eligió una vía que superó con nota el mantra de «bombas o votos» impuesto por Rubalcaba, y la oferta del Estado para Euskal Herria no hizo sino retroceder posiciones los siguientes años

Ese libro también remarca que era Rubalcaba quien llevaba la voz cantante durante esos años y que, en caso de divergencia, Zapatero respetaba su criterio. Es difícil precisar en qué consistían exactamente esas divergencias, pero parece que las posiciones del primero eran más duras. En ese libro el mencionado Gregorio Martínez, presentado como la mano derecha de Rubalcaba, da por buena la actuación posterior del Gobierno de Rajoy y avala su inacción respecto a los compromisos adquiridos, mientras que en una reciente entrevista al periódico “Berria” el expresidente Zapatero mantenía la posición de que el Ejecutivo español debía haber acudido a Oslo a entrevistarse con ETA.

¿Qué fue Aiete?

Sería correcto afirmar que Aiete fue una escenificación de decisiones ya tomadas, que podía servir para un proceso de diálogo entre las partes que acelerara el cierre de las consecuencias del conflicto y que sirvió, realmente, para materializar el cambio de estrategia de la izquierda abertzale con unos resultados importantes en términos políticos, hasta el punto de introducir al país en un nuevo ciclo. La izquierda soberanista eligió una vía que superó con nota el mantra de «bombas o votos» impuesto por Rubalcaba, y la oferta del Estado para Euskal Herria no hizo sino retroceder posiciones los siguientes años.

Lo que resulta menos verosímil son las afirmaciones de Martínez en su intento de restar transcendencia al encuentro de Aiete, a tenor de las personalidades y organizaciones que asistieron y al contenido de lo abordado.

Impulsada y organizada por Lokarri, Berghof Foundation, Conciliation Resources y The Desmond and Leah Tutu Legacy Foundation, al Palacio de Aiete asistió una amplísima representación del conjunto del país.

De Ipar Euskal Herria acudieron todas las sensibilidades políticas y además con sus primeros espadas: Max Brisson (UMP), el senador Jean Jacques Lasserre y el entonces teniente alcalde de Baiona Jean-René Etchegaray, ambos centristas, así como Kotte Ezenarro, entonces exalcalde de Hendaia que posteriormente recuperaría el cargo, y la senadora Frederique Espagnac (PS). Además de por Jakes Bortairu (Abertzaleen Batasuna), la izquierda abertzale estuvo representada por Anita Lopepe, que formó parte de la delegación nacional de esta familia política junto con Rufi Etxeberria, uno de los artífices principales de aquel acontecimiento.

Junto a esta representación de la izquierda independentista y la ya citada del PSE, acudieron igualmente con delegaciones de primer nivel el PNV, EA, Alternatiba, Aralar, Geroa Bai, Ezker Batua-Berdeak e Izquierda-Ezkerra, así como los principales sindicatos, como ELA, LAB, CCOO, UGT y CDFT, y la asociación de empresarios Confebask, entre otros.

Reacción de la derecha española

Junto con las matizaciones de orden negativo procedentes del PSOE, una vez que Eguiguren reconociera amargamente que su partido iba a perder la oportunidad de liderar la paz, las reacciones netamente contrarias corrieron a cargo de la derecha española y de las asociaciones de víctimas. Como muestra, un botón: el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, manifestó que «los extranjeros que vienen a una supuesta conferencia de paz en el País Vasco pensando que están en Irlanda o en Sudáfrica realmente no tienen ni puñetera idea del país en el que se encuentran ni qué tipo de conflicto se ha vivido, porque aquí no ha habido dos bandos enfrentados, sino uno que ha puesto terroristas y otro que ha puesto víctimas».

Algunos representantes de las asociaciones de víctimas, entre ellos Consuelo Ordóñez y Rubén Múgica, acudieron a las puertas de Aiete y allí hicieron entrega a los organizadores de un informe sobre cómo entendían ellos que debía ser el final de ETA y el libro “Vidas rotas”. Con motivo de este décimo aniversario, este medio ha solicitado una entrevista con Ordóñez, pero la presidenta de Covite ha declinado la invitación.

Junto con la asistencia de las personalidades, el otro aspecto nuclear estaba en el contenido del texto. La declaración destacaba por su carácter integral, al hablar de la superación de las consecuencias del conflicto y aconsejar que se abordaran las cuestiones políticas: «Sugerimos que los actores no violentos y representantes políticos se reúnan y discutan cuestiones políticas, así como otras relacionadas al respecto, con consulta a la ciudadanía, lo cual podría contribuir a una nueva era sin conflicto».

Todos cumplen salvo el Gobierno español

La declaración fue leída por Bertie Ahern, flanqueado por el resto de personalidades internacionales frente al Palacio de Aiete, bajo la atenta mirada de los representantes políticos y sociales que acudieron al encuentro y a los numerosos medios de comunicación allí reunidos. En tres días, ETA daría su respuesta positiva y su delegación sería ubicada en Noruega. La organización armada y los agentes internacionales cumplieron su parte; el Gobierno español, no.

La sorpresa tampoco fue mayúscula. Madrid no acostumbra a cumplir sus compromisos, aunque cupiese esperar algo más respecto a la hoja de ruta acordada con los facilitadores internacionales por parte del Ejecutivo y ETA. El cambio de gobierno de un PP que venía anunciando un nuevo ciclo de ilegalizaciones tampoco auguraba nada bueno. Aun así, tras ganar las elecciones del 20 de noviembre de 2011, Rajoy tampoco se atrevió a pedir el desmantelamiento inmediato.

La salida de Noruega, la posición inmóvil y en ocasiones involucionista del Gobierno de Rajoy y los pasos atrás respecto a Aiete que habían dado algunos agentes como el PNV hicieron que ETA y, en general, la izquierda independentista encarara de otras formas el proceso

La delegación de ETA estuvo dieciséis meses en Noruega, tiempo en el que realizó diferentes encuentros con agentes internacionales y en el que la organización llevó a cabo el debate interno que le permitió que el conjunto de su militancia refrendara el camino emprendido.

Solo hubo un amago por parte de Madrid. Cuando la situación no daba más de sí y ya se aprestaban a abandonar suelo noruego, los representantes de ETA recibieron a un enviado del ministro del Interior Jorge Díez Fernández. Se trataba de un representante de la comunidad de San Egidio, implicado con anterioridad en los intentos de resolución de la cuestión vasca, que les trasladaba el mensaje de que existía opción de abrir el diálogo. Se quedaron a la espera de noticias, pero ya nada más se supo.

La salida de Noruega, la posición inmóvil y en ocasiones involucionista del Gobierno de Rajoy y los pasos atrás respecto a Aiete que habían dado algunos agentes como el PNV –al suscribir, por ejemplo, una declaración conjunta con el PP y el PSOE en el Congreso español, en febrero de 2012, claramente regresiva respecto a Aiete– hicieron que ETA y, en general, la izquierda independentista encarara de otras formas el proceso. Así quedó acreditado en el desarme, aunque para esta nueva etapa también fueron imprescindibles los principios establecidos, así como las complicidades y fuerzas generadas en torno a la Declaración de Aiete y la decisión de cese definitivo de la lucha armada por parte de ETA.

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