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Entrevue
Miguel Ángel Lotina
Entrenador de fútbol

«Mis mejores recuerdos son de cuando entrené a Osasuna y Numancia»

Tras cinco años entrenando en Japón, Miguel Ángel Lotina (Meñaka, 18-VI-1957) regresa a casa para tomarse un descanso físico y mental. El técnico vizcaino repasa cómo ha sido aquella experiencia y rememora episodios pasados de su dilatada trayectoria profesional.

Lotina tiene la intención de mantenerse, al menos un año, alejado de los banquillos. (Aritz LOIOLA/FOKU)

Miguel Ángel Lotina se defiende con datos de las «injustas» críticas que recibió en su momento al considerarle un técnico de descensos, analiza cómo es el momento actual del fútbol japonés y reivindica la necesidad de reinventarse para ser profesional de los banquillos.

¿Cómo ha sido su regreso a Euskal Herria?

Pues la verdad es que tenía muchas ganas de volver, de disfrutar del día a día de aquí, con tu familia y amigos porque, a pesar de estar muy a gusto en Japón, este último año se me ha hecho un poco largo. Estaba muy ilusionado con mi trabajo, pero el resto de las horas echaba mucho de menos el contacto con los míos.

Entonces, ¿ha sido un poco esa morriña lo que ha motivado su vuelta?

Sí, porque con el tema de la covid mis hijos no han podido visitarnos a mi mujer y a mí. Lo mismo sucedía con otros familiares y amigos, cuyas visitas pues la verdad es que nos entretenían bastante y nos mantenían más conectados con nuestros orígenes. Nos faltaba el contacto con un círculo más cercano, porque mis ayudantes son gente joven, con la que puedes salir a cenar, pero no es lo mismo. Lo cierto es que este último año ya estaba un poco agotado y necesitaba un descanso mental.

¿Le costó mucho aclimatarse al país y a una nueva cultura?

Para nada. Ya había pasado antes por experiencias similares en Chipre y Catar, y Japón es un país maravilloso en todos los sentidos. Para empezar, la seguridad, no hay robos. Otro aspecto a destacar es el respeto hacia los demás y la educación con la que tratan, bien sea en un comercio como en un restaurante, siempre con una sonrisa, independientemente de que compres o no. Eso nos llama mucho la atención a los extranjeros y nos hace sentirnos muy cómodos.

También habrá otras cuestiones a las que le resultó más difícil aclimatarse, ¿no?

Los vascos tenemos la costumbre de decir las cosas de manera directa y generalmente cortante, demasiado a veces. Así lo hago yo también y eso les desconcierta porque no es una cultura de decir ‘no’ de forma tajante, siempre te ofrecen otras posibilidades. Tampoco son una sociedad demasiado familiar, no le dan importancia a las comidas grupales con tus allegados o a cuidarse entre las diferentes generaciones, en ese sentido son más individualistas que por aquí.

¿Cómo surgió la opción de ir a entrenar a una liga tan lejana como la japonesa?

Tenía buenas referencias de gente que ya había estado trabajando allí, como Azkargorta, y también de otras personas del mundo del fútbol, como Juan Carlos Unzué, que me transmitieron experiencias de amigos suyos. Uno de mis ayudantes, que es de Mataró, estuvo trabajando tres años en la Fundación Johan Cruyff que hay en Japón, una escuela para niños, y cuya estancia coincidió con el terremoto de Fukushima. Me impactó lo que contó de ese suceso y cómo respondió la sociedad, con respeto y orden. Todo eso me animó a vivir esta experiencia.

Entrando en el terreno deportivo, ¿qué momento vive ahora mismo el fútbol japonés?

Están surgiendo muchísimos jugadores porque estamos hablando de un país con casi 126 millones de habitantes y en el que el fútbol está en pleno auge. Como muestra, decir que al béisbol, que es el deporte principal, el año pasado ya le superaron las fichas de fútbol entre los más jóvenes. Estos siguen manteniendo el espíritu de jugar en la calle, tal y como cuando nosotros éramos pequeños aquí.

¿Y qué diferencias tiene respecto al europeo?

La cultura del respeto también se transmite al fútbol. En mis cinco años allí, en ningún entrenamiento ha habido una lesión por un choque entre compañeros. Los partidos no son tan agresivos como en las grandes ligas europeas y eso se nota en el juego. Los jugadores tienen calidad técnica y son fuertes, pero esa competitividad no existe, a los equipos les falta dar ese pasito hacia adelante. Creo que un conjunto de la mitad de la tabla de LaLiga podría ser campeón allí, mientras que un equipo puntero japonés pasaría serios apuros para mantenerse en Primera.

Se entiende, entonces, que uno de los objetivos de los futbolistas japoneses sea jugar en alguna liga del viejo continente.

Sí, pero no porque piensen en ganar más dinero, sino porque su filosofía es la de mejorar. Incluso futbolistas de otros equipos diferentes me han pedido que les buscase algún equipo de la liga española, aunque solo fuese para entrenar un mes, pagándose ellos el viaje y la estancia. Cuando algún joven jugador destaca, su obsesión es fichar por algún club europeo, lo prefieren a jugar en China, Tailandia o Emiratos, aunque allí les paguen más dinero. También les cuesta volver a su país. Por ejemplo, Inui y Muto, que estuvieron en el Eibar, han tenido que regresar al no contar con ofertas en Europa y no lo han hecho contentos, pese a que son jugadores cotizados en Japón.

¿Le parece que hay relevo generacional a otros futbolistas nipones que sí dejaron huella en clubes europeos importantes hace ya unos cuantos años?

Lo que ocurre es que estos equipos europeos, sobre todo en LaLiga y la Premier, le tienen bastante miedo a la capacidad de adaptación que puedan tener los jugadores japoneses. Pero los hay bastante prometedores. Sin ir más lejos, el año pasado hablé con dos o tres clubes de LaLiga respecto a dos futbolistas muy interesantes. Uno era Kyogo Furuhashi, que jugaba en el club de Iniesta y valía unos cinco millones, porque en Japón los traspasos no son caros. Acabó fichando por el Celtic, está metiendo bastantes goles y ya está siendo seguido por algún equipo de la Premier, con lo que su precio se multiplicará. El otro era el central Takehiro Tomiyasu, que lo ha fichado por 20 millones el Arsenal y que lo solicité para el equipo que yo entrenaba en Segunda por un precio de 200.000 dólares, pero al director deportivo le pareció caro.

¿Por qué muchos de aquellos jugadores que fueron importantes siguen alargando su carrera deportiva en la competición nipona pese a ser muy veteranos?

Porque allí se valora mucho el prestigio y eso es un aspecto muy importante para los sponsors, lo que le permite ganar dinero al futbolista y también a su club. Dichos sponsors no son como los empresarios al uso de aquí, ellos no esperan un retorno económico, lo que realmente les importa es ligar su marca a un determinado jugador que ha sido leyenda. Una anécdota. Dos periodistas que redactaron una biografía sobre Modric, y que se tradujo al japonés, me invitaron a la presentación del libro. Le pregunté al patrocinador si esperaba vender muchos libros, pero me contestó que era lo que menos le importaba. Su producto había quedado ligado a un futbolista de relevancia mundial y eso era lo que deseaba.

Cada vez hay más técnicos europeos en aquel país, ¿eso ha dejado su impronta?

Antes casi todos los entrenadores extranjeros eran brasileños, con un estilo a la vieja usanza. Ahora, ya somos mayoría los europeos, que hemos abierto camino y tenemos una mentalidad futbolística diferente, de más posesión y posición, lo que implica que también esté cambiando el tipo de jugador que se busca. Por ejemplo, en la liga japonesa no estaba cotizado el futbolista encarador, de uno contra uno, y ello se explica por su cultura, en la que el error se castiga y le tienen mucho miedo a fallar. Ha sido un trabajo muy complicado cambiarles el chip, incluso a los porteros, para que realicen salidas por alto. Poco a poco, eso está cambiando.

¿Qué planes tiene? ¿Su idea es volver a entrenar en Japón?

Al día siguiente de acabar con mi último equipo, ya tenía algunas propuestas para entrenar en Arabia, Corea o China. Quiero recalcar que no eran ofertas en firme, sino propuestas, de esas en las que entras en una lista de posibles candidatos al banquillo. A todas les dije que no, porque mi idea es disponer de un año sabático, o puede que lo alargue a dos. Después de eso, si dispongo de salud, sigo teniendo pasión por el fútbol y hay propuestas interesantes, pues regresaré. Si se dan esas tres condiciones, lo más probable es que siga entrenando en Japón, porque me he aclimatado al país, conozco bien su liga, a la que voy a ir siguiendo desde la distancia, y porque mi obsesión es continuar mejorando como entrenador día a día.

¿Y no le gustaría dirigir a algún equipo más cercano, incluso vasco?

Hace ya bastante tiempo tuve tres ofertas de clubes cercanos, dos de Segunda y uno de Primera. No voy a revelar los nombres, pero en ellos había gente con la que ya había trabajado antes. Les agradecí su interés, con dos de modo personal y con un tercero de manera telefónica, pero decliné las propuestas.

¿Acabó muy tocado con el sambenito que le colgaron de técnico desciende equipos?

Aquello me hizo mucho daño, especialmente porque no respondía a la realidad. Siempre digo lo mismo, solo tengo un descenso del que fui responsable, el del Depor, que bajó con 43 puntos y habiendo algunas cosas raras. Si se repasan los números de otros clubes en los que estuve y luego bajaron, mis cifras particulares los salvaban, no eran números de descenso, arrastraban ya un déficit de puntos de quienes estuvieron antes en el banquillo. En algunos casos incluso me pudo el corazón, como cuando me llamó la Real. Hubo gente que me dijo que no me metiese ahí, que era un objetivo casi imposible, pero en mi familia, aparte del Athletic, también nos gustaba que ganase la Real, era uno de nuestros equipos. Afortunadamente, aquellas injustas críticas ya las tengo superadas.

A muchos parece habérseles olvidado que usted ganó una Copa con el Espanyol y les clasificó para la UEFA, hizo lo mismo con el Depor, colocó al Celta por única vez en su historia en la Champions y subió a Primera a Osasuna y Numancia.

Sí, son ciertos todos esos logros, pero las épocas que recuerdo como mis mejores momentos son los pasos que tuve por Osasuna y Numancia, quizás porque estaba empezando, porque era más joven… Allí coincidí con algunas de las mejores personas que me he encontrado en este mundo del fútbol, porque para mí siempre ha sido prioritario mantener una buena relación con tus ayudantes, dejarles su espacio, respetar su trabajo y sacarles la cara siempre. Solo hay que levantar la voz cuando es necesario, si lo haces todos los días, al cuarto ya nadie te hace caso. Tampoco hay que ser blando, hay que buscar un término medio. Como jefe, no quiero reproches, me gustan más las correcciones y buscar soluciones.

¿En qué ha cambiado aquel Lotina que dirigió a equipos de LaLiga y la etapa en la que ha entrenado a conjuntos extranjeros?

En el uso de herramientas tecnológicas de las que antes no disponíamos. En muchos aspectos, internet es bastante perjudicial, pero para el mundo del fútbol ha resultado un instrumento indispensable de cara a actualizarse. Dispones prácticamente de cualquier información sobre entrenamientos, táctica, datos de todo tipo, casi en tiempo real. Ahora todo se analiza y el fútbol ha cambiado muchísimo en pocos años. En el fútbol están inventados los conceptos, pero los detalles, que es lo que marca la diferencia en los partidos, se trabajan en el día a día. Procuro rodearme de asistentes jóvenes, que son los que mejor saben manejarse con este tipo de tecnología y que te empujan a actualizarte y reinventarte. De lo contrario, estás muerto como entrenador.

Supongo que desde la distancia habrá seguido la trayectoria de los conjuntos vascos...

Por supuesto. Destacaría a la Real, que está muy bien porque tanto dirección deportiva como entrenador van de la mano al coincidir en la idea de juego. En eso existe una gran diferencia con respecto al Athletic, algo sobre lo que discuto muy a menudo con muchos amigos que son socios del Athletic y asiduos a San Mamés. Su filosofía es maravillosa y ejemplar en todo el mundo, pero va en contra del fútbol actual y esa situación se acentúa cada vez más. Todos los grandes equipos europeos disponen de un modelo de juego claro e incorporan a sus plantillas jugadores que encajen con él. En cambio, el Athletic no lo puede hacer, tiene que conformarse con repescar todo lo bueno que haya a su alrededor y eso es una diferencia tremenda. Ojo, no estoy diciendo que esté a favor de cambiar de filosofía, pero la realidad actual va en su contra claramente. Por otro lado, Jagoba Arrasate y Braulio Vázquez están haciendo un trabajo tremendo en Osasuna y eso se está trasladando a buenos resultados y a un crecimiento constante del equipo y el club.

El protagonismo de los técnicos vascos ha crecido exponencialmente en los últimos años. ¿A qué cree que es debido?

Creo que, en gran medida, es por nuestro carácter que, aparte de darle mucha importancia al trabajo diario, nos hace ser bastante objetivos y disponer de sentido común, una cualidad muy necesaria para saber llevar un grupo y un vestuario. Ahora mismo, disponemos de técnicos vascos de mucho nivel, con proyección internacional y que han entrenado y están entrenando a conjuntos que juegan en torneos de la máxima exigencia competitiva. El nivel de los nuestros no tiene nada que envidiar con preparadores de otros países.