Oliviero Toscani, 80 años provocando
El fotógrafo milanés ha sido uno de los mas influentes del último siglo, antes en la moda y luego en la comunicación publicitaria.
Curas y monjas besándose, condenados a muerte, enfermos terminales de sida o de anorexia, recién nacidos llorando: todo esto ha sido y todavía es Oliviero Toscani, el escandaloso fotógrafo italiano que este 28 de febrero cumple 80 años. Demos un repaso a su estrepitosa carrera a través de algunas de sus mejores tomas, por lo menos las más representativas.
Oliviero Toscani, fotógrafo, milanés, es hijo de Fedele Toscani, primer fotorreportero en la historia del periodismo italiano. Trabajaba para el ‘Corriere della Sera’, y en general su labor se había centrado en prensa: había documentado, por ejemplo, los cadáveres de Benito Mussolini y de los otros fascistas en Milán, colgados en Piazzale Loreto.
No se dedicó a la moda al estilo de su hijo. A Oliviero, de todas formas, le regaló, cuando era pequeño, una cámara, una Rondine de la marca Ferrania. Muy manejable, muy simple, casi un juguete.
El contagio empezò allì, y luego se formaría ayudando a su padre en el trabajo. «Lleva esta foto al ‘Corriere’, que sale mañana», y Toscani jr. con la toma, todavía húmeda, corría hacia el mas importante periódico italiano. «No es como hoy, que se sabe todo en tiempo real –afirmaría luego Toscani–. Al día siguiente en clase mis maestros leían las noticias en el periòdico, en portada se veía la foto tomada por mi padre, pero yo ya conocía la historia, ya sabía todo y me parecia viejo».
En la década de los sesenta se empapó del espiritu rebelde o por lomenos aventuroso. El fotógrafo milanés en muchìsimas ocasiones en vez de ir al instituto se escapaba al cine a ver las películas americanas o francesas, formandose así una base estética muy fuerte. Pero cuando su padre se dio cuenta que su hijo quería ser fotógrafo de profesión le envio a Suiza, en una escuela de imagen y comunicaciòn muy prestigiosa, donde la influencia del Bauhaus era mayoritaria.
Empezó así su carrera en el mundo de la moda, la gran novedad de aquella década.
‘Chi mi ama mi segua’ y el shock-advertising
Paris, Londres, Nueva York: solamente en los ochenta Milán se convertiría en un centro mundial de la moda gracias a sus estilistas. Las fotos ya se hacìan, de los desfiles y todo en su alrededor, pero unir una marca a una imagen muy fuerte y desequilibrante era una novedad absoluta, tambièn en una sociedad hambrienta de colores y movilidad.
Toscani era la persona apta. En 1973 había suscitado un escàndalo con un anuncio publicitario de unos pantalones vaqueros, cuyo nombre era ni más ni menos que Jesucristo. En primer plano, un culo femenino, y el eslogan ‘Chi mi ama mi segua’ ( Quien me quiera que me siga).
Una frase del Evangelio adaptada de manera provocatoria a la modernidad, que cuajaba perfectamente con la atmósfera del post-1968, una era de rebeliones, eslogans y de consumismo extremo. Aquella publicidad provocó unas cuantas críticas, pero una de las respuestas más contundentes del mismo Toscani sería ‘Al final la Capilla Sistina en el Vaticano era la publicidad del Papa y de su poder, pero el Poder necesita el arte y viceversa’.
Entre los ochenta y los noventa continuaría en su trabajo comunicativo impactante, el llamado shock-advertising, firmando un acuerdo con la marca Benetton. En las campañas publicitarias de Toscani, revoluccionarias, la indumentaria no aparecía nunca; por contra, imágenes relacionadas con «los grandes temas del mundo». Es decir, igualdad de genero, de raza y de sexo, a travès de contrastes de colores (los condònes por ejemplo) y de emociones.
Benetton, gracias a Toscani, se convertiò en algo reconocible no solo por sus camisetas o pantalones, sino por su esencia de marca ‘social’, a 360 grados.
Anti-racismo
Toscani es una persona ‘larger than life’, como se dice en Estados Unidos: exagerada en todo. La colaboraciòn con Benetton se acabó ya, pero no las criticas o las frases excétricas, como cuando acusó a Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, de ser una persona «morfologicamente prehistòrica», o la Iglesia Católica de parecer a «un club sadomaso».
Acaba de ser publicada su autobiografìa, ‘Ne ho fatte di tutti i colori – Vita e fortuna di un situazionista’, donde habla de sus experiencias y de su movida vida. Seis hijos, tres mujeres, 16 nietos y unos cuantos proyectos empezando por la exposiciòn que en abril estará en Berlín, con un millar de fotos sobre los ‘nuevos alemanes’, que ya no son rubios, altos y con ojos azules, sino turcos o afganos.
Todo esto replicando uno de sus temas favoritos, la lucha al racismo y a las desigualdades. Como cuando fotografaba tres corazones identicos, escribiendo por encima de cada uno: Black, White o Yellow, Negro, Blanco o Amarillo, según la raza.
Una imagen fuerte para dar un mensaje global, tanto en la moda como en el dìa a dìa. «Si nadie me critica por lo que hago significa que lo que hago no tiene ningùn valor», es otra frase de Oliviero Toscani, un hombre que siempre ha intentado salir de la mediocridad.