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Lo que importa no son los puntos ni los anillos, sino el legado de LeBron James

Con el récord histórico de anotación ya en el bolsillo, LeBron James culmina una obra que comenzó hace más de 20 años, cuando todavía el alero de Akron acudía al instituto y sus partidos ya se podían ver en todo Estados Unidos. Pero el final de su obra aún no se ve cerca en el horizonte.

LeBron James, el gran protagonista de la jornada. (Harry HOW | AFP PHOTO)

Ya está. Ya llegó el récord esperado de LeBron James, aunque quizá un partido antes de lo debido. ¡Estaba tan cerca la opción de tomarle el relevo a Kareem Abdul-Jabbar como máximo anotador histórico de la NBA frente a los Milwaukee Bucks! ¡Tanta simbología hubiera tenido de haberse roto ese récord solo dos días después! Sea como fuere, LeBron James ya va por los 38.390 puntos y no parece que ese registro vaya a detenerse ahí. Es más, viendo es estado físico en el que el alero de Akron se encuentra a pesar de que cumplirá 39 primaveras el próximo 30 de diciembre y que lleva en la NBA desde la temporada 2003/04, nadie sabe hasta dónde puede llegar a sumar.

La barrera de los 40.000 puntos está, como quien dice, a la vuelta de la esquina para un jugador que ha declarado públicamente que no desea retirarse hasta haber jugado al menos un año junto a su hijo mayor, «Bronny» James, nacido en octubre de 2004, que actualmente juega en la Sierra Canyon School –un instituto reconocido por su programa deportivo y especialmente en lo que refiere al baloncesto– y que, salvo que la NBA varíe su reglamentación de no admitir en el draft menos de 19 años, deberá esperar como mínimo al draft de 2024 para declararse elegible. Esperar que el hijo mayor de LeBron James complete el ciclo universitario y verlo en el draft de 2027, y que al mismo tiempo LeBron James siga en el baloncesto en activo en la NBA, no parecen muy compatibles. Aunque quién sabe, visto lo visto.

Y ese «visto lo visto» no solo es el «fade away» que ha convertido para superar el registro anotador de Kareem Abdul-Jabbar; no son los 38.390 puntos que hoy jalonan su carrera y que van a quedar atrás frente a los Bucks de Milwaukee, y mucho más atrás todavía cuando se acabe la presente campaña. Ese «visto lo visto» abarca que ya por ¡2002! se hablaba de LeBron James, al punto de que hubo algún que otro partido que ya se pudo ver en los Estados Unidos en directo, partidos que a través de las redes sociales se pueden encontrar hoy en día, como el que su instituto, St. Vincent St. Mary’s, jugó contra la Oak Hill Academy de un chaval también conocido como Carmelo Anthony, un «Melo» que a día de hoy es agente libre tras pasar sin pena ni gloria por los Lakers en la pasada campaña.

«The Chosen One»

Hablamos de un hombre que lleva dentro del foco mediático más de 20 años y que a día de hoy no solo es el máximo anotador de la historia de la NBA, sino uno de los pocos, quizá el único, que le discute la condición de GOAT –Greatest Of All Time; esto es, el Más Grande de Todos los Tiempos– a Michael Jordan medianamente en serio. Cuando aún iba al instituto Sports Ilustrated lo sacó en portada bajo el titular «The Chosen One». El Elegido.

Habrá quienes pongan el número de títulos logrados por el número 23 de los Bulls y su carisma en cuanto a jugador en apariencia indestructible en unas Finales, y quienes pongan en valor que los títulos de LeBron James han llegado de la forma más variopinta posible: con un equipo lleno de estrellas como el que fueron aquellos Miami Heat campeones de 2012 y 2013, aquel 3-1 que remontó con los Cleveland Cavaliers de su casa a nada menos que los Golden State Warriors de los «Splash Brothers» en las finales de 2016 o aquel decimoséptimo anillo que lograra junto con Anthony Davis en la «burbuja» de Orlando en 2020.

Argumentos y excusas hay para dar y tomar y no es aquí donde se va a opinar cuál de los dos es mejor, entre otras cosas porque el baloncesto es un deporte de equipo y sin equipo, no hay gloria posible. Sin Pippen, ni Horace Grant ni Bill Cartwright, Michael Jordan no hubiera ganado sus tres primeros anillos –sus amargas lágrimas al caer en el desempate de la Final de la Conferencia Este ante los Pistons al sentirse abandonado por sus compañeros algo significan–, igual que sin Pippen, Kukoc, Rodman, Harper o Steve Kerr, y siempre Phil Jackson en el banquillo, tampoco hubiera habido ningún segundo «threepeat». 

El propio LeBron James quizá viera en aquellas Finales en las que sus Cavs fueron barridos por 4-0 por los San Antonio Spurs de Tony Parker –MVP de aquellas Finales–, Tim Duncan y Manu Ginóbili que con un equipo en el que el segundo mejor jugador fuera Zydrunas Ilgauskas –con la rodilla del gigante lituano ya más que lastimada por aquel entonces–. Y después de que la Conferencia Este le cerrara la puerta a las Finales entre 2008 y 2010 –dos veces los Celtics del «Big Four» y los Orlando Magic de Dwight Howard y Turkoglu– el alero de Akron quizá llegó a su punto más bajo de comportamiento ególatra, como fue montar una suerte de «reality show» para saber dónde iba a irse después de dejar los Cavs. «The Decision» llevó a LeBron a formar los «Beach Boys» en Miami, junto con Dwayne Wade y Chris Bosh, una plantilla construida para ganar y que entre 2011 y 2014 pisó todas las Finales. de la NBA.

Puntos altos y bajos

Si hablamos de puntos bajos de valoración de la carrera de LeBron James, ninguno peor que las Finales de 2011. Los Dallas Mavericks no parecían tener la suficiente fuerza física para sostener a los Miami Heat, que pese al continuo tira y afloja de LeBron con el técnico Erik Spoelstra, tuvo que ser el manager general, todo un Pat Riley, el que respaldara a su entrenador para que los Heat llegaran con aires de arrasar a aquellas Finales.

Pero para sorpresa de muchos, y cuando los Heat acariciaban el 2-0 tras ganar el primer partido y controlar el segundo con un 88-73, la franquicia texana replicaba con un parcial de 5-22, cerrado por Dirk Nowitzki, que anotó los nueve puntos finales de los Mavs para empatar la serie.

Para más inri, pese a que los Heat ganaron el tercer partido, Dallas empató la serie a dos pese a que Nowitzki jugó el cuarto partido con más de 38,5 de fiebre, encaminando a los texanos a imponerse en aquellas Finales por 2-4.

La manera de «borrarse» de LeBron James en los últimos cuartos de aquella serie marcó en cierta medida su carrera, al punto que ni ganar al fin el anillo de 2012 frente a los Oklahoma City Thunder de Kevin Durant, Russell Westbrook y James Harden por un 4´1 incontestable compensó la decepción anterior.

Sí que lo hizo su gran partido en el desempate de las Finales de 2013 ante San Antonio, luego de que en el sexto, por un lado fuera Ray Allen quien, con un triplazo, forzara la prórroga cuando los Spurs acariciaban el anillo, por no hablar de la falta no pitada sobre Ginóbili que quizá le hubiera ahorrado el tiempo extra a aquel duelo y un anillo a la carrera de «The Chosen One».

Perder las Finales de 2014 ante San Antonio y volver a Cleveland supuso, por un lado, una confirmación de que LeBron no llegaría a ser Jordan, pero poder alcanzar las Finales con unos Cavs en el que amén de Kyrie Irving, Kevin Love era el único jugador digno de All-Star, y que enfrente, desde 2015 hasta 2018, tuvo a unos Golden State Warriors estelares, todavía más estelares desde que en 2017 a los Stephen Curry, Klay Thompson o Draymond Green se le sumara nada menos que Kevin Durant.

Y, sin embargo, el anillo de 2016 cayó al fin en la franquicia de Ohio, remontando un 3-1 y con un tapón icónico de LeBron James sobre Draymond Green en el desempate de aquella serie. Green recibió en ventaja para finalizar una contra y cuando el pívot de los Warriors dejaba la bandeja, LeBron emergía desde atrás dando un brinco inesperado por longitud, altura y fuerza, al punto no solo de aplastar el balón contra la tabla e impedir el enceste del cuadro californiano, sino de estar bien cerca de darse un serio cabezazo contra el tablero. Ese esfuerzo hasta el límite de la estrella de las franquicia casi limitada a LeBron –porque a diferencia del jugador de Akron, los Cavs han tenido una suerte horrorosa con las lesiones cuando han llegado lejos en los play-offs– sí que lo elevó hasta otro nivel, pasando de estrella a icono.

Algo por lo que luchar

Aún faltaría el anillo de 2020 conquistado con los Lakers, aunque la estancia de LeBron en Los Angeles no esté resultando sencilla. Su necesidad de meter mano en las plantillas en las que ha formado parte y su descarada apuesta por jugadores veteranos en su cuesta abajo –con mención especial a Westbrook o el mentado Carmelo Anthony– para completar la plantilla con un Anthony Davis tan estelar como frágil y el propio LeBron al final han acarreado más disgustos que alegrías.

De hecho, no es idea de quien escribe ponerle un «pero» al anillo de 2020, pero el parón liguero no le vino mal a un Anthony Davis que pudo prepararse a conciencia para ser el complemento perfecto de LeBron para atacar aquel anillo.

Pero el reloj sigue corriendo y desde 2020 ya vamos para el tercer año y si en 2021 fueron los Milwaukee Bucks los que conquistaban el anillo y los Warriors recuperaban el cetro en 2022, no parece que en este 2023 Los Angeles Lakers vayan a pelear por ganar nada.

De hecho, un pequeño detalle: los Lakers han perdido frente a Oklahoma por 130-133 y en el último cuarto el bueno de LeBron ha añadido dos puntos (2) a los 36 que necesitaba. Están bien los fastos, los abrazos con Kareem-Abdul-Jabbar y Magic Johnson pero, caramba, si la idea era ganar, pues eso les salió rana, más bien.

Es más, los Lakers a día de hoy no están ni entre los 10 primeros; es decir, que si la Liga Regular terminara hoy, LeBron y su récord se iría con la música a otra parte de vacaciones. La franquicia angelina suma un balance de 25-30, ocupando la decimotercera plaza, solo por delante de unos Spurs y unos Rockets sin opciones y que bastante tienen con trabajar con sus respectivas recontrucciones de franquicia.

Cierto es que a un solo triunfo de los Lakers están los Trailblazers y los Thunder, que Utah Jazz ocupa la décima plaza con 27 triunfos y que hasta los Sacramento Kings, terceros de la Conferencia Oeste, suman solo cinco triunfos más que Los Angeles Lakers.De hecho, uno de los intentos más serios instigados por LeBron James en este mercado de agentes libres, ha sido traerse a su antiguo compañero en los Cavs Kyrie Irving de Brooklyn, luego de conocer la idea del base de salir de los Nets. Pero hete acá que Irving ha aceptado la oferta por Dallas Mavericks; es decir, desestimando el llamado de LeBron James, que se ha quedado con lo puesto para escalar en el «Wild Wild West».

Más «Wild Wild West» que nunca, de hecho, en el que los Lakers mantienen sus opciones de alcanzar la postemporada, aunque sea vía play-in, cierto, ¿pero tendrá LeBron el hambre que ha tenido hasta superar a Kareem Abdul-Jabbar? «En esa montaña de los máximos anotadores históricos de la NBA, LeBron está en la cima», bramaban los comentaristas televisivos tras el famoso «fade away» del de Akron. ¿Pero qué hay después de la cima? Nikita Khruschev le preguntó al cosmonauta Yuri Gagarin si había visto a Dios cuando sobrevoló el espacio. El cosmonauta de Klúshino le dijo que desde el espacio no se veían ni Dios ni frontera alguna. Así pues, ¿qué nuevas metas le esperan a LeBron James?

Como queda dicha la comparación con Michael Jordan persigue a LeBron desde su adolescencia. Es más, hay una frase atribuida al de Akron en el que decía algo tal que «si me esfuerzo, seré mejor que Jordan; si no lo hago, solo seré mejor que los demás». Sea real o no esa frase, lo cierto es que la ética de trabajo ha sido proverbial en el caminar del baloncesto de LeBron James, así en los momentos más altos com o en los peores. A pesar de que ha podido huir de graves lesiones como pudo padecer Kobe Bryant –que antes de retirarse encadenó una grave lesión de ligamento anterior cruzado de una rodilla con la rotura del tendón de Aquiles–, el juego del LeBron James de hoy nada tiene que ver con el de aquel que debutaba en 2003 o ganaba su primer anillo en 2012.

El tiempo pasa, nos vamos volviendo viejos, pero quien entendió el basket con la cabeza y no solo con las piernas, retiene cómo seguir siendo productivo. Pero al mismo tiempo, el descanso, la mejoría en las técnicas de recuperación o la alimentación son cruciales para mantener un exigencia máxima durante dos décadas, por no hablar de la profesionalidad del propio jugador, por lo que demuestra no solo tener talento y un físico superdotado, sino también una mentalidad de hierro.

I Promise

Una mentalidad de hierro que, aunque parezca mentira, se ha mojado por su sociedad, al menos a su manera. Amén de ser uno de los mecenas en su día en las campañas por Barack Obama, y junto con otros jugadores participó en la plataforma «More Than a Vote» para hacer que la comunidad afroamericana regresara a la urnas.

Asimismo, LeBron James ha puesto de su bolsillo para financiar programas escolares a chicos y chicas de su propia localidad natal. Una de las iniciativas más importantes lideradas por James fue la inauguración en el año 2018 de la escuela «I Promise» en Akron. «Abrir esta escuela es el logro más importante de mi carrera profesional", declaró James en 2017. «Campeonatos, MVPs, puntos, rebotes, asistencias, eso da igual. Pero poder abrir una escuela y devolverle todo a mi ciudad, a tantos chiso que conozco porque yo fui como esos chicos, está bien arriba», añadía.

Es triste que la filantropía deba hacer lo que los organismos públicos no hacen porque no parecen ni pensados para ello. La escuela «I Promise» fue creada en asociación con el sistema de escuelas públicas de Akron y con LeBron James, mediante su fundación, como donante principal. Posee un foco diferente a otras escuelas tradicionales del sistema público: tiene un calendario más largo con un programa de aprendizaje acelerado para los chicos que pueden llegar con algunas dificultades, actividades extra escolares, la donación de una bicicleta para cada nuevo alumno, un banco de alimentos para proveer a las familias, uniformes y una oficina de asistencia de búsqueda de empleo para los padres de los alumnos. La fundación de James se hace cargo de esos costos extra no cubiertos por el estado.

Además, los graduados de la primera promoción de alumnos de la escuela que cumplan con los requisitos académicos y extracurriculares exigidos serán becados en la Universidad de Kent State, mientras que un acuerdo de la fundación con la Universidad de Akron servirá para becar a más estudiantes de la región.

¿Le queda alguna frontera por conquistar a LeBron James? Jugar con su hijo mayor, quizás. ¿Que se le considere igual de bueno o quizá hasta mejor que Jordan? Pero, en realidad, ¿eso importa? LeBron James dejará un legado al baloncesto, con sus altibajos y sus claroscuros, sus aciertos y sus errores. Pero el baloncesto será otro, sin duda mucho mejor, en parte gracias a LeBron James.