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El Rinascimento del fútbol italiano en Europa

Tres equipos de la Serie A están, tras una larguísima sequía, en las finales de las competiciones continentales: Inter, Roma y Fiorentina. Analizamos sus recorridos y sus historias.

Lautaro Martínez celebra el pase a la final con la hinchada del Inter. (Isabella Bonotto | AFP)

Milán, Florencia y Roma: tres ciudades, tres finales en las competiciones europeas de fútbol. Champions League, Europa League y Conference League, cada una con su equipo italiano, algo que no ocurría desde 1994, cuando realmente el Calcio era una superpotencia continental.

Ahora no, así que resulta muy inesperado este «Rinascimento» que incluso acabar con un plenazo histórico, algo inédito desde 1990, cuando el Milán, la Sampdoria y la Juventus aplastaron a todos los rivales en Liga de Campeones, Recopa y Copa UEFA.

Inter, desde lejos

El mini-campeonato de los entrenadores emilianos lo ha acabado ganando Simone Inzaghi con su Inter: Pioli quedó eliminado en el derbi, Ancelotti fue aplastado por el Manchester City y ha quedado solo el piacentino. Como en 2010, de nuevo los nerazzurri estarán en el gran baile de la final de la Champions League: hace 13 años el equipo entrenado por José Mourinho ganó al Bayern de Munich en el Santiago Bernabeu gracias a dos goles de Diego ‘El Príncipe’ Milito. Desde aquello ningún otro equipo de la Serie A ha conseguido este trofeo, aunque la Juventus en dos ocasiones haya rozado el premio, perdiendo las finales de 2015 y 2017 contra el Barcelona y el Real Madrid.

El último obstáculo para el Inter será el colosal City de Pep Guardiola, que ha ridiculizado el mismísimo Real Madrid. Es evidente que el club inglés será el favorito el 10 de junio en Estambul. Sin embargo, si hay un equipo matagigantes en esta Champions League es el de Simone Inzaghi, que en la primera fase ya eliminó al Barcelona en un grupo donde también estaba el Bayern (por cierto, el único capaz de derrotar –dos veces además– a los nerazzurri en esta competición). Un Inter que no era el favorito ni contra el Oporto ni contra el Benfica, en octavos y cuartos, y que en el imprevisible (a priori) derbi de semifinal ha dominado a los «primos» del Milán.

Nadie daba mucho crédito al Inter esta temporada, pero se jugará la final como mejor le viene; a lo David contra Goliath-City

 

Nadie había dado mucho crédito al club milanés durante esta temporada, pero ahora no hay mejor situación que jugarse la vida a lo de David contra Goliath; un grupo de outsiders plantando cara a un largo listado de fenómenos encabezados por el «monstruo» Haaland. De Darmian a Bastoni, de Acerbi a Dimarco, el Inter tiene un alma italiana muy reconocible: mejor dicho, muy lombarda, más el revulsivo de Barella, mediocampista de Cerdeña que probablemente, con todo el respeto para el fenomenal Lautaro Martinez, es su hombre-franquicia.

La ciudad de Milán es la única que ha ganado la Champions con dos equipos, y el City podría convertir a Manchester en la segunda después de los lejanos triunfos del United. A pesar de las cuotas que dibujan el partido de Estambul como una especie de pasillo para los hombres de Guardiola, no les será un encuentro fácil.

El mismo Mourinho de siempre

El dato fue contundente: Bayer Leverkusen, 23 tiros a puerta; Roma, uno solo. A pesar de este dominio territorial abrumador, los alemanes de Xabi Alonso tuvieron que abandonar la Europa League, eliminados en la semifinal tras el 1-0 de la ida en el Estadio Olímpico.

José Mourinho ha cumplido otro milagro, llevar a la Roma a otra final europea después de la victoria de 2022 en la Conference League. Dos finales europeas seguidas: si alguien se lo hubiese anticipado a un hincha giallorosso hace un par de años, la respuesta hubiera sido una larga carcajada.

Paso a paso, sin embargo, la Roma ha llegado a la final de Europa League contra el Sevilla de José Luis Mendilibar eliminando en el camino también a la Real Sociedad. Todas las eliminatorias han resultado ciertamente bastante parecidas: un equipo casi atrincherado atrás, contras rápidas y algunas pinceladas de buena suerte, como sobre todo ocurrió en los cuartos de final contra el Feyenoord, cuando Dybala llevó el partido a la prórroga con un gol digno de malabarista en los últimos minutos de juego.

Destacan en este equipo la fortaleza defensiva y la capacidad de reacción: en cada encuentro algún jugador de la Roma se lesiona, pero a pesar de los obstáculos el grupo hace de la necesidad virtud, apretando aún más, como hizo efectivamente en la semifinal contra el Bayer, equipo joven y brillante frustrado en sus intentos rematadores.

Mourinho ha conseguido una simbiosis absoluta con la Roma; en Leverkusen fue como si toda la ciudad ‘giallorossa’ protegiera la portería

 

En la ida decidió un gol de Bove, canterano pescado por Mourinho cuando todos los mediocentros estaban tocados, rotos o sancionados. En la vuelta, como queda dicho, 23 intentos frustrados por parte del equipo de Xabi Alonso. Esto es mucho más que el mitificado autobús aparcado dentro del área para proteger el resultado, revela una especie de simbiosis absoluta entre un entrenador, el equipo y la ciudad, como si junto a los defensas y al portero estuviera toda la parte giallorossa de Roma atrincherada con su nuevo ídolo.

Segunda final consecutiva para Mou con la Roma, un particular idilio. (AFP)

Los símbolos del equipo en el campo son tres, y todos italianos a semejanza del Inter: el defensa Gianluca Mancini, perfecto en su papel de estorbo a lo Chiellini; Bryan Cristante, que para tapar huecos en la plantilla ha jugado prácticamente en todas las posiciones del campo salvo portero; y el delantero Andrea Belotti, que no ha metido ni un gol durante toda la temporada pero sigue dando caña arriba, sobre todo presionando y sacrificándose a destajo.

Además de Mourinho, claro, que ha llegado a su quinta final europea, donde nunca ha perdido. Ganando en Budapest el 31 de mayo, en Roma puede soñar con una estatua en el Capitolio. 

Fiorentina, un proyecto ambicioso

Y por segunda temporada consecutiva habrá un equipo italiano en el último acto de la Conference League, que para muchos podría equivaler a una especie de trofeo de consolación pero que al fin y al cabo llena el palmarés. Milán, Roma y Florencia, como cuando en la Edad Media Italia (en que Italia que todavía no existìa) mandaba en el mapa europeo con sus familias y reinados ultrapoderosos.

Aquí no están los Medici, los señores de la Toscana, sino un proyecto muy ambicioso encabezado por el presidente italo-americano Rocco Commisso, multimillonario empresario de las comunicaciones que ha llegado a Florencia para dejar su legado. Con su accento medio yankee y medio del sur del Belpaese, con sus «ok?» para hacerse entender mejor, ha conseguido encontrar a las personas más aptas. Ha sabido vender bien sus joyas (Chiesa y Vlahovic a la Juventus, por ejemplo) y comprar aún mejor.  

La Fiorentina juega realmente bien al fútbol bajo la batuta de un antiguo centrocampista defensivo llamado Vincenzo Italiano

 

La Fiorentina es un equipo que juega realmente bien al fútbol y que tiene un entrenador que ha hecho de este lema su bandera: Vincenzo Italiano. Excentrocampista defensivo de equipos de la parte media-baja de la tabla, como técnico ha decidido imprimir su particular estilo, ya con el pequeño Spezia, al que llevó desde la Segunda División hasta la Serie A. Ahí se ha convertido en un hombre de moda, y la Viola, el club morado, en el representante de una ciudad majestuosa bella como Florencia. Todo ello tras apostar por este nativo de Karlsruhe, en Alemania, hijo de una familia siciliana.

Los jugadores de la Fiore festejan el pase a la final dejando fuera al Basilea.

Commisso e Italiano, dos que no son italianos al 100%, juntos en este proyecto digno de una gran familia del verdadero Rinascimento, aquel movimiento artístico-cultural que transformó al menos dos siglos entre 1400 y 1600. El presidente como mecenate: el entrenador, como arquitecto o, si se quiere, incluso pintor.

La Fiorentina fue ya la primera representante italiana capaz de llegar a una final de la Liga de Campeones, entonces Copa de Europa, en 1957, perdiendo contra el Real Madrid, y ha ganado un título europeo, la Recopa, en el lejano 1962. Ahora su reto es derrotar al West Ham, pero que no se hable de la Conference League como un trofeo de consolación, ¿ok?