Croacia recuerda con filmes, exposiciones y libros los 30 años de la muerte de Drazen Petrovic
Sibenik, su ciudad natal, acogerá este miércoles un acto de homenaje el día en el que se cumple el trigésimo aniversario de la muerte del «Mozart del baloncesto» a causa de un accidente de coche en Alemania, cuando el esxcolta croata aún no había cumplido los 29 años.
Vous n'avez plus de clics
Este miércoles día 7 de junio se cumplen 30 años del accidente de automóvil que le costó la vida a Drazen Petrovic, uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto en Europa y uno de los más icónicos de la década de los 80 y principios de los 90, por su su talento, por su carisma –por la admiración y odio que despertaba a partes iguales– y por ser, junto con Arvydas Sabonis, Sarunas Marciulionis, Toni Kukoc, Aleksander Volkov, Dino Radja y pocos elegidos más, de los primeros europeos no formados en las universidades norteamericanas en conseguir llegar y asentarse en la NBA.
Este trigésimo aniversario de la muerte del «Mozart del baloncesto» será recordada en Croacia con la publicación de documentales y libros que recuerdan sus éxitos deportivos pero también su condición de modelo para la juventud.
Sibenik, la ciudad croata donde nació, acogerá este miércoles un acto de homenaje en el monumento que lleva su nombre, con una ofrenda floral, y luego un partido en su honor con jugadores jóvenes de Canadá, Croacia, Montenegro y República Checa.
También saldrá a la venta un nuevo libro sobre su vida, al tiempo que varios periódicos van a publicar suplementos especiales sobre el deportista.
«Nuestro Pequeño»
El sábado, por su parte, se estrenará en esa ciudad un documental sobre el jugador.
Asimismo, en un céntrico parque de Zagreb se ha montado una exposición con carteles que recuerdan su vida y su carrera que arrancó cuando el genio de Sibenik tenía 15 años y que se truncó antes de que cumpliera los 29, siendo ya una estrella consagrada de la NBA, al punto de que fue elequido en el Tercer Mejor Quinteto de la campaña 1992/93, solo por detrás en la posición de escolta de figuras como Michael Jordan y Clyde Drexler.
«Drazen fue y sigue siendo un ejemplo a seguir. Para todo el mundo fue un gran baloncestista y, para nosotros de Sibenik, es también 'nuestro pequeño'», ha explicado recientemente a la televisión pública crosta HTV Ivana Guberina, directora del nuevo documental.
La película, que que precisamente se títulq «Nuestro pequeño", se centra en la juventud que Petrovic vivió en Sibenik, pero también en la inspiración que supone aún para los jóvenes y todo lo que sigue significando hoy en día.
«Sus logros deportivos, sus títulos, sus reconocimientos se debieron a su talento, pero también a su trabajo, a la perseverancia con la que se empujaba a él mismo hacia la perfección. El documental muestra que si te esmeras, el éxito no faltará» comenta el diario Vecernji list, coproductor del filme.
El menor de los hermanos Petrovic es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto del mundo y está incluido entre las 50 personas que más contribuyeron a la Euroliga, uno de los iconos de la ola de jugadores de baloncesto europeos en la NBA.
El escolta murió en un accidente de tráfico en Alemania, el 7 de junio de 1993, «uno de los peores días que recuerdan todos los que vivían en la época», según señala el diario deportivo croata ‘Sportske Novosti’.
Una exposición en el céntrico parque Zrinjevac de Zagreb, presentada por el Centro memorial Drazen Petrovic, recuerda a través de una serie de paneles los momentos más destacados de la rica carrera de Petrovic.
Ganar y perder intensamente
Comenzó a los 15 años en club de su ciudad natal y luego, ya con el Cibona Zagreb, uno de los mejores clubes europeos de la época, a las órdenes del grande y siniestro Mirko Novosel, ganó dos títulos yugoslavos y la Copa de Europa de 1986, una polémica final ante el Zalgiris Kaunas mediatizado por las provocaciones de los balcánicos, con el punto culminante del cabezazo de Sabonis a Mihovil Nakic, lo cual supuso la descalificante del pívot soviético y el camino expedito al título para los croatas.
En 1988, todavía con 24 años, en una época en la que la ley establecía que los jugadores yugoslavos no tenían permiso para jugar para un equipo extranjero antes de los 28, siguió su carrera en el Real Madrid. Nunca congenió con Fernando Martín, el hasta entonces líder indiscutible del cuadrio merengue, pero de la mano de Petrovic el conjunto que dirigía Lolo Sainz se llevó la copa, derrotando al Barça en la final, la Recopa de Europa, superando en la prórroga por 117-113 al Snaidero de Caserta de otro grande como Oscar Schmidt Bezerra, en el que el escolta croata anotó la friolera de 62 puntos.
La decepción llegaría en la final de la Liga ACB, también contra el Barça. Luego de anotar 42 puntos, con ocho triples, en el cuarto partido de aquella serie final, el desempate del palau Blaugrana fue uno de sus tragos más amargos. Primero, por la defensa mixta «caja y uno» –cuatro en zona y Solozabal encima de Petrovic– que ideó Aíto García Reneses y que secó y desesperó al de Sibenik. Seguno, por el «concierto de pito» del árbitro bilbaino Juanjo Neyro, que supuso que el Real Madrid terminara con tantos eliminados que acabaron jugando solo cuatro porque no había más efectivos. Para más inri, el delirio del Palau Blaugrana se completó con los jugadores del Barça, en especial un espectacular Andrés Jiménez, se burlaron con saña de Petrovic y del cuadro madridista imitando los gestos que el propio Petrovic solía dedicar a sus rivales.
Tras aquel mal trago, el genio de Sibenik «huyó» a la NBA en 1989. En Portland, a la sombra de Drexler, tuvo muchos menos minutos de los que su trabajo mereció –se vio a un Petrovic mucho más musculado que en Europa para sobrevivir a la jungla de escoltas y aleros físicos de la NBA–, en buena medida por la falta de atrevimiento del técnico Rick Adelman.
Después de un año decepcionante con los Trail Blazers de Portland fue traspasado a los New Jersey Nets, donde triunfó con todas las de la ley, aunque fue a caer en una franquicia que era un caos. Tras la trágica muerte del escolta croata, el equipo incluso retiró para siempre su camiseta con el número 3.
Con la selección de Yugoslavia ganó el bronce en los Juegos Olímpicos de 1984, y la de plata en 1988. En Barcelona 1992, ya con el combinado croata, volvió a llevarse la plata.
En su palmarés se cuentan el oro del Mundial de 1990 y el bronce del Mundial de 1986, mientras que se llevó el oro del recordado Eurobasket de 1989 –cuando la Generación de Oro de Yugoslavia arrasó xon todo con el famoso «juego libre organizado», uniéndose los Divac, Kukoc, Radja, Danilovic o Zdovc al propio Drazen Petrovic, Vrankovic o Cutura– y el bronce en el de 1987.
Por contra, se hizo notar su ausencia en el Eurobasket de Roma en 1991 –por más que Yugoslavia ganase el oro sin problemas, de la mano de un Kukoc de antología–, con la Guerra de Yugoslavia llamando a la puerta, luego de que renunciara a compartir vestuario con Vlado Divac, tristemente conocido por arrancarle de las manos la bandera croata a un seguidor en el Luna Park de Buenos Aires durante la celebración del oro yugoslavo del Mundial de 1990. El mítico documental «Once Brothers» producido y protagonizado por el propio Vlado Divac, trató de cerrar de alguna manera esa herida abierta
Desde el año 2002, Drazen Petrovic figura en el Salón de la Fama del Baloncesto de Springfield, en los Estados Unidos.