Grandes favoritos, regeneraciones forzosas y renovaciones traumáticas
Repaso a los grupos E, F, G y H de la primera fase del Mundial de Australia y Nueva Zelanda, que arranca este jueves en Auckland.
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Con el encuentro que acogerá el Eden Park de Auckland entre Nueva Zelanda y Noruega echará a andar el Mundial. Será la novena edición del torneo femenino organizado por la FIFA, que por primera vez cuenta con dos organizadores y, también por primera vez, se disputa en el hemisferio sur, elevando a 32 el número de participantes. En la cuenta atrás del torneo, NAIZ ofrece una pequeña guía de los ocho grupos en los que se disputará la primera fase y que determinará los 16 equipos que se clasifiquen para los octavos de final.
Grupo E
Los dos últimos finalistas y dos debutantes. O lo que es lo mismo, Estados Unidos, Países Bajos, Vietnam y Portugal conforman el Grupo E, en el que está claro cuáles son los dos grandes candidatos a la clasificación para octavos.
Poco se puede decir que no se sepa de la selección norteamericana. Tetracampeona del mundo y olímpica, sumando sus quince participaciones en ambos torneos, solo en una ocasión, Rio 16, se ha quedado sin medalla. Defiende el título que conquistó hace cuatro años en Francia aunque lo hace con un equipo radicalmente diferente, por el relevo generacional pero sobre todo por las lesiones. Es una de los equipos más afectados por las bajas aunque, en cierto modo, esa circunstancia ha permitido a Vlatko Andonovski renovar la selección sin entrar en polémicas con futbolistas que lo han sido todo en la espectacular trayectoria de Estados Unidos. Heath, Sauerbrunn, Sam Mewis, Press, Pugh, Macario… la lista de jugadoras lesionadas o que no han recuperado su mejor versión tras pasar por la enfermería es interminable. Se les une la ya retirada Carli Lloyd, cuyo camino seguirá a fin de año Megan Rapinoe. A cambio, Andonovski llega al Mundial con una nueva generación de futbolisas deslumbrantes –Girma, Smith, Rodman...–; tanto, que su equipo sigue partiendo como principal candidato al título.
En Francia lo conquistó derrotando en la final a Países Bajos, que sigue tratando de recuperarse a la marcha de Sarina Wiegmann, con la que enlazó el oro europeo y la plata mundial. No le fue bien a Mark Parsons, con el que las oranjeleeuwinnen cayeron en cuartos de la última Euro, donde no tuvieron suerte con las lesiones y el covid, y ofreciendo fútbol con cuentagotas. Le costó el puesto al técnico inglés, al que sustituyó el veterano Andries Jonker. Llega al Mundial con un equipo similar al de la última cita continental –incluyendo a Damaris Egurrola– y con la incógnita de saber cómo hara frente, deportiva y emocionalmente, a la baja de Viviane Miedema, que no se ha recuperado a tiempo de la rotura del cruzado que sufrió el pasado otoño.
La continuidad que le ha faltado al equipo neerlandés en los últimos tiempos la tiene de sobra Portugal. Debuta en el Mundial pero lo hace con el mismo bloque con el que ha conseguido dar sus primeros pasos en la elite: las Eurocopas de 2017 y 2022 –en ambas cayó en la fase de grupos pero en Inglaterra causó una gratísima impresión– y esta primera participación en el Mundial, al que ha llegado tras un camino maratoniano. Segundo en su grupo en la fase de clasificación europea, tuvo que disputar primero el play-off continental, en el que derrotó a Islandia, y después la repesca intercontinental, en la que superó a Camerún. Todo ello bajo la batuta de Francisco Neto, en el cargo desde 2014, y que ha confeccionado una lista con apenas cuatro novedades respecto a la Euro, incluyendo la presencia de la txuriurdin Andreia Jacinto, que el verano pasado no pudo viajar a Inglaterra tras lesionarse en el último momento.
También será la primera experiencia mundialista para Vietnam. Un equipo joven, que disputó su primer partido oficial hace apenas 25 años. Todo lo contrario de su técnico, Mai Duc Chung, el más veterano del Mundial a sus 72 años y con una larguísima experiencia en los banquillos, casi en su totalidad en diferentes selecciones de su país. Fue el primer seleccionador de la femenina, con la que consiguió también su primer éxito, el bronce en los Juegos del Sudeste Asiático en 1997. Ahora lo redondea con la primera clasificación mundialista del país. Se jubilará tras un torneo para el que se han clasificado beneficiándose del aumento de participantes tras acabar en la sexta plaza la Copa Asiática del pasado año.
Grupo F
Francia, Brasil, Jamaica y Panamá pelearán por dos billetes a octavos. Debutan las centroamericanas, repiten las caribeñas, quieren superar su listón las europeas y sueñan con reverdecer laureles las sudamericanas.
No se ha perdido un Mundial Brasil, que llega a éste tras adjudicarse su octava Copa América. Lo hace sin la eterna Formiga y tampoco están Cristiane, Beatriz, Andresinha o, tras romperse el cruzado, Ludmila. Pero sí está Marta, recuperada de la rotura de ligamento que amenazó con jubilarle el año pasado y que disputará nada menos que su sexto Mundial, de debutar en el 2003. Con la mejor futbolista de la historia ha conseguido Brasil sus mayores exitos –la plata mundial de 2007 y las platas olímpicas de Atenas y Pekín– y con ella aspira a una nueva época dorada tras haber caído en la primera eliminatoria tanto en los dos últimos Mundiales como en los Juegos de Tokyo. Lo intentará con otro mito en el banquillo, Pia Sundhague, que ya obtuvo dos oros olímpicos y una plata mundial al frente de Estados Unidos otra plata en Rio con Suecia y que el pasado verano se convertía en la primera entrenadora en conquistar la Copa América. Pese a ese éxito ha seguido rejuveneciendo el plantel, con el que siete futbolistas disputarán ahora su primer gran torneo.
La renovación ha sido bastante más traumática en Francia. Tras la enésima polémica de Corinne Diacre y coincidiendo con el relevo en la ejecutiva de la Federación, la técnica gala fue cesada –y convenientemente indemnizada– para dejar su sitio a veterano Hervé Renard. Éste tomaba el testigo tras rescindir su contrato con la selección masculina de Arabia Saudí, con la que también disputó el Mundial el año pasado –en el que, por cierto, su selección fue capaz de derrotar a Argentina aunque después no pudiera pasar de la fase de grupos–. Ha calmado los ánimos, aparentemente, y sin demasiado tiempo ha hecho un equipo más a su medida aunque las lesiones le han impedido que fuera el que quería. A última hora se le ha caído Amandine Henry, que regresaba tras el «castigo» de Diacre, y tampoco estarán Katoto –todavía sin acabar de recuperarse tras romperse el cruzado en la pasada Euro–, Cascarino o Mbock Bathy, además de una Bilbault a la que Diacre había encomendado, con bastante éxito, el papel de Henry y a la que el relevo en el banquillo ha dejado fuera de la selección. Su rendimiento es una de las muchas incógnitas de este Mundial, en el que las galas quieren superar el papel de eternas aspirantes al podio, que todavía no han podido pisar y por el que pelearán en los últimos coletazos de su generación de oro.

Esa que está permitiendo a Jamaica vivir el mejor momento de su todavía corta historia. Bronce en las tres últimas ediciones del Torneo de la CONCACAF, el equipo caribeño debutó en Francia y repite cuatro años después, ahora con Lorne Donaldson en el banquillo tras el polémico paso de Vin Blaine. Un buen grupo de futbolistas que no llegan a los veinte años se unen al equipo liderado por Khadija Bunny Shaw, gran estrella de una selección más peligrosa en ataque que segura en defensa, que ha saldado su primera temporada en el fútbol inglés erigiéndose en la máxima goleadora de la WSL.
A todo eso tendrá que hacer frente Panamá, que debuta en el Mundial tras superar a Papúa Nueva Guinea y Paraguay en la repesca intercontinental. A las órdenes de Nacho Quintana, el equipo centroamericano llega a la cita con el objetivo de «disfrutar», «aprender» y «poner las primeras piedras» de un proyecto a largo plazo con el que espera convertirse en un habitual de las grandes citas internacionales.
Grupo G
Sudáfrica, Italia y Argentina comparten grupo con uno de los principales favoritos al título, una Suecia a la que han respetado las lesiones más que a sus rivales, lo que le permite dar continuidad a un proyecto repleto de buenos puestos y grande futbolistas.
La de Hana Glas –además de una Lindahl en la recta final de su larguísima carrera– es prácticamente la única gran ausencia a la que tiene que hacer frente Peter Gerhardsson. Pocos más cambios hay en la lista del veterano técnico respecto al bloque que logró el bronce en el Mundial de Francia y la plata en los Juegos de Tokyo y que alcanzó las semifinales en la pasada Euro. Rolfo, Blackstenius, Eriksson, Sembrant, Hurtig, Ilestedt, Asllani…; casi puede cantarse de carrerilla la lista de Suecia, plagada de futbolistas de máximo nivel, que además se conocen perfectamente y que ya han demostrado su capacidad para desarrollar un fútbol tan atractivo como eficiente y que volverán a estar capitaneadas por la incombustible Caroline Seger.
No habrá debutantes en este grupo pero no es demasiado larga la experiencia mundialista del resto de sus integrantes. Es el segundo para Sudáfrica, que debutó en Francia y llega al torneo tras adjudicarse por primera vez la Copa África. Siempre con Desirée Ellis en el banquillo, las africanas han ido modulando su fútbol para ganar en rigor defensivo y obtener mayor rendimiento así de sus jugadoras ofensivas. No estará Van Wyk, que anunció conjuntamente con Ellis que no estaba en sus mejores condiciones para afrontar una cita de esta envergadura, evitando así una polémica que ha rozado la ausencia de otras jugadoras como Motau o Ngobeni.
Más notables son los cambios en una Italia que no quiere dejar pasar el «momentico» que protagonizó en Francia 2019. Regresó al Mundial tras viente años de ausencia y, aunque cayó en cuartos, dejó una gratísima impresión que solo repitió en parte en la última Euro. En Inglaterra no pasó de la fase de grupos pese a lo que Milena Bertolini se mantuvo en el cargo. No así buena parte de las futbolistas con las que disputó esos dos torneos. No han viajado esta vez Bofantini, Piemonte, Sabatini, Bergamaschi o, sobre todo, Sara Gama, símbolo del fútbol italiano en la última década, que no se tomó demasiado bien la decisión de la seleccionadora.

Con la ilusión de ganar su primer partido –poco le faltó en Francia– llega Argentina a su cuarto Mundial, ahora a las órdenes de Germán Portonova. Bronce en la Copa América, la albiceleste se apoyará en la experiencia de las futbolistas que militan en las grandes Ligas, como Cometti, Larroquette o, sobre todo, Estefania Banini, sin olvidar a una Yamila Rodríguez que acabó la última Copa América como máxima realizadora.
Grupo H
Alemania, Colombia, Marruecos y Corea del Sur completan el último grupo de la primera fase del Mundial, en el que el primer puesto parece asegurado para las europeas, mientras las otras tres selecciones deberían pelear por el segundo.
Incluyendo Marruecos, pese a su calidad de debutante. Con la organización de la Copa África a la vista –repetirá en la próxima edición–, la Federación norteafricana realizó una apuesta por su selección femenina. Reynald Pedros, ganador de Liga y Champions al frente del Olympique, llegó al banquillo en 2019 para liderar un proyecto a medio plazo, que se ha saldado con un doble éxito: la plata de las marroquís en el torneo continental, que no disputaba desde hacía más de veinte años y en el que nunca había pasado de la fase de grupos, y la consiguiente clasificación para su primer Mundial. Ghizlane Chebbak es la estrella de un bloque al que Pedros ha dado confianza y continuidad.
Lo mismo ha hecho Nelson Abadia con la selección de Colombia que conquistó la plata en la Copa América que organizó el pasado verano. Hay futbolistas de primera línea que siguen vetadas en el equipo nacional, que además no podrá contar con Gisela Robledo, enésima víctima de la maldición del cruzado, pero la presencia de Mayra Ramírez, Leicy Santos, Catalina Usme o Linda Caicedo convierten a Colombia en una selección más temible de lo que puede dar a entender su curriculum.
Menos conocidas son las futbolistas de una Corea del Sur que disputa su tercer Mundial consecutivo tras alcanzar, por primera vez en su historia, la final de la última Copa Asiática, en la que cayó ante China en el descuento tras haber marchado con dos goles de ventaja en el marcador. Colin Bell tratará de contrarrestar con rigor táctico y el factor sorpresa la escasa experiencia internacional de las futbolistas –solo cuatro militan en clubes extranjeros–, más allá de la que acumulan con la selección.
El rival a batir del grupo será una Alemania que parece haber superado su bache de la mano de Martina Voss Tecklenburg y que, junto a Suecia y Estados Unidos, parece la gran favorita al título. Lo tiene prácticamente todo para intentarlo: una buena entrenadora –ya guió a Suiza a sus primeros Mundial y Eurocopa y a la propia Alemania a la plata en el último torneo continental–, un equipo con calidad y muchísima experiencia, incluso en el caso de futbolistas que superan por poco los veinte años, que se conoce a la perfección y que, como Suecia, hace frente a menos bajas que muchos de sus rivales. Pierde a Gwinn, también con rotura de cruzado, y a Schult por embarazo. Y Goessling o Marozsan ya no están. Pero recupera a Leupolz y cuenta con Popp, Huth, Oberdorf, Dabritz, Frohms, Schuller… y así casi hasta el infinito. Y, claro, con el gen competitivo de una selección, que además llega reanimada tras su gran papel en Inglaterra el verano pasado.