Serbia regresa a la final del Mundial tras dar un clínic de aprovechamiento de recursos
Svetislav Pesic retorna a la final de un Mundial tras el oro que conquistase en 2002 y Serbia repite final tras la plata de la edición de 2014. El conjunto «plavi» ha batido por 95-86 a una Canadá que no ha logrado explotar su superioridad física y que ha caído ante el talento de Bogdan Bogdanovic.
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Serbia es el primer finalista del Mundial de baloncesto, luego de haber superado por 95-86 a un seleccionado de Canadá que partía con la vitola de principal alternativa a los Estados Unidos. Sin embargo, en una conjunción de causalidades, empezando los 23 puntos de Bogdan Bogdanovic, el seleccionado plavi ha conseguido volver a una final tras su medalla de plata de la edición de 2014 y realizando un clínic absoluto de aprovechamiento de recursos.
Svetislav Pesic ya tiene 74 años y a sus malas pulgas y a su peculiar sentido del humor hay que añadirle una sensación de estar de vuelta de todo desde hace ya muchos años. En buena medida, en ese lugar tan poco estable que dicen que es la Federación Serbia de Baloncesto, la elección de Pesic como seleccionador después del fallido experimento con Igor Kokoskov –un Kokoskov que venía de lograr el oro con Eslovenia, ante Serbia, en el Eurobasket de 2017 y que fue el primer entrenador europeo en dirigir un banquillo de la NBA–, hubo dos elementos que jugaron a favor del técnico de Novi Sad.
Primero, su carácter de la «vieja escuela» en forma de órdenes, gritos y sentencias en los tiempos muertos ante la aparente «blandura» de un Kokoskov acostumbrado a los banquillos de la NBA, donde los jugadores mandan mucho más que los técnicos. Asimismo, la edad y el carácter especial de Pesic lo vuelven «ideal para llevar una selección»; es decir, una eufemística manera de decir que no hay plantilla que aguante ya durante una temporada entera las excentricidades del veterano entrenador a estas alturas de la vida.
Pero hete acá que Pesic, con todas sus carencias y rarezas, lo ha vuelto a hacer.
Por encima de las ausencias
El mismo Svetislav Pesic que llevó a la medalla de oro a la selección de Yugoslavia –Serbia y Montenegro, en aquel entonces– en el Mundial de 2002 –clamoroso atraco arbitral a una Argentina que perdió aquella final en la prórroga pese a no poder contar con Ginóbili, lesionado en las semifinales–.
Un Mundial aquel en el que narra la leyenda que los jugadores NBA más jóvenes del seleccionado «plavi» –Stojakovic, un Radmanovic que fue apartado del equipo, Pedrag Drobnjak, Zarko Cabarkapa o Marko Jaric– estuvieron a punto de «amotinarse» o «desertar» de la concentración por los modos y maneras de su seleccionador, y que solo lo impidiió la intervención y el ascendente de un Vlade Divac en pijama en los pasillos de su hotel de concentración –un Divac que era el último superviviente de la «generación de los niños de Bormio», aquel Mundial u19 de 1987 que la Yugoslavia unida venció con el mismo Svetislav Pesic como entrenador y con jugadores de ensueño como Toni Kukoc, Dino Radja, Sasha Djordjevic o Luka Pavicevic, entre otros–, con la el voto favorable de los «europeos» de aquel conjunto, como Dejan Bodiroga, Igor Rakocevic, Dejan Koturovic o “Malatras” Milan Gurovic.
Y en esta Serbia de 2023, sin Nikola Jokic, ausente para descansar y por la boda de su hermano; sin Vasilije Micic, que después de amagar durante varios años, al fin dará su salto a la NBA; sin Milos Teodosic, apartado hace ya tiempo por Pesic de la selección, al igual que Nemanja Nedovic, que dejó la concentración a portazo limpio, harto del seleccionador; sin Borisa Simanic, que ha acabado perdiendo un riñón en este Mundial fruto de un fuerte golpe que se llevó en el partido frente a Sudán del Sur; esta Serbia, con estas y otras ausencias, está en la final después de haberle sacado chispas a sus virtudes, empezando por un Bogdan Bogdanovic excelente y muy bien gestionado por su seleccionador: 23 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias, pudiendo jugar menos de 30 minutos, con un amplio descanso en el tercer cuarto antes de rematar al conjunto canadiense en los minutos finales, cuando amenazaban otra remontada.
La otra cara del arbitraje
Porque Canadá ha comenzado el último cuarto con 12 puntos de desventaja, como ante España en el último partido de la liguilla de segunda fase. Pero por un lado, el ataque serbio ha sido mucho más dinámico e incisivo que lo que fue el español en aquel partido, con Aleksa Avramovic y Bogdan Bogdanovic como finos estiletes, y además, Canadá ha recibido el injusto pago a su paso por este Mundial en forma de factura cobrada a base de personales.
Tanto la selección española como Eslovenia en el partido de cuartos de final se quejaron de la dureza canadiense y la permisividad arbitral, que no dejan de ser pataletas de mal perdedor, en resumidas cuentas. Lo cierto es que la ausencia de árbitros de Euroliga en este Mundial está afectando muchísimo en el buen gobierno de los partidos, con unos tríos arbitrales no muy bien avenidos que hacen gala de una disparidad e irregularidad en sus criterios ciertamente chirriantes. El panameño Julio Anaya, presente también en este duelo de semifinales, es uno de los árbitros que mayor controversia han causado en ese sentido.
Y lo cierto es que este viernes Canadá no ha tenido la pòsibilidad de defender con la misma contundencia que ante España o Eslovenia. Se dirá que ante estos dos ganaron por su excesiva dureza, y nada más lejos de la realidad; se dirá que los dirigidos por el catalán Jordi Fernández no han sabido adecuarse a estas semifinales, pero eso compete más a su rival.
Ahora bien, ver que tres de sus mejores defensores como Luguentz Dort, Kelly Olynyk y Dillon Brooks –expulsado con una descalificante por abrir la bocaza en los cuartos de final ante Eslovenia– se han cargado de faltas en la primera mitad no le ha hecho ningún bien al combinado norteamericano. Con los mismos árbitros aplicando un criterio mucho más restrictivo a la hora de defender, Canadá no ha podido explotar su fuerte defensa perimetral, y ante eso Serbia se ha escapado 52-39 al descanso, con Bogdanovic y Avramovic mandando en el exterior y Milutinov en la pintura.
El remate
«¡Aquí no se raja nadie! ¡Vamos a defender todos juntos!», ha bramado el técnico ayudante de Jordi Fernández, Nate Bjorkgren, en la segunda mitad. Y por momentos ha podido parecer que Canadá asomaba el hocico y le echaba el aliento al cogote a una Serbia que ha aguantado buena parte del tercer asalto sin Bogdanovic, con el firme propósito de Svetislav Pesic de tener a su estrella lo más descansada posible.
Sin embargo, Canadá no ha logrado acercarse a menos de siete puntos nunca y en cuanto ha regresado Bogdanovic, los de Svetislav Pesic han puesto la directa. Pese a perder 17 balones ante la defensa presionante norteamericana, el cuadro «plavi» ha firmado un 9 de 20 en triples, un 27 de 38 en tiros de dos –la friolera de un 71% de efectividad– con los 16 puntos de Ognjen Dobric como inesperada arma secreta y Marko Guduric ametrallando desde la larga distancia, amén de conquistar 10 rebotes más –33 a 23– que su rival.
Demasiados condicionantes para Canadá, que tendrá que pelear por la medalla de bronce, mientras que Serbia luchará por el oro a pesar de ser un equipo más temible por sus ausencias que por la mayoría de sus actuales jugadores.