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Berlín, la última sede en la que el Baskonia jugó la Final Four, corona al rey de la Euroliga

Por un lado, el Real Madrid y Olympiacos repiten el viernes en semifinales la final que hace un año sonrió al cuadro merengue. Por el otro, un renacido Panathinaikos regresa a una Final Four por primera vez desde 2012 y de la mano de Ergin Ataman, ameneza a Fenerbahçe y a quien se le ponga delante.

El habitual pelotón de fusilamiento de jugadores y técnicos de la previa de una Final Four de la Euroliga. (@EUROLEAGUE)

¡Qué duro será vivir la Final Four de la Euroliga en Berlín sin Saski Baskonia! Era el 13 de mayo de 2016 y el Mercedes-Benz Arena de la capital alemana estaba plagada de aficionados de un Fenerbahçe sideral, frente a un Saski Baskonia diezmado por las lesiones de Shengelia y Causeur, pero con los «locos bajitos» Darius Adams y Mike James, Davis Bertans, Adam Hanga o Kim Tillie, todos ellos «apadrinados» por Ioannis Bourousis, que en su canto del cisne hizo su mejor temporada.

¡Qué cerca estuvo aquel Saski Baskonia de volver a una final de la Euroliga! ¡Cuánto dolió el tiro libre errado por Adams con 70-72 a falta de medio minuto, para que acto seguido Sloukas empatase a 72 y Adams errase un triple para ir a la prórroga! El tiempo extra fue un ejercicio de impotencia, un parcial de 16-5 en el que Bogdan Bogdanovic y Sloukas sumieron en la depresión a los gasteiztarras, los mismos que pocos minutos antes lograron silenciar de raíz a la hinchada del «Fener».

Han pasado ocho años, pero el recuerdo sigue vivo, porque hazañas como alcanzar la Final Four de la Euroliga ya parecen cosa de otro tiempo y otro mundo. Y sin embargo, los rivales son todos bien conocidos: Fenerbahçe, que repite, aunque ahora ya tiene una Euroliga en su palmarés; el Real Madrid, el vigente campeón y verdugo del Baskonia en cuartos de final, luego de derrotar el año pasado a Olympiacos en la finalísima tras la enésima «mandarina» ganadora de Sergi Llull; Panathinaikos, el penúltimo milagro de Ergin Ataman, capaz de recoger un equipo deprimido y a la deriva y devolverla una mentalidad de campeón que no conocía desde los tiempo de Zeljko Obradovic; Olympiacos, que viene a reclamar lo que el año pasado dejó que se le escurriera de entre los dedos, después de superar al Barça en el Palau Blaugrana en el desempate.

Serán esos cuatro equipos los que, en el rebautizado Uber Arena, diriman la Euroliga 2023/24. Las semifinales están servidas, desde luego: Panathinaikos contra Fenerbahçe a las 18.00 por un  lado y, por el otro, el Real Madrid frente a Olympiacos las 21.00, en una «revancha descafeinada» de la finalísima del año pasado.

Como suele ser habitual en estos casos, cuanto más «señorial» es el club, menos gente desplaza. Por ende, un Real Madrid supuestamente favorito ha desplazado a la capital alemana no más de 500 aficionados, aunque espera poder movilizar a más gente si consigue acceder por tercer año consecutivo a la final de la Euroliga. Por más que movilicen los pupilos de Chus Mateo, el ruido y el ambiente estarán asegurados con los fans de Fenerbahçe, Panathinaikos y Olympiacos, que no dudarán no solo animar a su equipo, sino también al adversario de su eterno rival, montando un guirigay como en la Final Four de Berlín 2009, cuando la afición del PAO se rió en la cara de Olympiacos, al animar al Barça en la final de consolación como si se disputara el título, mientras que los hinchas del Pireo animaron en la finalísima al conjunto moscovita, pero se tuvieron que ir con las ganas porque el último triple del CSKA de Moscú, no entró y se certificó el triunfo de los «verdes» del PAO.

Favoritismo esquivo

En cuanto al juego mostrado por los cuatro equipos en la Fase Regular y en los play-offs, el Real Madrid parte con la vitola de favorito, pese a los requiebros de Chus Mateo a este respecto. «La palabra 'favorito' es más para los aficionados y para las casas de apuestas. Para nosotros no significa nada, nada. Tenemos muchos jugadores que cuentan con experiencia en la Final a Cuatro y que saben lo que pasa si te crees mejor que los demás. Es un error estúpido y sabemos que no somos el mejor equipo entre los cuatro que estamos aquí», ha señalado el técnico merengue.

Pero lo cierto es que ha ganado 27 partidos de Fase Regular y ha sido el único capaz de imponerse por 3-0 en su cruce de cuartos, barriendo a Saski Baskonia y mostrándose mentalmente fuerte en cuanto han tenido problemas. Es cierto que la ausencia de Gaby Deck por lesión ha trastocado sus planes, pero dentro de la gravedad de la ausencia del argentino, Alberto Abalde ha dado un paso adelante en la rotación, al tiempo que los Campazzo, Hezonja, Tavares, Musa, o Poirier no debieran tener miedo a nadie ni a nada, menos aún con la «guardia de corps» que conforman Sergi llull y Rudy Fernández, curtidos en miles de batallas y que, aunque su físico esté ya en un claro declive, son capaces de dar minutos de calidad para apuntalar o incluso decidir cualquier partido.

Por si acaso, Chus Mateo ha querido curarse en salud. «El viernes tenemos un gran partido contra otro equipo con corazón de campeón como es el Olympiacos, al que respetamos mucho. Tienen caballeros en la pista y en el banquillo. Sabemos que para levantar de nuevo el trofeo tenemos que ganar primero a un oponente que es sensacional. Es de lo único de lo que hablamos en el vestuario», ha dicho.

El Olympiacos de Georgios Bartzokas –entrenador de aquel electrizante Lokomotiv Kuban de Krasnodar en la Final Four de 2016– es la principal sorpresa de la campaña, aunque esta suponga su tercera Final Four seguida. Sin Vezenkov, en la NBA, ni Sloukas, en el PAO, los del Pireo han construido un juego aguerrido, fiel a sus principios que los llevó a la gloria en 2012 y 2013. Quizá tenga el juego interior que mejor le pueda hacer frente al Real mkadrid con Moustapha Fall, Petrusev y Milutinov, viejos rockeros que se las saben todas como Papanikolau y Luke Sikma, jugadores muy motivados como el exmadridista Nigels Williams-Goss, Isaiah Caanan o el exbaskonista Alec Peters, y físico por arrobas con los Mitou-Long, Mckissic, Brazdeikis y Walkup.

«El secreto es que tenemos jugadores con empatía que respetan el escudo que llevan. Aunque perdimos jugadores importantes, el equipo sigue aquí. Tenemos personas que pueden transferir la mentalidad del club. Estoy muy contento de haberlo conseguido», ha indicado como claves el técnico Bartzokas, mientras que Kostas Papanikolau indica que «el Real Madrid es el equipo mas fuerte este año, pero no significa que sean imbatibles. Cada equipo tiene las mismas opciones de ganar el título. Será cuestión de pequeños detalles y algo de suerte, que también importa en el deporte. El pasado queda atrás».

El enemigo de mi enemigo

Ya a la llegada de su hotel en Berlín, Ergin Ataman tuvo sus más y sus menos con la hinchada de Fenerbahçe. Ya en la Final Four de Gasteiz 2019 el técnico otomano las tuvo tiesas con la hinchada del «Fener» que fue, con mucho, la más numerosa en las gradas del Buesa Arena. Ataman es un punky en el demasiadas veces protocolario y encorsetado baloncesto de la Euroliga. Así alcanzó la cima con Efes cuando a su llegada los expertos se reían abiertamente de su vaticinio de «hacer campeón» al conjunto otomano, y así se le teme hoy.

Porque el seleccionador turco ya no entrena a Anadolu Efes, pero el técnico de Panathinaikos sigue siendo genio y figura. Ha reflotado a un Panathinaikos que ha sobrevivido a una durísima eliminatoria contra el Maccabi, con amenazas y cruces de declaraciones en el lote, logrando meter por primera vez al cuadro ehelno en una Final four desde su presencia en 2012.

Y si Ergin Ataman es el «enemigo», luego está en «traidor» Sloukas, que dio el salto de Olympiacos a PAO, con su glorioso pasado además en Fenerbahçe. «Tomé una decisión difícil, pero estoy contento de haber fichado por Panathinaikos. El PAO se merece estar en el lugar mas alto del baloncesto europeo y doce años sin estar en la Final Four ha sido mucho tiempo», ha indicado el base heleno, un jugador que hace de la personalidad su forma de ser.

Enfrente estará un Saras Jasikevicius que sabe lo que es ganar la Euroliga con la camiseta de Panathinaikos, precisamente en Berlín 2009, pero ahora está de traje, luego de haber reflotado un proyecto que con Dimitris Itoudis no ha terminado de cuajar. Los gualdinegros superaron apuradísimamente al AS Mónaco en la prórroga del del desempate, con dos triples de Nick Calathes, algo harto improbable en cualquier quiniela.

En ese sentido, el alero Nigel hayes-Davis ha apuntado en la previa el porqué de esta recuperación de un «Fener» que ha pasado por momentos bien oscuros esta misma campaña, a pesar de terminar alcanzando una Final Four por primera vez desde 2019. «El entrenador nos ha dado la confianza. En los partidos, los pequeños debates pesan. Te acuerdas de los rebotes que podías haber cogido. Esta es mi segunda F4, pero en esta tengo un papel más importante y cuando llegue el partido quiero dar mi mejor nivel».

El ganador se lo lleva todo. Pero antes de la finalísima del domingo a las 20.00, a las 17.00 habrá que pasar el mal trago de la final de consolación, un partido que nadie quiere jugar y a nadie consuela, pero que las obligaciones monetarias y organizativas fuerzan a mantener. Solo puede quedar uno.