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La voz de las mujeres se hace oír en un mundo de hombres

Una docena de voces autorizadas disertó sobre la realidad y los retos de la mujer en el fútbol en el Congreso She Leads celebrado el viernes en el Reale Arena de Donostia, con el que se levantó el telón de la octava edición de la Tximist Cup.

La presidenta de la Liga F, Beatriz Álvarez Mesa, durante su exposición. (Andoni CANELLADA | FOKU)

La Tximist Cup arrancó el viernes con la principal novedad de esta octava edición. El Congreso «She Leads» reunió en el Reale Arena a una docena de voces autorizadas, que disertaron sobre la realidad de las mujeres en el fútbol.

Fue «voz», precisamente, el concepto sobre el que pivotó en buena medida el acto. La voz de las exjugadoras, entrenadoras, directivas, emprendedoras, que hablaron sobre sus experiencias en un mundo no solo masculinizado sino también, todavía, profundamente machista. La voz de las mujeres que se va oyendo con más fuerza conforme pasa el tiempo y por el empuje de protagonistas como las que se reunieron en Donostia. También de cada vez más hombres, con los que «debemos crear un lenguaje conjunto».

«En la India, las mujeres no tienen voz», lamenta Radha Kumari. «Las mujeres no preguntan», le dijo su madre cuando era niña y su vida estaba a punto de cambiar gracias al fútbol.

Empoderamiento

Aintzane Encinas, fundadora y presidenta de la Tximist Cup y de la Fundación Tximist, recordaba que el objetivo de ambos es la promoción del fútbol femenino y la conquista de la igualdad en el deporte, convirtiendo este en una herramienta para el empoderamiento de niñas y mujeres y en un motor de cambio social. Y ningún ejemplo mejor que el de Kumari, hija de un país «donde el nacimiento de un hijo se celebra con alegría y el de una hija no se celebra». En el que a los 15 años ya tienen un matrimonio concertado esperando, «una vida preparada que quizá ellas no quieren vivir».

«En la India las mujeres no tienen voz», lamenta Radha Kumari, cuya vida cambió con el fútbol y que ahora intenta mejorar la de otras niñas compartiendo su experiencia

«Mis hermanas se casaron con 16 y 19 años», confirmó la propia Kumari, a la que el deporte salvó de un destino que no quería. Era una niña cuando, pese a los recelos de su familia, empezó a jugar a fútbol y tuvo la fortuna de venir a disputar la Donosti Cup. «Era la primera vez que salía de la India y conocí otro mundo. Vi que mi vida podía ser distinta» y se decidió a que así fuera.

No fue fácil porque procede de una familia y una región muy humildes, pero una beca de Mondragon Unibertsitatea le permitió regresar y estudió Empresariales en Bilbo. Y paralelamente, ha abierto su experiencia a mujeres de diferentes países a través de Vaani Football, que no por casualidad significa «voz». «He estado en Berlín, en Colombia, en Corea del Sur... Creamos comunidades con mujeres que quieren jugar a fútbol y no tienen la posibilidad de hacerlo». También en la India, donde ha conseguido «cambiar la mentalidad de mis padres e intento ir cambiando la de mi comunidad. Cada vez hay más familias que aceptan que sus hijas jueguen a fútbol y estudien», subraya Kumari, todavía una veinteañera, que sueña con «completar mis estudios y trabajar para mejorar la vida de las niñas por medio del fútbol y la formación».

Pioneras

Bastante más cerca, hace ya algún tiempo, fueron otras mujeres las que consiguieron que el fútbol haya evolucionado hasta alcanzar la situación actual.

La directora deportiva de la Real Sociedad, Garbiñe Etxeberria, recordó sus inicios en el fútbol playero hace cuatro décadas, las primeras competiciones oficiales o la creación de la sección femenina de la Real, que supuso un hito para el fútbol guipuzcoano, hoy en día estructurado en una pirámide que «ofrece a las niñas una escalera completa» desde que dan los primeros toques al balón en Multikirolak y las escuelas de fútbol con menos de doce años. Un trabajo desde la base, reflejado en los éxitos en categorías superiores y en una cantera que crece de año en año. «Tenemos 4.200 licencias. Somos la envidia a nivel estatal», destacaba.

La directora deportiva de la Real, Garbiñe Etxeberria, se dirige a la sala. (Andoni CANELLADA/FOKU)

Como Etxeberria, Beatriz Álvarez Mesa empezó a jugar a fútbol «cuando no era un deporte de niñas». Después, como tantas otras, «dejé de jugar cuando me licencié porque tenía que trabajar y era incompatible con los horarios». Pero siguió en el fútbol, montando una escuela de fútbol –«lo más bonito que he hecho en mi vida», asegura–, presidiendo el Oviedo Moderno, participando en la creación de la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino –embrión de la actual Liga profesional–, encabezando la Dirección General de Deportes del Principado de Asturias y, desde hace dos años, presidiendo la Liga F.

Territorio hostil

Un puesto para el que no podía tener mejores credenciales, pese lo que su nombre tardó en aparecer. «¿Por qué? Porque las mujeres somos invisibles». Por eso se toma como algo personal que, además de todo lo que implica la organización de una competición profesional, la Liga F tenga «un impacto y sea una referencia». «Y que dé ejemplo: 26 de los 30 trabajadores son mujeres. No es algo forzado. Vienen muchas a los procesos de selección porque ven que hay una institución en el fútbol con las puertas abiertas a las mujeres».

En Gipuzkoa hay 4.200 licencias femeninas. Y las niñas pueden acceder a una escalera completa desde el deporte escolar hasta la elite, destacó Garbiñe Etxeberria

Y es que la gestión sigue siendo territorio hostil. Como recordaba Eli Sarasola, en Estados Unidos en 2015 había más CEO llamados John que mujeres, cuando las mujeres eran el 50,8% de la población y los hombres llamados John apenas un 3%. La situación ha mejorado pero sigue claramente desequilibrada. Más aún en sectores como el fútbol y no solo en la dirección, sino también en las estructuras deportivas, los banquillos o los cuerpos médicos. Una desigualdad que afecta a las futbolistas. «A mí nunca me preguntaron si  tenía problemas con la menstruación, no se tenían en cuenta las diferencias biomecánicas de las mujeres, se establecían niveles de grasa incompatibles con la salud de las mujeres...», recordaba Ainara Manterola, exjugadora y fundadora del centro Zuhegan.

«Tampoco hablamos nunca de la menstruación en los cursillos de entrenadores en Suiza, ni de ninguna otra especificidad», corroboraba Marina Radulovic, responsable de Desarrollo de Fútbol Femenino de la FIFA, que lamenta que «la preparación no solo esté enfocada a hombres sino para entrenadores de equipos masculinos», aunque cree que «el avance es imparable. Hay que trabajar y tener paciencia pero no dejamos de avanzar».

«La preparación no solo ha estado enfocada a hombres, sino a hombres que van a entrenar equipos masculinos, aunque por fortuna todo está cambiando poco a poco», explica Marina Radulovic

Lo ha vivido en primera persona Dafne Triviño, que llegó a la dirección deportiva de Alavés Gloriosas hace siete años y hoy se siente «una más» en el club albiazul. «Cuando opino, cuando hay que tomar una decisión, siento que lo que digo tiene valor, que quitamos el apellido ‘femenino’ y hablamos de fútbol a secas, que participo de decisiones importantes. Que se oye mi voz». Lo que exigen, en definitiva, todas las mujeres, que su voz no desentone en el fútbol, que también es suyo.