INFO

De la favela al Bolshói: un sueño al alcance de la juventud brasileña

En el Complexo do Alemão de Río de Janeiro, compuesto por 15 favelas, decenas de niños y niñas sueñan con entrar en la Escuela Bolshói de Brasil. Hay 40 plazas y un equipo recorre el país para detectarlos. Sus historias muestran cómo el ballet puede cambiar vidas.

Ce navigateur ne prend pas en charge l'élément vidéo.


En un modesto local del Complexo do Alemão, un denso conjunto de favelas de Río de Janeiro con gran presencia de bandas criminales, niños y adolescentes entrenan con una idea fija: entrar en la Escuela Bolshói de Brasil. El objetivo es difícil, pero no imposible: hay 40 plazas disponibles para el nuevo curso en la sede de Joinville, en el sur del país, la única filial del famoso ballet fuera de Rusia.

Cada año, un equipo recorre Brasil en busca de talentos. «Uno de los trabajos más importantes que tiene el Bolshói, incluso está en el ADN del Bolshói, es buscar y dar oportunidad a esos talentos que muchas veces no tienen la menor posibilidad de llegar a la escuela en Joinville», explica Sylvana Albuquerque, responsable de la selección.

En estas calles, donde es habitual ver personas armadas, el ballet aparece como un camino para mejorar la vida de los niños y de sus familias. «La transformación de vida de estas familias fue muy impactante. Tengo una de las madres que, tan pronto como durmió por primera vez en Joinville, me llamó a las ocho de la mañana diciendo ‘Ellen, desperté con el sonido de pajaritos y no de disparos’», cuenta Ellen Serra, fundadora de ViDançar, el proyecto que enseña ballet en el Complexo do Alemão.

La criba es estricta. En Río audicionaron 142 niñas y 8 niños de una docena de proyectos sociales; pasaron 12, entre ellos Ana Luara Abreu. Ese paso le permite afrontar la prueba final por una de las 40 plazas. «Mi sueño es salir del Alemão y representar a Brasil, ser reconocida como una bailarina profesional. Ese es mi sueño», dice. Víctor Santana da Silva, de 9 años, también fue seleccionado. Empezó hace poco más de un año, tras pasar por la gimnasia artística, y su vocación se consolidó al conocer a Luis Fernando Rego, de 24 años, que creció en el Complexo do Alemão y hoy baila en el Dance Theatre of Harlem, en Nueva York. «Quiero hacerlo todo bonito. Y esforzarme mucho, porque quiero llegar a donde está Luiz Fernando», afirma Víctor.

La historia de Rego —que comenzó a los 12 años en ViDançar, superó prejuicios y acoso y logró una plaza en el Bolshói de Joinville— es ejemplo y esperanza. «Me despierto todos los días pensando en ellos, en los niños del proyecto ViDançar, pensando en el Bolshói. Ellos son mi razón de estar aquí. Les estoy agradecido y pienso en eso todos los días. Ellos son la razón por la cual siempre estoy con una sonrisa», dice.

La Escuela Bolshói ofrece becas completas gracias al apoyo del gobierno local y aportes privados. Hoy, tres de cada cuatro de los casi 500 egresados trabajan como bailarines profesionales en 26 países.