El arancel europeo al carbono arrastra al resto de los productores mundiales
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la UE ya está alterando las políticas climáticas del resto de los productores globales. Esta herramienta busca garantizar que los productores extranjeros paguen un coste por el carbono similar al que abonan las empresas europeas.
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El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) de la UE, conocido como el «arancel al carbono», ha entrado en vigor con la llegada de 2026, pero está teniendo impacto en el resto de productores mundiales desde antes incluso del cambio de año.
Según han declarado a AFP varios expertos, esta medida, que pretende garantizar que los productores extranjeros paguen un coste por el carbono similar al que abonan las firmas europeas en virtud del sistema interno de comercio de emisiones del bloque, está contribuyendo a remodelar políticas climáticas más allá de los límites comunitarios. Y es que los importadores de productos con alto contenido de carbono, como el acero, el aluminio y los fertilizantes, deben declarar las emisiones de CO₂ incorporadas en sus productos y pagar un impuesto si superan las normas de la UE.
Algunos competidores afirman que esta política restringe el comercio y favorece a los fabricantes europeos. Sin embargo, la UE sostiene que fomenta prácticas más ecológicas, pues los países pueden evitar el pago del impuesto imponiendo un precio equivalente al carbono a la producción nacional. «La fijación de precios al carbono es algo que debemos perseguir con el mayor número posible de países y lo antes posible», afirmó el comisario de Clima de la UE, Wopke Hoekstra, en las negociaciones climáticas de la ONU celebradas en noviembre.
Cambio claro
Aurora D’Aprile, que estudió la respuesta global al CBAM para la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones, con sede en Suiza, explica que se había producido «un claro cambio en la reacción» durante los últimos doce meses. «Varios socios comerciales clave de la UE alteraron sus sistemas de fijación de precios del carbono, o pusieron en marcha sistemas de comercio de emisiones tras muchos años de preparación», indica a AFP.
Otros, como Japón, citaron específicamente el CBAM en su razonamiento para promover sus propias políticas, según Nicolas Berghmans, investigador sobre clima y energía del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales. Algunos países, como Reino Unido y Canadá, también están considerando la posibilidad de establecer sus propios mecanismos, siguiendo el modelo europeo.
Aunque el mecanismo también tiene detractores, claro. Rusia argumenta que el CBAM incumple las normas del comercio mundial y ha remitido su oposición a la Organización Mundial del Comercio. China y otras economías emergentes han criticado lo que consideran una «medida comercial unilateral» y han logrado que el tema esté en la agenda de las negociaciones de la COP30.
Pero las críticas «no significan que no se estén tomando medidas en materia de cumplimiento o adaptación», apunta D’Aprile. Agrega que Pekín mantiene una presión diplomática sobre el CBAM al tiempo que se asegura de estar preparada para adaptarse y cumplir con los cambios.
Entonces, ¿puede la UE cantar victoria? Georg Zachmann, especialista en políticas energéticas y climáticas del think tank Bruegel, cree que el CBAM podría considerarse «un éxito político para la UE». Sin embargo, valora que a largo plazo hay que ver cuántos países imponen sus propios sistemas en respuesta a esta medida y cuál es su eficacia.
D'Aprile coincide en ser cautelosa antes de que la UE haya aplicado los «complejos» últimos pasos del régimen de impuestos. Y Berghmans señala que sigue existiendo «un gran reto» en cuanto a la forma en que los diferentes regímenes de fijación de precios del carbono podrían interactuar en los próximos años. «Tendremos que apoyar el progreso con un importante esfuerzo diplomático», indica.