Bota de Oro, 750.000 euros
Umar Sadiq ya no es jugador de la Real Sociedad. Se marcha al Valencia por una cantidad que según diversos medios llega a lo sumo a 5 millones de euros, una cuarta parte de lo que se pagó por él. Era la solución menos mala para un fichaje que se salda como un rotundo fiasco.
Todo eran risas cuando a principios de la campaña 2022-23 Jokin Aperribay daba lectura a los posibles pagos que la Real tendría que hacer al Almería en caso de cumplirse diversas variables, en el marco del fichaje de Umar Sadiq. Un millón de euros si se ganaba la Liga, 750.000 si era Bota de Oro o si se llegaba a semis de la Champions, medio millón si era Pichichi. En total eran hasta 5 kilos, a sumar a los 20 fijos que había que desembolsar. El fichaje más caro de la historia blanquiazul.
Todo eran risas porque pagar esas variables era una utopía, y en el improbable caso de que alguna se cumpliera los beneficios iban a compensar con creces. Sadiq venía de tres campañas viendo puerta con facilidad, una en el Partizán de Belgrado y dos en el Almería, con el que había logrado el ascenso. De hecho, en los tres primeros partidos en Primera había anotado dos dianas, lo que terminó de convencer a la Real, que le birló su ariete a un rival con el campeonato en marcha.
El hombre que llegaba para sustituir a Isak era un futbolista peculiar, un buscavidas desgarbado, un rematador para un equipo de carácter asociativo, pelotero. Pero tenía gol, y eso no tiene precio. Lo demostró ante el Atlético de Madrid en su estreno, con un remate muy suyo, a medio camino entre el hombro y su cabeza vendada. Poco académico pero efectivo. Por desgracia, una semana después, en Getafe, se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha. Fue el principio del fin.
No pudo regresar hasta la siguiente temporada. La Real le esperó, había apostado fuerte por él. Fue uno de los motivos por los que no se fichó a un Sorloth que había cubierto su ausencia como cedido. Pero el Sadiq que regresó era un jugador torpe con el balón en los pies, con dificultades para no caerse y que vivía en permanente fuera de juego. Parecía un hermano gemelo malo que no jugaría ni en 3ª RFEF.
Posiblemente el problema fuera mental, porque se puede estar en mejor o peor forma, pero uno no se olvida de jugar de un día para otro. Sumando diferentes competiciones, en la 2023-24 tuvo minutos en 36 partidos y anotó únicamente tres dianas. Los remates rocambolescos que antes acababan en la red ahora pegaban en el palo o se marchaban fuera. La guinda llegó en la semifinal copera ante el Mallorca, cuando falló varias ocasiones claras. Ahí se rompió el amor definitivamente.
A partir de ese momento, durante una temporada y media que incluyó varios meses de cesión en Valencia –5 goles en 16 partidos–, estaba claro que su futuro estaba lejos de Donostia. Su actitud tampoco ha ayudado a hacerse querer. A falta de solución buena para la Real, había que tomar la menos mala. Recuperar lo que se pudiera, liberar una ficha y eliminar un elemento distorsionador.
No tenía muchas novias, pero afortunadamente en Valencia ofreció un buen rendimiento, los chés están necesitados en lo deportivo y su hucha no está para grandes dispendios. En verano quisieron aprovecharse de la necesidad de la Real de quitárselo de encima, pero al final han pesado más sus propias urgencias.
Sin paños calientes, su fichaje ha sido un sonoro fiasco, en lo económico y en lo deportivo. Dos escuetas líneas le han bastado a la Real esta pasada noche para confirmar el traspaso y añadir el corta-pega «agradeciendo» los servicios prestados. Firma con los de Mestalla hasta junio de 2028. Con lo que nos hubiera gustado pagar medio millón por ser Pichichi. O los 750.00 por la Bota de Oro.
P.D. - En el hipotético caso de que la Real baje a Segunda, que no creo, no será por los goles que Sadiq pueda meter con el Valencia, sino porque lo ha hecho tan horrorosamente mal que ha sido incapaz de encontrar tres equipos peores. Y entonces esta venta sería el menor de sus errores.