«Trump no es una amenaza solo para Colombia, es para todos»
María José Pizarro, hija del histórico guerrillero del M-19 Carlos Pizarro, a quien mataron tan solo un mes después de firmar la paz en 1990, fue quien colocó la banda presidencial a Gustavo Petro en 2022. Ha visitado Euskal Herria como jefa de campaña del candidato presidencial Iván Cepeda.
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En la entrevista que concedió a este medio en mayo de 2022 poco antes de la victoria de Gustavo Petro, afirmó que esas elecciones podían «cambiar la historia de Colombia». ¿En qué sentido lo han hecho?
Hacemos un balance positivo de estos cuatro años. El cambio se percibe de muy diversas maneras. Contingentes inmensos de la población que nunca habían sido mirados, atendidos y que no hacían parte de la gobernanza hoy son parte de la relación con el Gobierno.
Hoy, la economía popular, muy ligada a la informalidad y a la subsistencia, forma parte de las discusiones de la banca, que nunca antes había hablado de economía popular. Hemos pasado de un modelo extractivista a un modelo productivo y hemos logrado cambiar la dependencia del carbón y del petróleo. La agricultura es uno de los sectores de mayor crecimiento y en términos de exportaciones, tenemos el porcentaje más alto de las tres últimas décadas.
«El peligro no es solo Abelardo de la Espriella. A mí él me tiene sin cuidado. El peligro son las fuerzas de ultraderecha fascistas que están en ascenso en Colombia y en otras naciones del mundo»
Hemos formalizado 1,6 millones de hectáreas y hemos entregado 800.000 hectáreas, no mediante expropiaciones, sino comprando las tierras a los terratenientes y entregándoselas a los campesinos. El año pasado recibimos 7 millones de turistas, lo que implica turistas extranjeros que quieren conocer la biodiversidad étnica, cultural y natural de Colombia.
Casi tres millones de personas han salido de la pobreza y de la pobreza extrema. Hoy, cualquier joven puede estudiar gratis en una universidad pública, hemos construido universidades en territorios alejados... Y, ante todo, ha habido un cambio de relato.
¿Y qué se ha dejado por hacer?
Las políticas de inclusión de las mujeres siguen siendo una de las deudas pendientes en un país patriarcal y machista como el nuestro. Hay algo en lo que sí tenemos que hacer una reflexión crítica, y es el cambio constante de carteras.
Habla de cambio de relato. ¿Qué supuso en ese sentido que fuera la hija de un insurgente quien colocara a Petro la banda presidencial?
Lo más importante es que mi padre, aparte de ser un comandante de la insurgencia en Colombia, fue un candidato presidencial asesinado 45 días después de firmar la paz y con altísimas probabilidades de llegar a la Casa de Nariño. Así que cuando puse a Petro la banda presidencial no lo hice solamente como hija de un hombre que estuvo en armas, sino como hija de un hombre que hizo la paz y que le otorgó a Colombia la posibilidad de la paz. A través de mí lo hicieron sectores inmensos de la población que han sufrido un genocidio político.
«Lo más importante es que mi padre, aparte de ser un comandante de la insurgencia en Colombia, fue un candidato presidencial asesinado 45 días después de firmar la paz y con altísimas probabilidades de llegar a la Casa de Nariño»
Y lo hizo una mujer, lo que en términos simbólicos es importante en Colombia. Recuerdo ese día como un antes y un después, el momento en el que la historia de Colombia definitivamente empezó a cambiar.
Ha formado parte del equipo negociador del Gobierno con el ELN. ¿Qué llevó a la suspensión de los diálogos?
El elemento esencial para hacer la paz es haber tomado la decisión de hacer la paz. El ELN aún no ha respondido a la pregunta que hice en la instalación del tercer ciclo: ¿Han tomado como organización política la decisión de hacer la paz? Lo que han demostrado en estos años a los colombianos es que no han tomado esa decisión.
El presidente ha dicho que estamos dispuestos a hablar con una organización que acoja los valores y los principios de Camilo Torres, quien en términos éticos e ideológicos contribuyó a la construcción del movimiento. Eso o eligen el camino de Pablo Escobar. La decisión es de ellos, no es nuestra.
¿Qué haría falta para poder reanudar el proceso?
Lo primero es que el ELN tome la decisión de hacer la paz y se lo demuestre a los colombianos. No a nosotros, no a los sectores progresistas ni al Gobierno de turno. Que demuestre a los colombianos que está dispuesto a transitar el camino hacia la paz y a dejar de contribuir con una cuota de sangre a la sociedad colombiana, que no se lo merece. Nosotros no vamos a proscribir la palabra paz y vamos a seguir trabajando en la paz.
«El ELN aún no ha respondido a la pregunta que hice en la instalación del tercer ciclo de diálogos: ¿Tomaron como organización política la decisión de hacer la paz? Lo que han demostrado en estos años a los colombianos es que no han tomado esa decisión»
Somos un país que tiene 60 años de conflicto armado. La búsqueda de la paz debe ser siempre una premisa para una sociedad que ha estado por décadas inmersa en la violencia. Así que vamos a seguir insistiendo en la paz. Pero también se requiere que las organizaciones de distinta índole y origen tomen las decisiones y les cumplan a los colombianos. La discusión no es con nosotros solamente. Yo creo más en la paz social.
Una de las promesas electorales del presidente fue «la paz total». Tras los procesos fallidos, ¿qué balance hace?
Cuando uno habla de paz total es ambicioso. Yo creo más en un modelo de paz integral, que entiendo era el principio sobre el cual se trabajaba. Pero hoy no tenemos el balance más positivo. Sin embargo, hay cosas en las que se ha avanzado. Por ejemplo, las mesas de diálogo urbanas.
En Buenaventura, una ciudad portuaria muy importante del Pacífico, disminuyeron los asesinatos cuando avanzaron los diálogos urbanos. Lo mismo podemos decir del Chocó y de Medellín. En las comunidades en las que se han desarrollado este tipo de diálogos ha mejorado la seguridad.
No puedes hacer diálogos de paz con una organización y desconocer que en ese mismo territorio hay una disputa territorial entre organizaciones. Así que, por supuesto, aunque sea ambicioso, sentar en una mesa a distintas estructuras armadas es importante, porque en últimas lo que buscamos es proteger a la sociedad.
Pero lo que no podemos aceptar es que organizaciones que han perdido completamente su carácter político e ideológico estén golpeando a las comunidades mientras negocian con nosotros. Eso no lo podemos permitir. Ni tampoco podemos permitir en el interior de nuestras filas una alianza perversa entre estructuras armadas y el Ejército.
El 31 de mayo, Colombia elegirá nuevo presidente. ¿Cómo afrontan la campaña electoral en este contexto geopolítico marcado por Trump?
Lo primero que debemos tener claro es que la amenaza de Trump no es la de una persona delirante que toma decisiones según cómo se despierte. Es una decisión estratégica del Gobierno de Estados Unidos que está plasmada en la Estrategia de Seguridad, publicada en noviembre. En ese documento dicen claramente que no van a aceptar que ninguna nación del mundo cuestione la hegemonía de EEUU.
«Es cierto que han triunfado gobiernos de derecha en Chile, Bolivia o Honduras, pero desde México, Colombia y Brasil vamos a seguir trabajando de manera mancomunada para lograr que ese equilibrio y ese péndulo no se vaya hacia la ultraderecha»
O sea, todas las naciones del hemisferio occidental deberíamos estar preocupadas: los ataques a Nigeria, el atentado contra el presidente Burkina Faso, Venezuela, el hecho de que se amenace de manera directa a un presidente y se le incluya en la ‘lista Clinton’ como ha hecho con Gustavo Petro, incluido de manera absolutamente falaz en una lista de narcotraficantes cuando por décadas ha luchado contra el narcotráfico. Ha aumentado de manera indiscriminada los aranceles a Brasil por las decisiones jurídicas en contra de Bolsonaro. Está amenazando a la presidenta de México y a Groenlandia.
Si esos no son motivos suficientes para que reaccionen las fuerzas políticas y los pueblos, sencillamente no estamos entendiendo el momento que estamos viviendo. Trump no es una amenaza solo para Colombia, lo es para todos.
¿Cómo hacer frente a la más que previsible injerencia de Washington en las presidenciales de mayo?
Es un tema preocupante. Precisamente, esa es una de las razones de esta gira. Hemos venido a solicitar generosidad, acompañamiento y solidaridad. Vamos a hacer todo lo posible para que triunfe nuestro candidato, Iván Cepeda, pero sabemos que Abelardo de la Espriella es socio económico de Marco Rubio en Miami y pertenece a una generación de abogados que se ha dedicado a defender a narcotraficantes en Miami. De la Espriella podría recibir de manera soterrada ayuda de EEUU, bien sea económica o bien construyendo un estado de opinión. Exigimos que las elecciones se desarrollen de manera democrática, sin ningún tipo de injerencia.
Honduras, Chile, El Salvador, Ecuador, Bolivia, Argentina han girado a la derecha. ¿Teme que esta ola llegue al país?
Vamos a trabajar porque no sea así. Lo mismo deben hacer las fuerzas progresistas del mundo. Es el momento de una mayor integración latinoamericana.
Es cierto que han triunfado gobiernos de derecha en Chile, Bolivia o Honduras, pero desde México, Colombia y Brasil vamos a seguir trabajando de manera mancomunada para lograr que ese equilibrio y ese péndulo no se vaya hacia la ultraderecha. Estamos enfrentando el fascismo en el mundo y así tenemos que entenderlo.
¿Qué feedback ha recibido en esta gira por el Estado?
Desde el PSOE hasta EH Bildu, pasando por Comuns y Podemos, nos han expresado su solidaridad. Nos hemos reunido también con la colombianidad. Después de EEUU, el Estado español es el segundo país en el mundo que mayor número de colombianos acoge.
En Euskal Herria hemos superado a la población venezolana y marroquí; los migrantes y exiliados colombianos son casi 50.000. Esa conversación es necesaria y urgente.
¿Qué papel juega la diáspora colombiana en las elecciones?
Un papel fundamental. Hay ocho millones de colombianos fuera de Colombia. Bogotá tiene diez millones de habitantes. Hablamos de un número casi similar de colombianos en la diáspora. Así que nuestra conversación con ellos es obligatoria. Los colombianos en el exterior van a ser claves en el resultado electoral.
¿Qué supondría una eventual victoria del candidato de Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella?
El peligro no es solo Abelardo de la Espriella. A mí él me tiene sin cuidado. El peligro son las fuerzas de ultraderecha fascistas que están en ascenso en Colombia y en otras naciones del mundo. Tenemos que enfrentar a todas ellas, no solo a una persona concreta. Tenemos que hacer frente a un pensamiento que promete destripar a las fuerzas progresistas. No hemos sobrevivido a décadas de conflicto armado para que la democracia colombiana esté en peligro.