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Albaola restaurará el atunero Ozentziyo, «último mohicano» en el arte de la cacea

Casi tres meses después de la botadura de la nao San Juan, el museo reabre sus puertas con un nuevo proyecto para recuperar a lo largo de este año un barco con base en Donostia que sostuvo hasta 2015 un ancestral método de pesca.

Albaola restaurará el atunero Ozentziyo. (Jon URBE | FOKU)

Xabier Agote y su equipo de Albaola no son de los que se quedan quietos mucho tiempo. Tras la exitosa botadura en noviembre de la nao San Juan –con su correspondiente dosis de estrés–, cerraron las puertas de cara al público para tomarse un pequeño respiro y preparar su siguiente reto.

La fecha ha llegado, y el museo ubicado en Pasai San Pedro volverá a recibir visitas desde mañana mismo. En una comparecencia que ha tenido lugar este mediodía, Agote ha indicado que Albaola arranca con un proyecto «radicalmente diferente a lo que hemos estado haciendo los últimos años». De un ballenero que cruzó el Atlántico en el siglo XVI al último atunero con base en el puerto de Donostia, el Ozentziyo. De construir una réplica desde cero a restaurar una nave. 

El presidente del Albaola ha explicado que «la pesca del atún ha sido básica en la economía vasca, un arte ancestral del que hay datos que confirman que ya se practicaba en la época romana. Se pescaba con chalupas de vela de 10-12 metros, extendiendo unas cañas a ambos lados y de las que colgaban unos señuelos –llamados en euskara ‘malutak’–que se hacían con hojas de maíz e hilos de colores, ocultando un par de anzuelos».

Haca aproximadamente un siglo el motor sustituyó a la vela, pero los barcos de la costa vasca siguieron usando esa técnica, que en castellano se conoce como ‘cacea’. Posteriormente, los atuneros comenzaron a emplear la técnica del cebo vivo, que es la que se usa actualmente, pero «el Ozentziyo fue el último mohicano en mantener la técnica antigua».  

Salvado del desguace

Agote ha recordado que «en 2015, la familia Puerta, propietaria del Ozentziyo, se puso en contacto con nosotros para ver si podíamos salvar un barco que se iba al desguace. En ese momento nos venía muy mal, estábamos con el proyecto de la nao San Juan, pero fue muy importante la ayuda económica de la cooperativa de autobuses Irizar». Gracias a su aportación, el antiguo atunero se salvó de ser desmontado y olvidado.

Ahora, tras once años de espera, ha llegado su turno. Donde antes se encontraba el casco de la nao ballenera se alza ahora el del atunero, al que le han desmontado el puente, que descansa cerca al aire libre.

Sin querer fijar una fecha concreta, ha indicado que «nos dedicaremos a restaurarlo durante el próximo año, mientras rematamos el San Juan, ahora estamos con los mástiles». De hecho, al atravesar uno de los talleres para llegar a la sala de eventos se podía ver a los carpinteros trabajando en unos larguísimos troncos de madera. «Luego vendrán las anclas», ha apostillado.

La expectación que levantó la botadura del San Juan ha llevado a Xabier Agote a recordar que «cuando empezamos en Albaola no sabíamos qué respuesta íbamos a tener, pero vemos que el tema despierta interés y seguiremos trabajando para recuperar nuestro patrimonio marítimo».

Todo ello, ha destacado, con la colaboración de instituciones como el Gobierno de Lakua, la Diputación de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de Pasaia y la Autoridad Portuaria. En su representación han asistido, respectivamente, la consejera de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca, Amaia Barredo; la diputada general Eider Mendoza; el alcalde Teo Alberro; y la presidenta de la APP, Izaskun Goñi.

La aportación de una fundación inglesa

En este caso concreto se añade a la lista de entidades «la fundación inglesa County Hall Arts, a la que llamó la atención que en el puerto de Donostia no hubiera ningún barco tradicional, y al enterarse de este proyecto se sumaron. Espero que Donostia recupere esa identidad marítima y oceánica, que no se nos olvide de dónde venimos», ha deseado Agote, nacido en la capital.  

Los representantes institucionales han tomado la palabra para poner en valor el trabajo que hace Albaola para recuperar el patrimonio y la memoria, y que no se queden solo en los libros. La consejera Barredo ha apuntado además la importancia de la pesca como «pieza clave para el desarrollo económico y social de la costa vasca. Cuidar lo que fuimos es construir lo que seremos».  

También ha asistido y tomado la palabra Iñigo Puerta, hermano del que fuera armador de este atunero, Jesús Puerta, quien ha señalado que para la familia «es un día especial, no queríamos verlo en un desguace. Vamos a ver otra vez en el agua el Ozentziyo, que ha sido una casa, un refugio en el mar, una forma de ganarse el pan, un espejo de una forma de vida, y esta renovación es un homenaje a todas las mujeres y hombres que han trabajado en el mar».

En ese sentido, la diputada general Eider Mendoza ha subrayado que este buque, además de sus habituales tareas de pesca, también se utilizó para llevar a cabo labores de rescate de personas o para retirar chapapote cuando se produjo el derrame del petrolero Prestige a finales de 2002. «Es parte de nuestra identidad», ha sentenciado.