Van der Poel, ante el dilema del ciclocross
«No voy a competir en ciclocross para siempre. Tiene que haber un final y siempre he querido que sea en lo alto», declaró el neerlandés tras su octavo campeonato del mundo, dejando en el aire su continuidad para centrarse en los objetivos que le quedan por cumplir en el ciclismo en ruta.
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Después de proclamarse campeón del mundo de ciclocross el pasado 1 de febrero, Mathieu Van der Poel dejó en el aire su continuidad en la modalidad. «No voy a competir en ciclocross para siempre. Tiene que haber un final y siempre he querido que sea en lo alto», declaró el neerlandés. Y sí, dejaría el ciclocross en un momento muy alto; después de superar a Eric de Vlaeminck como el ciclista masculino con más títulos mundiales en la especialidad y de haber igualado las ocho medallas de oro de Marianne Vos. Además, lo haría habiendo ganado todas las carreras de ciclocross que ha disputado en los últimos dos años y demostrando un dominio absoluto de la especialidad. Porque Van der Poel toma la salida y durante la primera vuelta ya se sitúa en cabeza, pone un ritmo que no sigue ningún rival y cuando ha adquirido suficiente ventaja, empieza a administrar los esfuerzos. Sencillo y a la vez, muy atractivo para el espectador.
El impulso que sus actuaciones le han dado al ciclocross es indiscutible y su pasión por esta especialidad está más que comprobada. Este mismo invierno, confirmó su participación en la prueba de Benidorm a pocas horas del inicio, porque «la necesidad de competir era simplemente demasiado grande». Por eso sus declaraciones generaron cierta sorpresa, a pesar de que ya había hablado previamente sobre esta posibilidad. Días antes de proclamarse campeón del mundo en Hulst, reconoció al diario belga 'Het Nieuwsblad' que «el ciclocross sigue siendo mi especialidad preferida. Pero implica mucho y exige cada vez más energía. Quizás sin ciclocross en invierno podría prepararme mejor para la temporada de carretera».
Van der Poel entró en el ciclismo profesional de la mano del director Christoph Roodhooft, que construyó en equipo alrededor de su estrella. El Alpecin ha crecido a la par que Van der Poel, pero, a diferencia de su gran rival, Van Aert, que acostumbra a prolongar su temporada en carretera, muchas veces trabajando para compañeros del equipo Visma, el neerlandés siempre ha tenido libertad para competir en pruebas de ruta, de ciclocross, de mountain-bike o de gravel. Porque, puede que el ciclocross sea la modalidad preferida de Mathieu, pero hablamos de un ciclista que ha sido también campeón del mundo de gravel y de ruta y que, en los Juegos Olímpicos de Tokio, sorprendió al competir en la prueba de cross-country de mountain-bike.
Madurez ciclista
Una vez que ha logrado el récord de campeonatos del mundo de ciclocross, Van der Poel podría centrarse en los objetivos que le quedan por cumplir en el ciclismo en ruta. Una victoria más en Flandes le situaría, con 4, en solitario al frente del palmarés de la prueba y en Roubaix, le falta un solo triunfo para igualar los cuatro de Roger de Vlaeminck y Tom Boonen.
En su entrevista reciente con 'Het Niewsblad', Van der Poel declaraba que «la gente siempre se fija en Wout van Aert y en mí, que combinamos ciclocross y carretera, pero Tadej Pogacar no lo hace y es incluso mejor». La temporada pasada, el esloveno volvió a superarle en Flandes y le exigió mucho en Roubaix y San Remo. Van der Poel sabe que este año ocurrirá lo mismo y ese desafío supone una de sus mayores motivaciones, de la misma manera que supone uno de los mayores atractivos de la temporada ciclista.
Pero también existe un factor económico a la hora de valorar su continuidad en el ciclocross. Porque, aunque ha crecido mucho en los últimos años, sigue siendo una modalidad que no se aproxima al seguimiento que tiene el ciclismo en ruta. Las ganancias en premios acumuladas por Van der Poel a lo largo de esta temporada de ciclocross no llegan a los 100.000 euros, sin embargo, el contrato con el Alpecin le genera unos ingresos estimados en 4 millones de euros. Y no, el factor económico no determina el calendario de Van der Poel, pero sí ejerce una presión por parte de los patrocinadores del equipo, que siempre van a estar más interesados en una victoria de su estrella en San Remo, Flandes o Roubaix, que en el campeonato del mundo de ciclocross. Al fin y al cabo, son estas victorias las que rentabilizan su inversión. Ocurría en tiempos de Merckx y, mucho más, en tiempos del World Tour.
Esa es la realidad del ciclocross. La presencia de estrellas del ciclismo en ruta, como Van der Poel o Van Aert, le han permitido ganar en atención de los medios y en seguidores, pero al mismo tiempo, supone una amenaza permanente y podría provocar la ausencia del neerlandés. A sus recién cumplidos 31 años, Van der Poel empieza a encarar los años finales de su trayectoria profesional y también de su esplendor físico. Con el desafío de un Pogacar tres años más joven que él, se verá obligado a ir midiendo cada vez más los días de competición y en esa nueva ecuación, el ciclocross tiene las de perder. Las de ganar quedan para los aficionados, que todavía podremos disfrutar del fenómeno neerlandés durante unas cuantas temporadas más.