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Pinheiro Braathen, el alienígena brasileño-noruego que revienta el mundo del esquí

Nacido en Noruega, rompió con su país para competir con Brasil, donde vio la luz su madre. Ha ganado una histórica medalla de oro en los Juegos de Milán-Cortina, en la prueba de eslalon gigante, la primera para Latinoamérica en las Olimpiadas invernales.

Lucas Pinheiro Braathen, emocionado con su oro. (Dimitar Dilkoff | AFP)

Hacía falta Noruega para que Brasil –y Latinoamérica en general– pudiese ganar la primera medalla olímpica en unos Juegos invernales. Uno de los personajes más destacados de esta edición de Milán-Cortina, sin ninguna duda, ha sido Lucas Pinheiro Braathen, campeón en el eslalon gigante gracias a una prueba sobresaliente. 

Personaje dentro y fuera de las pistas, ha llevado además las riendas de su carrera con su decisión muy fuerte, incluso valiente: salir del equipo noruego para competir con el país de su madre a pesar de suponerle quedarse parado durante una temporada entera. 

Falta de motivaciones

Corría octubre de 2023 cuando Lucas Braathen, formidable esquiador noruego, anunciaba su retirada, sin fecha de vuelta, en una impactante rueda de prensa. Resultaba impensable para todo quien estaba a su alrededor, testigo de los éxitos de un chaval de 23 años, por aquel entonces ya ganador bajo bandera noruega en cinco pruebas de la Copa del Mundo de esquí en cinco pistas distintas: Solden, Wengen, Val d'Isère, Alta Badia y Adelboden. 

Números y hazañas dignas de un grandísimo especialista, en el eslalon gigante y en el eslalon especial. Ágil y poderoso como una pantera, Lucas Braathen había ganado en aquel mismo 2023 la Copa del Mundo del Eslalon Gigante, acabando cuarto en la clasificación general dominada por el ‘monstruo’ Marco Odermatt, el suizo quinta esencia de la polivalencia. 

Había algo más profundo que no cuadraba con la situación de Braathen: una ruptura con el equipo de Noruega, con lo cual había competido desde siempre, desde cuando afirmaba con apenas 8 años que iba a ser «el mejor del mundo». 

Problemas con los sponsors, presiones y en general una profunda crisis personal; mejor parar, tomar aire, buscar otro tipo de inspiración, ayudado por la familia sobre todo, a pesar de que su padre y su madre se hubiesen separado cuando él tenía 3 años. «Tengo que alejarme un poco del esquí, he perdido todas mis motivaciones para continuar», dijo en aquella rueda de prensa, antes de abrir un paréntesis. 

Sumido en una crisis motivacional, encontró su vía de fuga en abrazar la otra mitad de su sangre: Brasil, un contexto radicalmente diferente al habitual del esquí

 

Clave su madre, Alessandra Pinheiro: brasileña, al otro lado del mundo y del mapa no solamente con respecto a Escandinavia, en relación al esquí en general. En São Paulo, ciudad de los Pinheiro, nadie conocía la nieve. Sin embargo la única vía de fuga para Lucas, nacido en Oslo, sería escaparse de su país de origen y abrazar la otra mitad de su sangre: Brasil. 

Ya no podía contar con las estructuras poderosísimas de Noruega (líder absoluto en cuanto a medallas en los Juegos Olímpicos invernales) y ello quizás le supondría dar la espalda a la gloria. Se reinició a sí mismo apenas con un puñado de amigos, colaboradores, entrenadores y el padre, también, que iba a asumir el grandísimo cambio de su hijo: no solamente competir con Brasil, sino con otro nombre, Lucas Pinheiro Braathen. 

Gestión inteligente para triunfar

A aquello le siguió una temporada entera fuera de las competiciones. Pero el talento, a Lucas, no se le había escapado. Un talento que iba casi a remolque del personaje, un chaval extrovertido, DJ en algunas fiestas, diseñador de ropa tanto masculina como femenina, las uñas pintadas, participaciones en desfiles como modelo... 

Imagen divertida del campeón olímpico en una reciente prueba en Finlandia. (Roni Rekomaa | AFP)

Extravagancias, o simplemente maneras de ser fuera del contexto-esquí, que lo llevarían incluso a la revista ‘Vogue’, la biblia de la moda mundial, vistiendo vestidos ‘de mujer’ sin ningún tipo de problema. «Soy una persona creativa, quiero demostrar que es posible enseñar su propia personalidad. Siento que este es mi papel», ha subrayado en esa entrevista con ‘Vogue’.

«Ahora puedo juntar mi manera de ser atleta con mis pasiones. Quiero dejar huellas y ser recordado como alguien que ha sabido mantenerse fiel a sí mismo. Mi objetivo más grande es dejar un deporte con más atención a la diversidad», tiene dicho.

Ha posado en ‘Vogue’ con vestidos ‘de mujer’, se pinta las uñas, diseña ropa, es DJ... «Mi objetivo más grande es dejar un deporte con más atención a la diversidad»  

 

En estos Juegos de Milán-Cortina, cómo no, también ha dejado una huella, inolvidable. El pasado sábado, saliendo con el peto número uno, ha dominado la prueba de eslalon gigante. Veni, vidi, vici: más de un segundo de ventaja en la primera tanda, gestión inteligente en la segunda. Su principal rival, Odermatt, ha quedado a 58 décimas de segundo, confirmando su ‘maldición’ en estos Juegos, donde no ha conseguido ningún triunfo y solamente dos platas y un bronce.

Oro claro y merecido para Lucas Pinheiro Braathen, primera medalla para Brasil y para Latinoamérica en toda la historia de los Juegos invernales, un evento donde resultaba casi imposible imaginarse algo parecido para Brasil, o Argentina, o Chile o cualquiera otra nación del entorno. Algo que lo ha convertido de inmediato en uno de los deportistas más importantes en la historia del país. 

Exultante tras su victoria en Milán-Cortina. (Fabrice COFFRINI | AFP)

Justo después de su victoria, otro regalo: una llamada con el ídolo de su infancia, el italiano Alberto Tomba, uno que sabe ganar oros olímpicos en la misma disciplina (Calgary 1988). «Gracias leyenda, gracias por todo», las palabras de Lucas entre lágrimas. Tomba como Pinheiro Braathen, un alienígena venido de la ciudad para reventar un contexto demasiado ‘tranquilo’, frío como su propia ambientación.

La noticia del oro de Lucas en la pista de Bormio, en los Juegos de Milán-Cortina, casi ha eclipsado la verdadera noticia que cada brasileño espera estos días: el inicio del carnaval de Rio de Janeiro. Sin embargo, merecía la pena.