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Punto De Vista hace pastelillos de barro

El Festival Internacional de Cine Documental de Nafarroa, Punto de Vista, reivindica el potencial fílmico del juego, aunque su imaginación sacia poco y resulta algo menos que subversiva.

Fotograma de ‘Nuestro cuerpo es una estrella que se expande’. (PUNTO DE VISTA)

El agua y la arena erigen castillos, pero en Iruñea estos no sobrepasan el palmo o los merlones blandos salidos de un molde infantil. Ninguna de las películas que este miércoles configuran los programas de Sección Oficial trasciende lo esperable de sus fórmulas. En el caso de ‘Nuestro cuerpo es una estrella que se expande’, dirigido por les hermanes Semillites Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco, las imágenes que la pareja nos regala son tan caras (excepcionales, pero también queridas) que las abrazamos en su inmanencia, por simpatía pura. Se trata de un fanzine cinematográfico sobre los descartes revaluados de dos existencias marginales, la de Tania lacrada por la condición racial y la de Semillites por su condición de género no binario.

Sus vivencias se narran en la doble distancia que abre ya el primer plano de la película, al invocar un descomunal paisaje desértico, una salina a vista de pájaro, por donde pasean dos figuras o puntitos oscuros que asimismo nos murmuran al oído desde la voz en off. Les cineastas dibujan así las líneas de banda de su propuesta: poética, ‘Nuestro cuerpo es una estrella que se expande’ se escribirá en los espacios intermedios que deja la metáfora, en las relaciones que sólo imaginamos, y de ahí no saldrá. En efecto, brincamos por entre retazos gustosos que ilustran, ríen y fabulan sobre los grumos de dolor y goce de una experiencia trans en sentido amplio. Hay performance, collage y hasta un resabiado plano desde el interior del sistema digestivo (¿cuántos hemos contado en años recientes?). Pero sobre todo hay disfrute y agencia; con ello me basto.

Resulta más difícil, en cambio, olvidar las faltas y excesos que vienen con los juegos del Programa 5. Para empezar, ‘Coroa de Espinhos’ de Francisco Moura Relvas es una ficción, porque se expresa en términos ficcionales, aunque sus protagonistas sean actores naturales y el relato tenga un ánimo buscadamente fantasmagórico. Conocemos de sobras los códigos ‘lyncheanos’, así como el parentesco punk festival-friendly de esta metáfora fantástica chic sobre la gentrificación del barrio de Fontainhas en Porto… Lo cual no nos ahorra la intensidad artificiosa de un misterio vago, más fascinado por sus formas que por la realidad humana que moviliza.

Parecido a la inocencia de ‘Nuestro cuerpo es una estrella que se expande’ es el ejercicio de Sarah Vanagt en ‘Wishful Filming’ (algo como ‘filmación deseosa’). La cineasta propone a trabajadores de la construcción de Bruselas que escondan notas para futuras generaciones entre baldosas y adoquines, y así, espigando además instantáneas de pegatinas y grafitis feministas y anticoloniales, cose una película hecha de microtransgresiones urbanísticas. El ánimo bebe de la herencia de Varda, el gesto también, y no dudo de lo bonito del proyecto. Pero la insistencia en volcarse sobre los operarios mientras escriben resulta en una película accidentalmente entrometida y a en definitiva sobre-explicada, donde lo dicho es lo doblemente visto.

Entre el hambre y el hartazgo nos lleva ‘Sin ton ni son’ de Víctor Ladera, hermanada con el vacío ambiguo y real, sin duda, que descansa en el centro de ‘Aftersun’ de Lluís Galter. Explica la hoja de sala que la gracia de estas vacaciones intrigantes, acompasadas por una misma canción antigua montada en bucle, pasa porque no están montadas a posterior. De no saberlo, encontraría un compendio de vistas que arrancan en el contraste irónico entre los no-lugares y los no-tiempos alrededor de un idilio vacacional (aeropuertos y espaldas quemándose en la piscina), muy en la línea de Berio Molina con su fantástica ‘Radio Cu-Cu’. Pero a la práctica reconozco –y me consume, minuto a minuto– un postalero que cumple exactamente con lo que promete: la nada más absurda, ni el ton ni el son. Pero para qué. Quizás yo sí necesite unas vacaciones.