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Didier Deschamps se retira con un palmarés brillante y una frustración

El día que terminan las fiestas de Baiona, el que seguramente es su ciudadano más ilustre, Didier Deschamps, abandona el cargo de seleccionador francés. Lo hace con un palmarés impresionante, en el que destaca el Mundial de 2018, pero con la frustración de haber caído en las semifinales en este.

Deschamps, en el partido mundialista entre Francia e Inglaterra. (Chandan KHANNA | AFP)

«He querido mantener a la selección francesa en lo más alto. No hay nada más bonito. He defendido esta camiseta durante 25 años, es algo maravilloso», así se despidió Didier Deschamps (Baiona, 1968) de su etapa al frente del banquillo de ‘Les Bleus’. Lo hizo con una derrota ante Inglaterra en un partido que nadie quería jugar, pero que resultó ser un gran espectáculo. 

El técnico lapurtarra cogió el equipo en 2012 y, en este periodo, ha logrado ser campeón del mundo en 2018, subcampeón en Qatar 2022 y finalista de la Eurocopa en 2016. Un palmarés difícil de igualar, sin duda, pero que no ha logrado cerrar con un broche de oro en la cita desarrollada entre México, Canadá y EEUU.

Junto a Xabi Alonso, Deschamps es el futbolista vasco más laureado de la historia. Como jugador, entre 1985 y 2001 logró 16 títulos, destacando dos Champions League, primero con el Olympique de Marsella (1993) y luego con la Juventus (1996). Con la selección francesa, el mediocentro de Baiona ejerció de capitán y fue campeón en el Mundial de 1998 y en la Eurocopa de 2000. En el tramo final de su carrera tuvo un breve paso por el fútbol inglés, en el Chelsea que este año entrenará precisamente Xabi Alonso, donde amplió sus vitrinas antes de colgar las botas en el Valencia.

La resistencia, la disciplina y el pragmatismo han definido su carrera, tanto en el césped como en los banquillos. Era el jugador perfecto para mantener las líneas y un gran recuperador. Esos valores, indispensables en un bloque competitivo, contrastan, sin embargo, con el talento o el brillo que a menudo se le exige a la primera línea del fútbol profesional. Cuando Deschamps ganaba, estas virtudes se elogiaban; cuando sus equipos perdían, se convertían en el flanco de ataque de sus detractores.

Entre estos destacó siempre Eric Cantona, con quien Deschamps ha mantenido disputas que llegaron hasta los juzgados. En 1996, tras ser apartado de la selección a cuenta de su agresión a un hincha en Inglaterra, Cantona calificó despectivamente a Deschamps de «portador de agua», señalando que carecía de visión y que su única función era pasarle la pelota a los jugadores con verdadero talento. ‘Puedes encontrar jugadores como él en cada esquina', remachó. Décadas más tarde, le acusaría de sesgo racial por no convocar a Karim Benzema y Hatem Ben Arfa tras un grave problema disciplinario en el vestuario. En aquella ocasión, el propio Deschamps denunció a Cantona ante los tribunales, aunque el caso no prosperó.

De una u otra manera, esas críticas se han ido reproduciendo a diferentes niveles. Para terminar con los clanes, descartó a grandes jugadores, lo que propició un cambio de dinámica positiva. Pero eso se ha ido agotando. La austeridad técnica y la priorización de la estructura sobre la genialidad individual no son siempre fáciles de combinar. Sobre todo si cuentas con un combinado de estrellas de la talla de Kylian Mbappé, Michael Olise y Ousmane Dembélé.

En su despedida, Mbappé le dedicó un mensaje de reconocimiento a través de sus redes: «Hoy es tu último baile. Tú que nos has dado tanto. Deberíamos haberte dado un mejor final, pero fallamos», escribió el capitán de la selección francesa. El delantero destacó el legado del técnico bayonés: «Has sido un pilar fundamental en la renovación de este equipo. La gente no siempre ha apreciado tu grandeza, pero el tiempo y la historia se encargarán de ello».

Deschamps, cuya madre falleció a comienzos del campeonato –lo que le obligó a regresar momentáneamente a Baiona–, ha afirmado que se tomará un tiempo para dedicarlo a la familia antes de definir su futuro, aunque su intención es seguir ligado al fútbol: «No me voy a convertir en pastelero, ni en político. Seguiré vinculado al fútbol; hay diferentes posibilidades», sentenció.