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El legendario Montmartre espera al nuevo Van Aert

Por segundo año consecutivo, Montmartre se convierte en el punto decisivo para la etapa final del Tour. El año pasado Van Aert consiguió batir a Pogacar subiendo Rue Lepic. Este año, la organización ha retrasado el paso por la colina para dar una última oportunidad a los sprinters. 

Tadej Pogacar, con el maillot amarillo, seguido por Wout Van Aert, vencedor el año pasado en la etapa que coronó el legendario Montmartre. (Loic VENANCE | AFP)

Cuando en otoño del año pasado se publicó el recorrido del Tour 2026 no sorprendió ver incluido el paso por Montmartre en la última etapa con final en los Campos Elíseos. El éxito de público y el espectáculo ofrecido por los ciclistas el verano pasado habían dejado muy buen sabor de boca y era previsible que la organización quisiera volver a hacerles subir las cuestas empedradas que llevan al Sacré-Coeur.

Cuenta la leyenda que, un día de lluvia y barro, Napoleón quedó atascado con su caballo subiendo lo que era una colina de 130 metros de altitud, rodeada de huertos, viñedos y molinos a las afueras de París. Furioso, ordenó construir una vía que facilitara el trayecto. Sea una historia cierta o no, fue por esas fechas cuando se construyó la Rue Lepic como vía para ascender a Montmartre y pasaría a ocupar parte fundamental de un barrio que terminó convirtiéndose en refugió de obreros y artistas que huían de los alquileres imposibles de París. Sí, la gentrificación no es ningún invento moderno.

La reputación de Montmartre como barrio conflictivo vino acompañada de los burdeles y cabarets que fueron abriéndose, mientras sus calles y bares eran retratados por Degas, Monet, Van Gogh o Picasso, aunque serían los trabajos de Toulouse-Lautrec los que terminaron por definir la imagen del barrio, con dos elementos tan dispares como el Moulin Rouge y el Sacré-Coeur como postales más representativas. Después, la misma especulación inmobiliaria que había provocado su crecimiento, acabó también con el carácter bohemio del barrio y ha terminado convirtiéndolo en uno de los reclamos turísticos de la ciudad de París.

Durante años, el Sacré-Coeur ha sido testigo lejano del paso del Tour por la capital francesa. Desde lo alto de la colina recibía a miles de turistas que se acercaban al barrio, antes de bajar al centro de la ciudad y seguir el final de la carrera desde los Campos Elíseos. Porque, el Tour empezó terminando en el velódromo del Parque de los Príncipes o el de Cipale, pero, a partir de 1975, la organización incluyó una llegada más urbana con el final en los Campos Elíseos. En su estreno en la avenida parisina y en un tiempo de un capitalismo mucho más inocente que el actual, el presidente Giscard d’Estaing exigió que el maillot amarillo no luciera ninguna publicidad para aceptar entregárselo él mismo al vencedor de la prueba.

Los Campos Elíseos se convirtieron pronto en otra de las imágenes inseparables del Tour del Francia. En el día señalado por todos los sprinters. El que justificaba superar las etapas de montaña y caminar sobre el alambre del fuera de control. Godefroot, Maertens, Kelly, Abdoujaparov, Zabel, Cavendish o Philipsen dejaron su sello y agrandaron su prestigio ganando en la avenida más conocida de París. Y cuando se cumplían 50 años de la primera llegada a los Campos Elíseos, el Tour decidió incluir en el recorrido el paso por Montmartre, sacando a los sprinters de la ecuación.

De los JJOO al Tour

Realmente, esta colina se introdujo para los JJOO de 2024. Su comité organizador, obligado a buscar un trazado más selectivo que el que pone cierre al Tour, encontró en Montmartre un enclave perfecto para la prueba de ciclismo en ruta. El público respondió abarrotando tanto la subida por Rue Lepic, como el paso frente al Sacré-Coeur. Sus escaleras repletas de un público entregado, terminaron siendo una de las imágenes de los JJOO. Se convirtió en el punto decisivo de la prueba, tanto masculina, como femenina y crecieron las voces pidiendo que Montmartre se incluyera en el recorrido del Tour.

Un año después de su destierro a Niza, obligado por la celebración de los JJOO en la capital francesa, la organización del Tour programó un retorno a París con más atractivo e incluyó el paso por Montmartre. El resto fue cosa del público, Tadej Pogacar y un Van Aert estelar.
Sí, las victorias del belga generan una emoción diferente entre los aficionados. Tiene que ver con su explosividad, con la sensación de potencia que transmite con cada pedalada, pero también con que ha sido una de las mayores víctimas de la tiranía de Van der Poel y Pogacar. Por eso, el año pasado, después de un Tour en el que el esloveno respondió a todos los ataques de sus rivales y se marchó solo cuando consideró oportuno, ver que no era capaz de seguir la rueda de Van Aert subiendo Rue Lepic hizo saltar a los aficionados y acompañar cada pedalada del belga hasta la meta de los Campos Elíseos.

El éxito de aquella etapa fue rotundo y era evidente que este año repetirían paso por Montmartre. Pero la organización se ha apiadado de los sprinters y a retrasado el paso por la colina para darles más opciones de victoria. Si el año pasado 6km separaban Montmartre de la meta, este año serán 15km. Tal vez no sea suficiente para un sprinter puro como Philipsen, pero sí para quien prepara las llegadas en grupo. Van Aert brilló el año pasado en Montmarte y esta vez podría ser el momento de Van der Poel frente a un, de nuevo imbatible, Tadej Pogacar.