19 JUIN 2015 WHITE GOD La rebelión de los perros simboliza la división social Mikel INSAUSTI Sexto largometraje de Kornél Mundruczó, para muchos el mejor de todos. Fue el triunfador de la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, además de recibir el premio Eurimages en el Festival de Sevilla. El realizador húngaro ha cambiado totalmente de registro con respecto al cine de autor que venía practicando, al probar con el cine de género de una forma original y diferente. “White God” pertenece al fantástico cargado de simbología, y se le pueden buscar muchos referentes literarios y cinematográficos. Mundruczó afirma que se ha inspirado muy lejanamente en la novela “Desgracia”, de J.M. Coetze, pero su obra también tiene ecos de otros libros como “Rebelión en la granja”, de George Orwell, “Cujo”, de Stephen King, o “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle, todos ellos motivo de adaptaciones cinematográficas varias. Pero si hay una película a la que remite de forma clara es a “White Dog” (1981), de Samuel Fuller. Incluso juega con el título, como si se tratara de un palíndrome que se puede leer de las dos formas. Fuller presentó un perro de ataque entrenado por nazis con fines racistas, y la xenofobia también forma parte de “White God”, aunque prevalece más en definitiva la idea de la primacía del hombre sobre los animales, como si este se hubiera situado en la cima de la creación y de la evolución para tildarse a sí mismo de deidad. Pero lo que confiere una fuerza significativa a “White God” es que parte de una realidad burocrática, ya que en Hungría se grava a los dueños de perros de razas cruzadas con impuestos especiales, para así hacer que prevalezcan los perros de razas puras. Semejante muestra de segregación no es sino una traslación de la división social humana a los animales elegidos históricamente como sus mascotas domésticas. Por todo ello el planteamiento de una rebelión canina no parece descabellado, y ningún sitio mejor para su estallido que las calles de Budapest, que en la película de Mundruczó presentan un aspecto desolador y amenazante de corte apocalíptico. La presencia como protagonista de una niña preadolescente en su bicicleta le da a la narración un aire de cuento de hadas, que no tardará en revelar su lado oscuro y de inquietante thriller, que en su vertiente de amenaza animal ha sido comparado con “Los pájaros” (1963), de Alfred Hitchcock. Claro que el húngaro ha tenido que dirigir a doscientos perros, lo que da una idea de la dificultad técnica a la que se ha enfrentado. Hay sobre todo un gran trabajo de planificación visual, buscando siempre el impacto de las apariciones en escena del líder Hagen y los otros fugados de la perrera que le siguen a los sones de “La rapsodia húngara” de Liszt.