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IKUSMIRA

La verde luz de la memoria


En las fotos, Brigitte Reimann (1933-1973) tiene aire existencialista. Flequillo corto, cigarro en mano y mirada directa, debía de ser de esas mujeres que no eligen el camino más fácil. Vivió en la República Democrática Alemana y tuvo una vida intensa: cuatro matrimonios, un intento de suicidio, escribió sin descanso y disfrutó y sufrió siempre excesivamente hasta su prematura muerte de cáncer a los 39 años. La he descubierto por la edición de “La verde luz de las estepas” (Errata naturae), una crónica de su viaje, en octubre de 1964, a Kazajastán y Siberia. El momento histórico era clave, con una Unión Soviética en plan expansión colonizadora y cierto deshielo en el bloque soviético.

Intelectual comprometida con el socialismo, pero que también se atreve a cuestionarlo, la escritora es invitada a unirse a la delegación de la Comisión de Juventud del Comité Central enviada a visitar las «avanzadillas revolucionarias». Y, en lugar de quedarse en las cifras oficiales, opta por hablar de la gente con la que se encontró, lo que vio, hay crítica pero también refleja el entusiasmo de científicos y trabajadores, embarcados en la colonización colosal de tierras inhóspitas. Mientras, anda de líos con su marido por su relación a tres con otro... ¿Y qué es de su memoria? Lo sabido: que la historia la escriben los vencedores y no suele tener «color» femenino. Por eso plasmo mi reivindicación de Brigitte Reimann, frente a Capotes o Kapuscinskis, y que quede constancia para los restos en los medios de comunicación, incluido este, en los cuales encontrar a mujeres protagonistas cuesta lo suyo.