28 JUIN 2015 Copa del Mundo El «Apache» se tomó revancha Argentina se mete en semifinales desde los once metros, tras ser incapaz de marcar en 90 minutos ante una decepcionante Colombia. Joseba VIVANCO «Por suerte hice el penal, ¡porque tenía un cagazo...! ¡Estaba recontracagado!», respiró aliviado entre risas, como cuando uno llora de felicidad, el Pocho Lavezzi, el ariete del PSG francés, y es que tras 90 minutos de claro dominio ante una rácana Colombia, argentinos y ‘cafeteros’ se la jugaron a ‘penales’ en Viña del Mar. En juego el paso a semifinales, allá donde la albiceleste –cuyos jugadores llevaron brazalete negro en homenaje al padre de Diego Maradona fallecido la víspera– debía estar por obligación, porque si la ilógica del fútbol tiene en el fondo algo de cordura, deberá vérselas con su archirrival, Brasil, que anoche se las tenía con la siempre rocosa Paraguay. ¿Cómo no estar en la antesala de una final cuando la verdeamarelha espera? Había que estar en semis y Argentina estará, aunque fuera a base de desfibriladores. «Argentina vino a Chile para romper la historia. Y eso requiere que en el mazo de las virtudes aparezcan todas las cartas: fútbol, coraje, temperamento, inteligencia, entrega física, guiños del destino...», escribía Elías Perugino en su crónica del encuentro para el decano de la prensa deportiva sudamericana ‘‘El Gráfico’’. Y Argentina tiró de todo eso, porque por goles... no fue. «Es terrible lo que me cuesta meter un gol con la selección. Ante Colombia jugamos el mejor partido de la Copa, creamos situaciones por todos lados y por suerte pasamos en los penaltis. Lamentablemente el gol no se nos dio antes». Las palabras de un dios que también es humano, como si hubiera sido forjado por el mismísimo Zeus. La confesión de Leo Messi. Porque la estadística no engaña: en los últimos 8 partidos no amistosos del ‘10’ con su selección ha anotado un solo gol, y de penalti, y ha dado una asistencia, a su compañero Di María. De Ospina a Tévez Entre la falta de puntería y los antológicos paradones del arquero colombiano David Ospina –que se las verá en la portería del Arsenal con el flamante fichaje gunner Peter Cech–, Argentina se fue a los once metros. No hubo manera antes. Y eso que Colombia fue de lo peor de esta Copa América. Su técnico, argentino también, José Pekerman, debería aplicarse alguna vez el cuento de Pep Guardiola: «No hay nada más peligroso que no arriesgarse». A los suyos solo les sostuvo hasta el final su portero Ospina. Ospina y el defensor Murillo hicieron un partidazo. Pero luego uno no estuvo muy acertado en la tanda decisoria, y el otro falló su penalti. Colombia se va con un triste bagaje, cuatro partidos y un pírrico gol, pírrico porque fue el de la victoria ante Brasil en la fase de grupos pero que a la postre no ha tapado sus vergüenzas. Ni James, ni Falcao, ni Cuadrado... Al contrario que el Jefecito Mascherano o Leo Messi, abanderados de esta selección de Martino que puede haber encontrado su identidad, aunque tiene camino por recorrer, al menos en su juego. Pero no fue ni el uno ni el otro el ‘cardiólogo’ que sacó de la parada cardiorespiratoria a Argentina. 33 de los últimos 36 países que fallaron el primer penalti de una tanda, la perdieron. De ahí que la lógica sugiera que sean los especialistas los que ‘pateen’ primero. Pero el Tata decidió que entre los cinco elegidos no estuviera Carlitos. «Yo no lo puse a patear a Tévez por la eliminación de la otra vez –en la última Copa falló el decisivo ante Uruguay–. Dimos tantas vueltas que terminamos en él. Menos mal que lo hizo». Y es que entre errores y paradas, se llegó al séptimo lanzamiento para la albiceleste. Y ahí estaba él. El Apache, el que no tiembla. Dos de sus compañeros habían tenido el pase en sus botas, pero el pulso les traicionó a la hora de impactar la pelota. Todas las miradas en él. Argentina. Un instante. El Papa Begoglio no fue imparcial, por mucho que desear la desgracia de otro sea pecado. Aunque bien mirado, sea como una mentira piadosa. Ante 23.000 espectadores en directo, millones por televisión. Carlos, el hombre de la noche. Sí, Messi fue el mejor, 20 gambetas, 5 tiros al arco y 37 pases. Pero el penalti que daba el pase a semifinales fue la mejor celebración para el hombre que además ese mismo día volvía a casa, a Boca Juniors, desde la glamurosa Turín. Un esperado fichaje que los Bosteros hacían público en el descanso del partido. Tévez, el ‘jugador del pueblo’. Falló hace cuatro años y su país se quedó sin semifinales: ahora decidió el pleito. «El fútbol te da revancha», masculló luego. Marcó y esperó a la montaña de la felicidad de sus compañeros. Luego un simbólico abrazo entre él y Messi. «El mejor del mundo y el mejor del pueblo», dicen en Argentina. Vaya tango. Las semifinales están servidas A falta de conocer entrada esta madrugada el cuarto semifinalista, la antesala de la final está servida. Los argentinos seguro que no quitaron ojo al Brasil-Paraguay. De ahí saldrá su oponente del miércoles. Un epílogo anticipado, porque si en una Copa América cada partido es mucho más que fútbol, cada partido según el cruce se juega a vida o muerte, donde lo patrio y el honor se dirimen frente al vecino dentro de una cancha, qué decir de un Argentina-Brasil. Sin embargo, el país anfritrión solo tendrá ojos para su ‘Roja’, la primera, la original. Duelo ‘inca’ en la otra semifinal entre chilenos y peruanos. Los primeros llegan a esta fase 16 años después y con permiso del ‘dedo de Dios’, como alguien ya ha bautizado la provocación de Gonzalo Jara, quieren salir campeones por primera vez y ante su gente. El martes, el ‘clásico del Pacífico’, rivalidad dentro... y fuera, resabios de una guerra que enfrentó a ambos a finales del XIX.J.V.